ÚNICA ETIMOLOGÍA POSIBLE DE CATALUNYA Y DE SUS GENTILICIOS. OTROS ENSAYOS ETIMOLÓGICOS
ÚNICA ETIMOLOGÍA POSIBLE DE CATALUNYA Y DE SUS GENTILICIOS. Otros ensayos etimológicos.
i.- Etimología
de Catalunya y de sus gentilicios. ÚNICA ETIMOLOGÍA POSIBLE.
II.-ORIGEN OCCITANO-PROVENZAL DEL GENTILICIO “ESPAGNIOL”.
III.-otros ensayos Históricos y Lingüísticos relacionados
con los anteriores.
Nota 1ª: La Portada: Representación gráfica del temario del
Ensayo I
Índice
l.-
El nombre de Cataluña. Una incógnita todavía no resuelta.
II.-Necesidad
de encontrar un corónimo para los territorios de la Marca Hispánica.
III.-Declaración sobre Catalonia.
IV.-Validez
de los étimos catalanes de las crónicas pisanas del Liber Majolichinus. Única fuente
histórica escrita del corónimo y gentilicios catalanes.
V.-Catalaunia
o Catalonia como única etimología válida de Catalunya.
VI.-
Rigidez de la morfología gramátical latina.
VIIE.-Estudio
morfológico de los étimos latinos de dichas crónicas.
VIII.-Cuadro
Declinatorio de los étimos de las crónicas pisanas.
IX.-Relación
entre corónimos y gentilicios de las crónicas pisanas y los de una supuesta
etimología oral popular. Catalaunia como única etimología de las dos fuentes
históricas: la escrita y la oral.
X.-Correspondencia
de gentilicios latinos. EI pueblo “Catalaun”
XI.-Origen
etimológico sin significado de Catalunya.-Gentilicios condales.
XII.-Corónimos
exónimos y corónimos endónimos.
XIII.-Catalonia
como endónimo especial.
XIV.-Testimonios
escritos del corónimo de Catalonia.
XV.-Conjeturas
sobre el corónimo de Catalaunia. Análisis heurístico.
XVI.-
El Liber Majolichinus. Pre-existencia de étimos catalanes. Referencias
catalanas del Liber Majolichinus.
XVII.-Una
etimología popular o gótica: Estudio lingüístico y etimológico de *Gothalaundia
como supuesta etimología de Cataluña. Artificioso proceso lingüístico.
XVIII.-Objeciones
históricas a la etimología de *Gothelaunia como origen de Catalunya a través de
Catalaunia.
XIX.-Cataluña
cataláunica versus Cataluña gótica.
XX.-Invalidación
del origen de la etimología popular de Cathalaunia.
XXI.-Metodología
y heurística a seguir que nos permita investigar sobre los significados
posibles de Catalaunia, en el punto cognitivo en que nos lo dejó el rey y conde
Alfonso con su declaración sobre Catalonia.
XXII.-Etimologías bien trabadas pero desechables por no responder
lógicamente a las supuestas expectativas de dicho rey Alfonso II sobre el sentido
que se supone quiso darle al corónimo declarado.
XXIII.-Aplicación
del Postulado de Ockham al método histórico. Intento heurístico de
interpretación del corónimo Catalaunia.
XXIV.-Enfoque inicial conjetural o heurístico de un posterior estudio etimológico,
a partir de Catalaunia.
XXV.-Un
inciso aclaratorio: Población con derecho a la identidad goda.
XXVI.-Los
catalaunes de la Campania Gala versus los "catalans" hispánicos.
XXVII.-Etnia
diferente, zona diferente y pueblos diacrónicos.
XXVIII.-Homonimias.
Raíz común versus raíces independientes de Catalaunum y Catalaunia. Barcelona
y las Barcelonas, como ejemplo de topónimos dependientes.
XXIX.-Raíz
común de Catalaunum y Catalaunia, aún sin relación conceptual
alguna. Catalaunia como etimología final descarta cualquier otra
etimología. El adjetivo “catalaunicus”
como nexo de unión de los casales condales con los visigodos. Justificación del
corónimo elegido.
XXX.-Fuentes
históricas. Condiciones necesarias y convenientes que debía de cumplir en su
momento el Corónimo elegido Catalonia: fundamento épico y refuerzo de la
identidad goda.
XXXI.-Nexos
de unión en relación con las connotaciones y afinidades mostradas entre los
condes de la Marca y sus antecesores, los reyes visigodos protagonistas
principales en la Batalla de los Campos Cataláunicos.
