ANEXO VIII.- Pueblos prehistóricos de la Península Ibérica



ANEXO VIII.- Pueblos prehistóricos de la Península Ibérica

Hemos considerado conveniente introducir un apartado a estos anexos con los pueblos prehistóricos de la denominada Península ibérica por los helenos, antes de analizar el apartado que trate de los estratos lingüísticos en relación con la lengua latina, y que entendemos que no sólo debe limitarse a la zona de la actual Cataluña y a todas las zonas de habla catalana, sino que debe extenderse por lo menos a todas sus zonas aledañas, en cuanto a los adstratos, que comprendería desde allende de los Pirineos, incluyendo toda la Occitania desde el Atlántico al Mediterráneo, hasta aquende de la Península, que incluiría el litoral levantino desde el Ródano al Mar Menor y todas las zonas interiores, las del valle del Ebro, limitado por la Cordillera pirenaica y el Sistema ibérico, y las de los  valles del Turia, Júcar y Segura.
Toda la zona indicada, no sólo se puede considerar como una unidad geográfica, sino también como un conjunto de etnias y pueblos que en diferentes épocas la poblaron y que en sus respectivos tiempos estuvieron física, lingüística y culturalmente interrelacionados.
Los pueblos prehistóricos preindoeuropeos peninsulares:
A).-Los antecesores de los pre-protovascos.
Los primeros pobladores de la Península fueron probablemente los pueblos antecesores de los pre-protovascos que debieron ya encontrarse en ella durante la última glaciación Würms del pleistoceno, correspondiente al final del paleolítico. Según algunos autores, basados en recientes estudios genómicos  los lejanos antecesores de los vascos actuales se pudieron separar del "pool" génico paneuropeo hace unos 8.000 años, antes del inicio del idioma protoindeuropeo, lo que hace suponer que esos lejanos ancestros de la población actual vasca, ya se encontraban habitando, allende y aquende de los Pirineos, en la última glaciación del pleistoceno, cuyo periodo glaciar transcurre desde 35.000 a 9.000 años, correspondiente a las culturas, Magdaleniense del Paleolítico Superior y Aziiliense, ésta ya en el epipaleolítico. Por otra parte hace unos 35.000 años que el Homo Sapiens llegó la Península, conviviendo unos 20.000 años con el Neanderthal hasta la extinción de éste.        
 Se conocen esos datos acerca de unos supuestos ancestros de los actuales vascos por investigaciones genómicas y no por los vestigios culturales que pudieran atribuírseles. Los actuales vascos parecen ser el vestigio viviente del único pueblo preindoeuropeo de Europa que no ha desaparecido y que todavía conserva íntegra la estructura de su lengua neolítica, es decir formada en el neolítico. Dicho pueblo empezó a conocerse por los romanos en el S.I d. C.
Al empezar el holoceno con el actual periodo postglaciar, hace unos diez mil años, se inició el neolítico en Oriente, sin embargo esa edad de piedra se inicio mucho más tarde en la península ibérica y posteriormente en la zona pirenaica. Hoy ya nadie discute que unos pueblos pre-indoeuropeos ocuparon la península Ibérica en la época glaciar.
 Según Theo Vennemann, Europa occidental y las islas británicas fueron invadidas por dichos pueblos procedentes de ambas vertientes de la Cordillera Pirenaica y de la Cornisa cantábrica peninsular, a través de Francia al terminar la última glaciación Würms y empezar el actual periodo postglaciar.
Desde el Neolítico de Europa occidental y del británico, hace unos 5.000 años, y tras la última recesión glaciar, diversos pueblos fueron asentándose en la Europa occidental, Britania e Irlanda. La primera invasión, hace unos 6.500 años, procedió de ambas vertientes pirenaicas y del norte peninsular.  (En la Britania gala se estableció en su parte occidental). Otras invasiones, invadiendo las mismas zonas, procedieron de la zona neolítica báltica y de la Alta Silesia, introduciendo la agricultura.
Movimientos migratorios que dieron lugar a poblaciones europeas relacionadas entre sí, lo que explica similitudes toponímicas en poblaciones actuales muy diferentes y muy distantes. Esa similitud lingüística se debe a relaciones de parentesco entre los citados pueblos occidentales que tuvieron que surgir de tener un mismo tronco común del árbol genético humano y del mismo tronco del árbol lingüístico, que por muy antiguos debían coincidir. (Lo que no ocurrió con las lenguas indoeuropeas). 
El movimiento migratorio que invadió Europa occidental y las islas británicas hace unos 6.100 años, realizada en el actual periodo postglaciar, iniciado hace unos diez mil años, procedió de la zona de las cordilleras pirenaicas y cantábricas de nuestra Península, de unos pueblos abrigados en las cuevas y valles de dicha zona, durante la edad del hielo del Paleolítico Superior.
La mencionada migración humana de dicha etnia se corresponde con la distribución homogénea en el área atlántica del haplogrupo R1b y de las variantes del haplogrupo H del ADN mitocondrial, transmitido ese último por vía femenina, y presentes ambos haplogrupos entre las actuales poblaciones vascas, irlandesas y británicas.
La época de la difusión del último haplogrupo por Europa occidental ocurrió a principios del Neolítico medio, hace aproximadamente unos 6100 a 5500 años.
Esa expansión genética está culturalmente asociada a la posterior expansión desde la citada península de la cultura del vaso campaniforme en el neolítico tardío hace unos 4800 años.
Durante la edad del hielo el casquete polar llegaba hasta el actual Canal de la Mancha. Y los Alpes, el Macizo central y los Pirineos estaban cubiertos por hielo perpetuo hasta un nivel de unos 1.000 m.s.n.m., lo que obligaba a los humanos y a los mamíferos a refugiarse en las cuevas de esas zonas frías.
La población paleolítica de las islas británicas desapareció y se              pobló de nuevo otra vez con seres humanos en el Neolítico de la zona europea atlántica, unos 3000 años después de iniciado el holoceno, y del Neolítico mesopotámico y egipciano.
En Cantabria se encuentra la Cueva de Altamira del arte rupestre paleolítico del norte de España, que abarca un total de 18 cavidades, y se conoce como Museo Nacional de Altamira por su importancia. En esa zona se han descubierto cerca de treinta cuevas de dicho arte y un total de más de 6.500 cuevas. En Asturias se conocen unas seis cuevas que fueron habitadas por humanos con vestigios de esa cultura y en las Vascongadas se encuentran cinco santuarios paleolíticos.
Recientemente se ha descubierto la importante cueva paleolítica de Armintxe en Lekeitio, de cultura magdaleniense. El arte rupestre vasco y navarro se aproximan mucho al del francés, apareciendo figuras de bisontes. En Navarra las cuevas de Urdax del Paleolítico Superior, llamadas de Ikaburu, son los yacimientos más importantes del Pirineo meridional; en Aragón solo se ha encontrado una cueva paleolítica en el Somontano de Barbastro.
En Cataluña se encontraron, en Serinyá, unas cuevas que fueron abrigo del Homo Neanderthal de cultura Musteriense, luego fueron ocupadas por seres humanos de otras edades quedando sus vestigios en varias etapas estratigráficas. 
En Francia, las cuevas de Lascaux, en Dordoña, son el mayor museo del arte prehistórico del Magdaleniense. En el Ardéche, en la cueva de Chauvet-Pont-d’Arc se encuentran las más antiguas pinturas rupestres de Francia.  En el Ariège se encuentran tres cuevas prehistóricas de cultura paleolítica: La Cueva de Niaux, la cueva de La Vache y la Gruta de Mas d’Azil. En el Macizo Central encontramos numerosas grutas en las gargantas fluviales de las mesetas calcáreas de Les Causses, surcadas por caudalosos ríos como el Tarn, Lot, la Dourbie o la Jonte, en los departamentos de Tarn, Aveyron y Gard.
Muchas de las numerosas cuevas de la cornisa cantábrica, de ambas vertientes del Pirineo, de los Cevennes y de todo el macizo Central fueron utilizadas como vivienda-refugio por el homo sapiens  en el Paleolítico Superior, coincidente con el último periodo  glacial, desarrollándose en dichas grutas la cultura Magdaleniense y la Aciliense, ésta última ya en el periodo epipaleolítico.