XXXII.-
Vettus catalaunum. Los catalauni galli y los campi catalaunici.
XXXIII.-Cataláunicus
como gentilicio condal y Cataláunicus
como laureado título visigodo,
supuesto eslabón colateral de la cadena etimológica de Catalaunia. Relación y
connotación de dichos adjetivos y su plural catalaunici
con el sintagma adjetival “campi catalaunici” que dio nombre a la batalla más
importante del Medioevo, en detrimento de su significado original. Catalaunicus o Catalaunus como posible
etimología con significado de Cataluña.
XXXIV.-
Campi catalaunici versus Locus Mauriacus, otro posible lugar en donde
pudo librarse la batalla contra los hunos. Campi Gothorum.
XXXV.-Gentilicios
de Catalaunia y Catalaunum en latín francés y catalán.
XXXVI.-Necesidad
de un profundo estudio holístico y heurístico sobre las conjeturas posibles del
significado de la raíz catalaun-. Método histórico de falsación de las
hipótesis de Popper.
XXXVII.-Fuentes
de los gentilicios halladas. Gentilicios polisémicos.
XXXVIII.-Eventual
intrascendencia en la aplicación del rigor científico en la investigación de
las etimologías populares. La raíz “catalaun”
es un término celta. Prestaciónes celtas a la lengua catalana.
XXXIX.-Posibilidad
de encontrar connotaciones entre la batalla de los campos cataláunicos y los
condados de la Marca Hispánica.
XL. Especiales relaciones y significativas connotaciones halladas entre los
reyes visigodos y algunos condes de la Marca Hispánica. Relaciones
fundamentadas en fuentes históricas.
XLI.-Catalaunicus
aplicado como gentilicio y como título.
XLII.-Gentilicios
posibles.
XLIII.-Catalaunia,
como ya dijimos y evidenciamos, es en principio el único origen etimológico de
Catalunya, cuyo significado en principio desconocemos pero que heurísticamente
debemos interpretar.
XLIV.-Elección
del corónimo Catalaunia. Razones en que se fundamenta. Única
etimología posible.
XLV.Tratamiento
de los eventos históricos por la inferencia estadística.
XLVI.-Inferencia
estadística en el método histórico.- Evidencia de una certeza práctica por
reducción al absurdo de la tesis contraria. Eventos toponímicos. Inferencia estadística de Mc Cullagh.
XLVII.-Evidencia
de una certeza práctica por reducción al absurdo de la tesis contraria, en
relación con la concomitancia de los eventos fundacionales de dos topónimos.
XLVIII.-Determinación
mediante el cálculo de probabilidades si la raíz catalaun es común a los topónimos Catalaunum y Catalaunia, o bien
nos encontramos ante dos raíces homónimas con diferente significado, es decir
dos raíces independientes.
XLIX.-La
gloria de los reyes godos, laureados en esa batalla por su pueblo con el título
de "Catalaunicus", al igual que la gloria de los condes que
participaron en la cruzada balear a los que se les aplicó el mismo sobrenombre o
apelativo. Justificación del corónimo Catalonia.
L.-Los
condes de la Marca se decantaron en su elección por el corónimo de Catalaunia
con raíz “catalaun-”, y a partir de esos datos se debe partir para un posterior
estudio heurístico con la intención de descubrir el significado probable de ese
corónimo o su etimología. Cadena etimológica de Catalunya. Catalaunus primer
eslabón de la cadena etimológica. No se puede obviar la raíz catalaun- en dicha cadena.
LI.-Empleo de
la inferencia estadística de Mc Cullagh, en relación con el método histórico.
Ejemplo de un modelo para evidenciar que Catalaunum y Catalaunia tienen la
misma raíz catalaun-.
LII.-Otro modelo matemático para evidenciar lo mismo:
Catalaunum y Catalaunia tienen la misma raíz catalaun.
LIII.-EI principio de "falsabilidad" de
Popper como importante pilar del método histórico.
LIV.-Oportunidad del momento de la declaración
alfonsina de Catalonia.
LV.-Nuestra etimología de Catalunya versus otras
etimologías de dicho corónimo. Razones para desechar otras etimologías
LIVI.- Algunas otras etimologías de Cataluña de
otros autores.
LVII.-Análisis detallado de la
etimológica de Cataluña como tierra de castillos. Comparación versus la
etimología basada en Catalaunia y catalaunicus.