Parte de esa población de cuevas y grutas, inició un movimiento migratorio hacia el norte, unos tres mil años después del inicio del Holoceno, volviendo a repoblar Europa occidental, central y septentrional, en su franja costera atlántica e islas occidentales, Britania e Irlanda. A continuación de la ocupación de esas nuevas tierras y adaptación a las mismas por la nueva población, se inició en esas zonas el periodo Mesolítico y posteriormente el Neolítico, cuando las invadieron pueblos procedentes de la zona neolítica báltica y de la Alta Silesia, introduciendo la agricultura.    
Según la mencionada teoría el pueblo vasco actual sería un pueblo muy antiguo que ha conservado en su lengua el básico léxico arcaico y las características de una lengua pre-indoeuropea, siendo el único pueblo de origen pre-indoeuropeo de Europa que ha conservado su lengua arcaica con vestigios neolíticos. 
El vasco actual es la única lengua pre-indoeuropea del Neolítico, que se sigue hablando en Europa occidental como una reliquia lingüística, que convivió con otras lenguas pre-indoeuropeas como el íbero, cuya lengua se perdió. Tiene varios dialectos, pero en España el Gobierno vasco ha impulsado una lengua normalizada que es el llamado “euskera batua”, no apropiado para la investigación de los diferentes dialectos vascos.
Los yacimientos neolíticos más antiguos de la zona considerada, datan en torno al 5500 a. C., pero los pueblos antecesores pre-protovascos continuaron durante mucho tiempo con la cultura y actividades del Mesolítico, con el pastoreo de ganado, con la caza y con la recolección de plantas y frutos del bosque, antes de iniciarse en la agricultura, con retraso en esta actividad respecto a los íberos y a otros pueblos indoeuropeos peninsulares. 
En la zona pirenaica se inició con el pastoreo y la ganadería, en cuya zona la economía ganadera fue hasta hace poco tiempo el mayor sustento de su población. En vasco abere, aberats y aberastasun significan respectivamente ganado, rico y riqueza, donde aberastasun significa “mucho ganado”.  
La población vasca peninsular estuvo mucho tiempo en contacto con los pueblos íberos asentados en la mencionada cordillera pirenaica, intercambiándose numerosos adstratos, entre ellos la numeración. Por ser las lenguas íberas muertas y no conocerse muy bien, no se pueden constatar con plena seguridad su semejanza con los dialectos pre-protovascos, pero sin embargo tienen muchos vocablos comunes, como adstratos o, quizás, por proximidad filogenética de ambos grupos de lenguas.        
Las demás lenguas pre-indoeuropeas han desaparecido, tales como las de la Península itálica: la ligur, la etrusca y la rética del norte peninsular; las picenas, una etrusca y otra osco-umbra en el centro de la península; la sicana y la sícula en el sur y en Sicilia.
Las del ámbito heleno: la lemnia de la isla de Lemnos, la minoica (estructura lineal A) de Creta, la originaria Chipriota de Chipre.
De la Península anatólica: la hatica y la Hurrito-Urartiana, ésta última lengua presente en el Cáucaso. Todas ellas son hoy lenguas muertas.
Las lenguas hurrito-urartianas es un grupo de lenguas extintas, ambas habladas en Asia Menor y el Cáucaso. Son lenguas “aglutinanantes y ergativas”.
Una lengua aglutinante es aquella en la que las palabras se forman uniendo monemas independientes. Las palabras de este tipo de idiomas están constituidas por conjuntos de de lexemas y de afijos, cada uno con un significado referencial o gramatical bien definido.
Dichas lenguas ergativas-absolutivas contrastan con las nominativas-acusativas: en que el sujeto de un verbo transitivo es del caso ergativo, en tanto que el complemento directo de un verbo transitivo, así como el sujeto de un verbo intransitivo corresponden al caso absolutivo.
El vasco también es una lengua aglutinante y ergativa, características que le relacionan con alguna de esas lenguas caucásicas, quizás con la Hurrito-Urartiana, del Cáucaso nororiental, o con alguna de las caucásicas de Georgia.