LVIII.-Resumen y Conclusiones.
LIX.-Supuesta resolución de la
problemática etimológica de Cataluña.
LX.-Epítome de Hipótesis y de
Corolarios.
LXI.-Colofón
LXII.- Traducción de la Portada.
I.- Única
etimología posible del corónimo Catalunya y de sus gentilicios.
Etymologia est origo vocabulorum, cum
vis verbi vel nóminis per interpretationem collígitur. Isidoro de SEVILLA
Prefacio
Este ensayo es un resumen de un estudio anterior no publicado
y pendiente de revisión que editaremos y publicaremos en función de la
aceptación que el presente trabajo reciba entre sus lectores.
Aunque incluya el presente trabajo un detallado contexto
histórico, su principal fundamento es lingüístico, por cuyo motivo hemos
transcrito generalmente los étimos en catalán o latín, según convenga en el contexto
lingüístico del siglo XII; fuera de dicho contexto los pondremos frecuentemente
también en la lengua en que está escrito este ensayo.
Al fin y al cabo una y otra lengua son romances hispánicos y
proceden históricamente del mismo tronco latino ibérico, si bien hasta el siglo
XIII, filogenéticamente la lengua catalana estaba en la órbita occitana y
gascona, en tanto que la castellana lo estaba en la vascónica, al igual que la
lengua navarro- aragonesa. Por otra parte la riojana Nájera fue la cuna de los
reinos de Navarra, Aragón y Castilla, y la lengua navarro-aragonesa compite con
la castellana en la paternidad de las glosas Emilianenses. El empleo y
conocimiento de las lenguas hispanas enriquece y une, no divide.
El gentilicio espagniol, exónimo de origen occitano oriental
(provenzal) entró en la Península desde el Languedoc como espanhol,
precisamente por la zona oriental de la Marca Hispánica en los siglos del IX al
XI en donde se asimiló a espanyol, luego se propagó rápidamente a los demás
reinos cristianos pirenaicos como espanyol en Aragón y Navarra y espanhou en
zonas gasconas como el valle de Arán y algún valle del Pirineo en Aragón y
Navarra, que en su día se habló el bigorrés o el bearnés. En la zona vasca
entró como espanyol, y como español, en áreas de influencia castellana.
En Galicia y Portugal llegó en el primer tercio del siglo
XIII en la forma de espanhol, y por último en Castilla se introdujo en la
segunda mitad del siglo XIII en la forma de españon, y luego cambió a español.
Si bien el gentilicio original espagniol, entró en la antigua Hispania al regresar a su tierra los
romanos e hispano godos, por las futuras tierras catalanas, pronto ese gentilicio se extendió por todos los
reinos cristianos y fue un gentilicio integrador, pero las tierras de la citada
Marca, unidas ya políticamente, no disponían de un gentilicio común y
diferenciador, y el gentilicio “catalán”
no existía todavía, y sólo podían utilizar los gentilicios de los condados
creados por Carlomagno y los reyes francos como Ludovico Pío, tales como barceloní,
geroní, urgellenc, besalunyenc, ausonenc, emporità etc., ya que a diferencia de
Gothia, la Marca Hispánica no fue creada por los francos como una unidad
administrativa feudal, dependiendo sus condados directamente de sus reyes, y
después de los de la dinastía capeto.
Por las anteriores razones los condes de Barcelona
consideraron necesario y conveniente buscar con tiempo, pero sin pausas, un
adecuado corónimo para las tierras de su soberanía que en principio fue
Catalaunia, pero nació ya como Catalonia.
Hemos procurado emplear los nombres de los topónimos
empleados en su época concretamente, y por dicha razón nos hemos referido a la
actual Cataluña con el nombre que tuvo en el siglo XII, primero Marca Hispánica
y luego Catalonia, teniendo bien presente que dicho corónimo, declarado por
Alfonso el Casto, procedía de Catalaunia como las fuentes históricas lo
atestiguan.
La denominación franca de la Marca Hispánica nos muestra
claramente la persistencia del recuerdo de la Hispania romana y luego visigoda en
la época de la reconquista de la zona nororiental de dicha Hispania por los
francos, donde al sur se encontraba la marca norte del Al-Andalus, que incluía
una parte de la actual Catalunya, que una vez reconquistada por un conde de la
citada Marca, de estirpe visigoda y príncipe de Aragón, Ramón Berenguer IV, fue
provisionalmente adscrita al Reino de Aragón, como marquesados de Lérida y
Tortosa, para no enfeudarlos al rey de Francia.