 B).- Los íberos, el neo-vascoiberismo
En ambas vertientes de los Pirineos, quizás en la cornisa cantábrica, y probablemente en muchas zonas más estaban habitadas desde un remotísimo tiempo por una etnia o pueblo que a sí mismos se llamaban euskos o hablantes de su lengua  euskera, y luego por deformación de la raíz “eusk” de dicha lengua por el griego Estrabón, al servicio de Roma, pero escribiendo en griego, deformó el gentilicio propio de los “euskos”, probablemente por ser impronunciable en lengua helena, llamando vascones a los “euskos”, y de cuyo gentilicio derivó el vascuence para denominar al “euskera” que es como los “euskos” los llamaban a su lengua (en otro ensayo veremos y justificaremos cuanto decimos) 
 En todo caso ya nadie duda que tanto el protovasco como el íbero tuvieran lenguas ergativas y probablemente aglutinantes. Como mínimo fueron el resultado de un “sprachbund” o convergencia típica de un área lingüística. Además tienen muchas coincidencias, la numeración muy parecida, el mismo sistema de vocales, inexistencia de labiodentales sorda /f/ y sonora /v/, etc.
 Los iberos son un pueblo pre-indoeuropeo de un tronco humano muy próximo al del pueblo vasco. Llegaron a la Península probablemente desde el norte de África y tienen cierta relación con los pueblos bereberes. Tienen una lengua casi desconocida, pero se conocen sus alfabetos y con bastante aproximación su pronunciación fonética. Las lenguas íberas tuvieron muchos contactos con las variedades de las lenguas vascas, bien por intercambio de estratos o quizás por una relación filogenética muy próxima, pero difícil de precisar.  
El primero en apuntar esta posibilidad es Estrabón que, en el siglo I a. C. (es decir, cuando todavía se hablaba íbero en la Península), afirmaba que los íberos y los aquitanos eran similares físicamente y que hablaban lenguas parecidas.
La península ibérica, llamada así por los helenos, estuvo habitada por varios pueblos pre-indoeuropeos, entre ellos los diferentes pueblos ibéricos, relacionados entre sí por una koiné cultural más que por unas relaciones filogenéticas, indudables pero poco conocidas. Dicha koiné significaba que el conjunto de los pueblos íberos estaban abiertos a las diversas culturas mediterráneas, bien por contacto directo con los pueblos con los que comerciaban y establecían colonias en sus diversos territorios, o bien indirectamente con otros pueblos mediterráneos que también comerciaban con los pueblos colonizadores
 Dicha zona fue ocupada por pueblos íberos que hablaban similares lenguas y habían tenido contacto con las mismas civilizaciones y culturas orientales, como los fenicio-cartagineses y los griegos.
Otros pueblos, probablemente, visitaron o se establecieron en nuestra península, entre ellos los ligures prehistóricos, que han dejado muchos vestigios en la zona pirenaica, con el dígito intervocálico {sc}. En la cuenca del río la Durance existe el topónimo ligur “Benasc”, aquí, en la cuenca del Ésera, tenemos Benasque, que debe tener también un origen ligur, y hay muchos más topónimos ligures en la zona pirenaica. Alguna teoría relaciona los ligures con el vasco, en cualquier caso para mayor información véase: “Ligures en España” de Martín Almagro Basch.
Quizás otros pueblos, como el ilirio, pudieron visitarla.
Además los pueblos del litoral catalán pudieron tener relaciones directas o indirectas con otros pueblos prehistóricos, entre ellos los corsos, los sardos, y  los preindoeuropeos, sículos y sicanos sicilianos, por lo menos la tradición siciliana así lo cree con relación a su isla.
Sin embargo las invasiones más importantes y de mayor trascendencia en Europa occidental y sus islas fueron las de los pueblos celtas de la Edad del Hierro, de las culturas de Hallstatt, ambas de origen alpino. Una invasión protocelta de los “urnen felden” unos 1.300 a.C. Dos invasiones celtas de sus dos últimas etapas Hallstatt del Hierro, respectivamente de los años 750 y 600, y las etapas de La Tène que se extendieron por toda la actual Francia, y en particular la primera de ellas, por Irlanda y los Highlands de Escocia con los goidelos o gaeles, y la segunda por Bretaña (continental) y Britania (isleña), respectivamente con los bretones y britanos; apareciendo, los últimos en la isla a partir del siglo V a.C. 