Así se unieron Cataluña y Aragón para que su hijo Alfonso el
Casto, conde de Barcelona, pudiera ser rey además de Conde dentro de la
Monarquía de Aragón, quien, siguiendo la tradición de sus progenitores, ya
pensaba en toda la Occitania unida a dicha Corona para formar una gran nación,
pero sin dejar de pensar en reconquistar la Hispania para recuperarla del poder
sarraceno. Su hijo Pedro II participó en la batalla de las Navas de Tolosa,
junto a los otros reyes cristianos hispanos, contra los almohades, en 1212
Como el Papa Inocencio III declaró una cruzada contra dicha
invasión musulmana, vinieron cruzados de Europa que no llegaron a participar en
la batalla, excepto el duque de Narbona que sí combatió contra los almohades.
Al siguiente año acudió dicho rey en defensa de su aliado y
feudatario Raymundo de Tolosa para combatir contra Simón de Montfort, jefe de
las tropas cruzadas contra la herejía albigense, a instancias del citado Papa,
perdiendo la batalla de Muret, con lo que se malogró la unión de la Corona de
Aragón con Occitania.
Los demás reinos cristianos reconquistados a los moros
adquirieron muy pronto sus propios corónimos y gentilicios, lo que Cataluña no
pudo lograrlo jurídicamente hasta que el rey Jaime I de Aragón y conde de
Barcelona no firmase el tratado de Corbeil con Luis IX de Francia en el año
1258, delimitando tierras y derechos entre la Corona de Aragón y el reino
francés, momento en que coincide con la expansión mediterránea y peninsular de
la Corona de Aragón con las conquistas del reino taifa de las Islas Baleares y del
reino taifa de Valencia, acaecidas poco antes firmarse el mencionado tratado.
La primitiva sociedad catalana no tenía nada que ver con los
actuales catalanes, los condados catalanes heredaron el clasismo visigodo y un
duro régimen feudal de una aristocracia de señores de castillos y de villas, y
de ricos homes y una gran cantidad de campesinos adscritos a la gleba por el
sistema de aprisio, pero sin derecho alguno a dejar la tierra y sujetos a los
malos tratos de sus amos los señores.
Situación injusta de malos tratos a la pagesía de remensa
catalana que el rey y conde Fernando/Ferrán II suprimió por Sentencia arbitral
de Guadalupe de 1486.
El entorno histórico lo hemos incluido para contextualizar
históricamente mejor las tesis lingüísticas expuestas, en el convencimiento de
que no se puede abordar un estudio etimológico de un corónimo, en principio de
origen incierto y de sus gentilicios polisémicos, si el mismo no se desarrolla
en un ambiente histórico que pueda ser revelador de la incertidumbre del origen
del nombre de Cataluña, incertidumbre todavía no resuelta hoy día incomprensiblemente.
Hemos empleado el método hipotético deductivo facilitado por
la morfología latina y el lógico inductivo para incluir el gentilicio catalaunicus como muy posible origen de
la cadena etimológica que nos ha de llevar a Catalunya. Nos ha facilitado mucho
la labor en este ensayo el haber dispuesto con carácter de fuente histórica los
étimos catalanes escritos en latín y pertenecientes a la misma familia de
palabras.
No hemos dudado en aplicar el postulado de Ockham al método
histórico cuando lo hemos considerado conveniente, cuyo postulado conocido como
la “Navaja de Ockham” nos dice que en
igualdad de condiciones la solución más sencilla y lógica es probablemente la
correcta. Así mismo para evidenciar las hipótesis imposibles hemos acudido a
unas inferencias elementales del cálculo de probabilidades, empleando sencillos
modelos. También hemos aplicado la falsabilidad de Karl Popper para invalidar
alguna hipótesis.
Hemos puesto el máximo empeño en el razonamiento lógico y en
el carácter didáctico de la exposición, quizás con deliberada reiteración
debido a que este ensayo etimológico sobre Cataluña puede considerarse una
innovación tanto por el enfoque del tema como por el detalle de su exposición.
Finalmente debido a la imprecisión etimológica del citado
corónimo hemos acudido al método heurístico para apuntar conjeturas o hipótesis
lógicas en relación con los actos, las decisiones y el protagonismo de los
personajes de la época. Los acontecimientos históricos, los valores y la
cultura deben ser comprendidos e interpretados con compresión. Comprensión no
solo de los textos escritos sino también de la ambientación de los hechos que
dichos textos narran con todas las manifestaciones espirituales, valores
culturales y morales, y motivaciones humanas, y todo ello dentro del contexto
histórico de la época. Perspectiva que corresponde al historicismo de Dilthey.
Bajo el anterior punto de vista y con la finalidad de una ambientación
histórica de las conclusiones obtenidas hemos incluido aspectos históricos
básicos en relación con los hechos que hemos considerado podían ayudar a
clarificar las circunstancias que pudieron tener relación con la etimología
buscada.
Con la misma finalidad de ambientación histórica hemos
incluido unos anexos temáticos que desarrollan con mayor detalle ciertos
aspectos del argumentario histórico básico del estudio etimológico, pero que
hemos querido separarlo de dicho argumentario básico y desglosar esa separata
en temas parciales.
Como dijo Isidoro de Sevilla: Etimología es
el origen de los vocablos cuando la fuerza del verbo o del nombre se deduce por
su interpretación.
I.- El nombre de
Cataluña. Una incógnita todavía no resuelta
¿De dónde proviene el nombre de Cataluña? Tiene demasiadas
supuestas etimologías y todas parecen hipótesis inciertas, a veces
descabelladas, y aunque algunas puedan tener su lógica, no hemos encontrado,
ninguna etimología estructurada que se aproxime a una posible realidad. Por
otra parte se apunta a la posibilidad de que quizás nunca se llegue a conocer
dicha etimología. Nosotros no lo creemos así y pensamos que nunca se han
realizado estudios serios para investigar ese apasionante tema, o quizás las
autoridades académicas de la filología y de la historia no se han sentido lo
suficientemente motivadas para propiciar la reanudación de esos estudios.
Alguna investigación se podría realizar para salir del marasmo cognitivo sobre
el estudio etimológico de Cataluña.
Nosotros, amantes de la historia, de la lingüística y de los
estudios etimológicos, aún reconociendo nuestra carencia de academicidad,
propia de un aficionado, escribimos este ensayo, poniendo nuestro máximo tesón en
el mismo, con la ilusión de que alguno de sus
lectores retome el tema que planteamos, para que con mayor conocimiento y
acierto pueda desbrozarnos las incertidumbres y lagunas sobre el nombre de
Cataluña.
II.-Necesidad de
encontrar un corónimo para los territorios de la Marca Hispánica.
La falta de una etimología lógicamente estructurada y
razonadamente explicada, nos ha alentado a realizar este ensayo-estudio,
mediante el cual llegamos a vislumbrar de entrada la necesidad de los Condes de
Barcelona de encontrar un corónimo para las tierras de su soberanía feudal de
la Marca Hispanica y del gentilicio de sus súbditos y habitantes de dichas
tierras.
Necesidad, seguramente acuciada, desde la época del Conde
Borrell II, en que se reafirmó el deseo de los Condes de la Marca Hispánica y
de su población de recuperar su identidad de ascendencia visigoda, deseo ya
iniciado probablemente con el casal de Wifredo el Velloso, primer Conde de
estirpe visigoda del Condado de Barcelona.
Es decir existía la necesidad de crear un corónimo para la
“Tierra” de la soberanía condal barcelonesa, una vez reunidos la mayoría de los
condados de la Marca Hispánica bajo el solio soberano del Conde de Barcelona, y
los restantes condados girar en su órbita feudal.
III.- Declaración
sobre Catalonia.
Hemos de dar por cierto el hecho histórico de que Alfonso II,
rey de Aragón y Conde de Barcelona, en una asamblea de Pau y Treva (paz y Tregua) en el año 1173, proclamó y deslindó,
a groso modo, las tierras de su soberanía en la citada Marca Hispanica, que en
un futuro próximo se llamaría Catalonia.
El nombre anterior, de carácter oficioso de esas tierras de la Marca Hispánica,
tal como figura en unas Crónicas Pisanas es el de Catalaunia. Nombre o coronimo
inicial de la actual Catalunya.
La mayoría de los etimologistas parecen desconocer ese
importante hecho histórico al desarrollar sus etimologías sobre Cataluña, donde
Catalaunia y Catalonia debieran estar
incluidas en una cadena etimológica para llegar al nombre actual de Catalunya,
y eso no suele ocurrir o de ocurrir su inclusión en la cadena etimológica es
incorrecta.