Los celtas llegaron a la Península en las dos últimas etapas del bronce y trajeron la cultura de los campos de urnas (urnen felden) hacia el 1.300 a. C., fueron también las primeras dos etapas de la cultura de Hallstatt, (1300-750 a.C.) un asiento humano de la Edad de los metales situado en la actual región de Salzkammergut, en la Alta-Austria. Las dos siguientes etapas de dicha cultura (750-450 a.C.) corresponden a las dos primeras etapas de la Edad de Hierro, en cuya primera etapa continuó la expansión de la citada cultura funeraria de las urnen felden.
Sin solución de continuidad se desarrolló un segundo periodo de la Edad del Hierro en los Alpes galos en la localidad de La Tène (480-80 a.C.)
Todas las anteriores etapas corresponden a los movimientos migratorios de los celtas y expansión de los citados urnen felden y de la cultura del hierro.
Una primera invasión indoeuropea (celta) de las actuales tierras catalanas, relacionada con la cultura de los campos de urnas (urnen felden) tuvo lugar unos 1.300 a.C., tierras que como ya hemos visto ya estaban habitadas por los pueblos más antiguos que ocuparon no sólo Cataluña sino toda la Península.
Los ilergetes, muy relacionados con los vascitanos, dejaron muchos vestigios de dicha cultura de los “urnen felden”. Cultura que se extendió por todo el occidente y levante peninsular. Dicho movimiento migratorio coincidió con la primitiva etapa de bronce final de Hallstatt.
Continuaron luego las emigraciones celtas y la difusión de la cultura de los campos de urnas. Hacia el año 800 a. C llegó una nueva invasión celta en la que entraron los pelendones, entre otros pueblos celtas, estableciéndose en el sistema orográfico ibérico y desplazando de su lugar a los pueblos íberos, o mezclándose con ellos. Uno de los pueblos pelendones se asentó en la meseta nororiental, en la zona donde hoy se encuentran las ruinas de Numancia.
Hacia el año 600 a.C. llegó una gran invasión celta que se expandió por toda Europa y ocupó el poniente peninsular, que junto con la anterior invasión configuraron la distribución de unos pueblos denominados celtiberos que ocuparon una zona al sur del Ebro, en la cordillera del Sistema ibérico, conocida como Celtiberia. 
Los celtiberos de dicha zona fueron unos celtas, en estrecho contacto con los íberos y por ello iberizados, en el sentido de que a través de los íberos entraron en contacto con su cultura y con la civilización oriental. Algunos pueblos celtas también se unieron con los íberos. Se asentaron en partes de las actuales provincias de Burgos, Logroño, Soria, Zaragoza, Teruel, Cuenca y Valencia.
Sus principales pueblos fueron los arévacos, titos, bellos   vacceos, lusones, pelendones, carpetanos, lobetanos y olcades. Los núcleos de dichos pueblos fueron sus ciudades, tales como Numancia, uno de los pueblos pelendones.
Existieron otros pueblos considerados celtíberos, tanto en la Hispania Citerior como en la Ulterior, que por estar distantes de la zona de habla catalana no mencionamos.
La última invasión celta o gala fue de la última etapa de la Edad del Hierro II, de La Tène que se extendió por toda Francia, y por muchos más territorios, ocupando también ambas vertientes de la cordillera pirenaica. Emigración realizada entre los años 475 a 300 a. C., y su cultura se desarrollo desde los años 475 a 18 a.C.
En el período final de esta cultura del Hierro II, se desarrollaron los oppida en lugares altos, que constituían ciudades-fortalezas similares a las ciudadelas amuralladas. Estaban situadas cerca de un río para poder realizar labores agrícolas. Eran centros políticos y económicos. Dichos oppida terminaban en el sufijo “-dunun. (Ejemplo Bisoldunun, por Besalú).

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