Generalmente se prescinde de la etimología conocida inicial
de Catalaunia para llegar a Catalunya y por otra parte no se parte de esa
etimología, hacia atrás en el tiempo, para intentar llegar desde Catalaunia a conocer el significado de
ese corónimo inicial de la citada cadena etimológica de Catalunya, y quizás así
conocer la procedencia, nombre y significado del actual corónimo de la Tierra
catalana.
IV.-Validez de los
étimos catalanes de las crónicas pisanas del Liber Majolichinus. Única fuente
histórica escrita del corónimo y gentilicios catalanes.
Formulamos la hipótesis de dar por válidos los étimos
catalanes que aparecen en unas crónicas pisanas que narran los hechos de la
Cruzada pisano-catalana, autorizada por el Papa Pascual, contra la piratería balear
de Al-Andalus y el reino taifa de Mallorca, cuya ciudad fue penosamente
conquistada y rápidamente abandonada por la amenaza almorávide que invadió
Cataluña; Mallorca fue luego reconquistada por dicho pueblo mauritano.
En esa Cruzada intervino como Jefe militar de la misma el
Conde Ramón Berenguer III. La cruzada se desarrolló en los años 1113-1114, y
las Crónicas se escribieron entre los años 1115-1120, probablemente publicadas
en 1117, como algunos autores afirman.
Entre los étimos que aparecen en esas Crónicas encontramos el
corónimo Catalaunia, entre los corónimos
alternativos Catelania y Catelania, y sus correspondientes
gentilicios, entre ellos el de catalaunicus.
Esas crónicas corresponden al Liber
Maiolichinus de gestis pisanorum illustribus. (Libro mallorquín
sobre las gestas de los pisanos ilustres.)
Libro tampoco apreciado por los etimologistas, a pesar de ser la única fuente escrita sobre dicho corónimo Catalaunia y su gentilicio catalaunicus. Aún siendo una fuente
secundaria, incluye datos muy precisos sobre los étimos catalanes, todavía
oficiosos, hasta que no fueron directa e indirectamente validados como a
continuación explicamos.
Entendemos que la citada manifestación de Alfonso II fue una real Declaración pública del rey y
conde Alfonso sobre las tierras de su soberanía que un día serían llamadas
Catalonia. Esa declaración o proclama manifiesta claramente dos cosas, que antes esas tierras no se llamaban Catalonia y el
deseo o mandato real de ser llamadas Catalonia en un futuro próximo.
Pero además dicha declaración valida implícitamente el
corónimo Catalaunia de las
mencionadas crónicas y su correspondiente gentilicio catalaunicus.
Fueron escritas dichas
crónicas unos sesenta años antes de la mencionada declaración, donde Catalaunia y Catalonia son dos variantes gráficas latinas del mismo corónimo. Catalonia corresponde a una
pronunciación de Catalaunia, es decir
a un cambio fonemático de la misma palabra. (Fonema /ō/, correspondiente
al diptongo /au/).
Catalonia procede de Catalaunia, mediante el cambio del diptongo /au/ por la letra /ō/, cambio frecuente en los romances, bien en la escritura,
bien en la pronunciación, o bien en
ambos casos: p.ej., en castellano “cosa” procede de causa; en tanto que en
francés el término “cause” se pronuncia /kōz/, y a cosa, en castellano le
corresponde en francés chose”; además en dicho idioma el diptongo /au/ se
pronuncia siempre como una /ō/.
En las transliteraciones de los fonemas o de letras con
pronunciación de fonema los pondremos entre barras inclinadas (//) y los
grafemas entre corchetes {}. Procuraremos emplear para los fonemas el A.F.I.
V.-Catalaunia o Catalonia como única etimología valida
de Catalunya
La Declaración por el rey Alfonso el Casto del corónimo Catalonia valida implícitamente el mismo
corónimo, en su versión anterior, Catalaunia
y también sus correspondientes gentilicios; todos ellos, étimos incluidos en el
citado Liber Majolichinus, primera fuente histórica de los mismos y escrito,
como ya hemos dicho, unos sesenta años de la
citada declaración real, y cuyo documento es la segunda fuente histórica de los
mencionados étimos.
Lo que nos lleva a afirmar que la única etimología válida de
Cataluña es la que Alfonso II optó por ella: Catalonia, o su versión anterior, en latín medieval, Catalaunia, como tierra de la cual era
soberano y la proclamó como futuro nombre de la misma, validando el corónimo de
Catalaunia de las crónicas pisanas.
Normalmente la etimología de un topónimo incluye el
significado u origen del mismo, lo que dicho rey no dilucidó, deslindando o
fijando únicamente los límites de unas
tierras que en un futuro serían llamadas Catalonia.
VI.- Rigidez de la morfología gramátical latina
Dada la rigidez de la gramática latina, se deducen del citado
corónimo sus gentilicios correspondientes de forma inmediata, por lo que
consecuentemente si se valida dicho corónimo quedan también validados
automáticamente sus gentilicios. E inversamente de los gentilicios se deduce el
correspondiente corónimo, y si se validan los gentilicios se valida también
dicho corónimo.
Por ejemplo del corónimo de Catalaunia, se deduce fácilmente el gentilicio catalaunus y viceversa, de catalaunus
(sing.)>catalauni (plural.), y de catalauni se deduce Catalauni-a=Catalaunia;
asimismo catalaunici se deduce de catalaunicus.
De Catalaunia se llega
al corónimo “Catalunya”, a través de cadena etimológica siguiente: Catalonia>Catalunia >Catalunya; y
al gentilicio català se llega, sin dificultad, mediante la cadena siguiente:
catalaunus>catalanus> >catalan> català.
Como luego veremos todos esos étimos son términos latinizados
de un vocablo celta “catalaun”, que a
su vez es la raíz declinable de los correspondientes étimos latinos.
VII.-Estudio
morfológico de los étimos latinos de dichas crónicas.
El corónimo Catalaunia/Catalania
y los anteriores etnónimos, el gentilicio Catalanensis y el étimo adjetival
catalaunicus, en sus correspondientes casos gramaticales, son los siguientes:
Catalaunia/Cathelaunia.
|
(nom.sing)
|
corónimo
|
Catalunya
|
Catalanensis
|
(nom.sing)
|
gentilicio
|
Català
|
Catalaunicus.
|
(nom.sing)
|
adjetivo
|
Català
|
Catalanenses.
|
(nom.plur.)
|
gentilicio
|
catalans
|
Catalanensi
|
(ablat. Sing.)
|
adjetivo
|
Català
|
El gentilicio “catalaniensis” de las crónicas sigue el modelo de la 3ª declinación latina de los parisilábicos, cuyo genitivo tiene de desinencia –ium en plural, al igual que atheniensis-is; en cuanto el étimo adjetival catalaunicus pertenece a la 2ª declinación. El empleo de esa tercera declinación para el gentilicio debe interpretarse como un gentilicio de dignidad.
VIII.-Cuadro Declinatorio de los étimos de las crónicas
pisanas.
Nota: Los neutros catalaunum y catalaunicum hacen el plural en catalauna y catalaunica. Respecto a las formas femeninas catalauna y catalaunica se declinan como la 1ª declinación latina. Esas formas son los que aparecen en el latín medieval. Catalaunia es un corónimo, por consiguiente femenino, según la morfología latina, y significa, “en principio tierra de catalauni” (El entrecomillado y subrayado tienen su razón y oportunamente la explicaremos)
Catalaunum, aparte de gentilicio neutro es el nombre del topónimo
de un Oppidum galo, y como tal sólo se declina en singular.
No figuran
en las citadas crónicas las palabras, en latín, de los núcleos de población con
sus correspondientes adjetivos gentilicios, los introducimos ahora para
familiarizarnos con las lecturas medievales latinas.
Núcleos de población con sus gentilicios adjetivos siguientes:
Civitas catalauna/catalaunica=ciudadanía
catalana; Urbs catalauna /catalaunica =ciudad catalana; Pagus catalanus =aldea /cantón
catalan; gens catalauna/catalaunica=pueblo catalan y etnia catalana; y también
tenemos Oppidum=ciudad celta en recinto fortificado, llamado también “Catalaunum” que, por ser un Oppidum, es neutro, con los mismos gentilicios
que los del cuadro de arriba de Catalaunia, así tendremos: catalaunum /catalaunicum,
y en plural catalauna y /catalaunica,
pero sus habitantes son “catalauni” y sus campos catalaunici; y como ya dijimos
como topónimo sólo se declina en singular, al igual que Catalunia (aunque en este
caso el corónimo admite en latín dos “Catalauniae”,
la vetusta y la nueva, por Catalunya Vella y Catalunya Nova).
IX.-Relación entre corónimos y gentilicios de las crónicas
pisanas y los de una supuesta etimología oral popular. Catalaunia como única
etimología de las dos fuentes históricas: la escrita y la oral.
Parece evidente la relación entre los
étimos catalanes de dichas crónicas y los étimos que
los condes de Barcelona barruntaban hace tiempo para las tierras de su
soberanía, a partir del momento en que los condados fueron hereditarios y
concentrarse la mayoría de ellos en el casal de Wifredo el Velloso. Nos
referimos a la etimología popular en la que por medios artificiosos se llega,
sin embargo, al mismo coronimo condal deseado: Catalaunia. Coincidiendo la etimología popular con la etimología de
las Crónicas pisanas. (No obstante la etimología popular se escribe Cathalaunia, donde el dígrafo {th} quiere
indicar una marca de goticidad.) Por lo tanto Catalaunia o Cathalaunia es la
única etimología común de sus dos fuentes históricas, la escrita y la oral,
confirmada dicha etimología por la declaración de Catalonia por el del rey y
conde Alfonso el Casto. Además los gentilicios de ambas etimologías son los
mismos.
X.-Correspondencia de gentilicios latinos.-El pueblo
“catalaun”
A Catalaunia
le corresponden sus gentilicios catalaunus
y catalaunicus, de forma similar
como germanus y germanicus son gentilicios de Germania
o britanus y britanicus son gentilicios de Britania.
Los plurales de los anteriores
gentilicios de Catalaunia son catalauni y catalaunici, así como los de Germania
son germani y germanici y los de Britania son britani y britanici.
Corónimos.-Por otra parte los corónimos latinos
son femeninos, formados por el gentilicio plural de un pueblo al que se añade
la desinencia “–a”. El corónimo es un topónimo de la tierra, país o región
donde habita un pueblo o una etnia determinada. Por lo tanto corónimos y
gentilicios son etnónimos.
Germani-a significa Tierra de germanos; Britani-a significa Tierra de britanos; Români-a
significa Tierra de rumanos etc.
Y consecuentemente Catalauni-a
debería significar “Tierra” del pueblo de los catalauni, por lo cual nuestra
siguiente hipótesis debería consistir en que la etimología de Catalunya debería
proceder de un supuesto pueblo o etnia, la de los catalauni, lo que no fue así en este caso, por preceder el corónimo
al gentilicio. Primero se creó el corónimo de Catalaunia en el Condado de
Barcelona, existiendo ya en la época de Ramón Berenguer III, y luego de dicho
corónimo se dedujeron los correspondientes gentilicios. No pudiéndose
entonces sustentar la mencionada hipótesis en este caso.
Debemos aclarar que aunque Catalaunia
precede cronológicamente a Catalonia, el nombre de ese primer corónimo era
oficioso y poco conocido, probablemente limitado a los casales condales de la
Marca y originario del condado de Barcelona. La declaración de Catalonia tuvo,
sin embargo, el carácter de una verdadera creación, divulgándose rápidamente
por la Marca Hispánica y por toda la Occitania y sus gentilicios cambiaron
desde dicha declaración, de catalaunus y
catalauni a catalanus y catalani. El nuevo corónimo precedió también a sus
gentilicios, contrariamente a la morfología latina de formar el corónimo a
partir del gentilicio en plural, no pudiéndose tampoco aplicar tampoco la
citada hipótesis en este segundo caso.
Los catalauni.- Como luego veremos, el pueblo catalaun, los catalaunes, catalauni
en latín, son un pueblo galo-belga, cuyo nombre en celta catu.velauni, significa los mejores
en el combate. Dicho pueblo estaba asentado a partir del S.IV a.de C., en la Campania gala en los márgenes del
río Matrona (El actual Marne en la Champagne)
Por la anterior consideración no pudo
aplicarse a la futura población catalana de la Marca Hispánica el gentilicio catalauni, antes de la proclamación de
Alfonso II, definiendo la “tierra” que un día sería llamada “Catalonia, (es
decir la actual Catalunya”), y por dicha razón entrecomillamos “catalauni” para
denominar a los “catalauni hispani” y luego catalani(los futuros catalanes), y
así distinguirlos de los catalauni galli-belgae.
Cuando el casal de Barcelona eligió
el corónimo de Catalaunia para un posible nombre del territorio de la unión de
condados bajo el solio del condado de Barcelona, es de suponer que no tenía
noticias del pueblo catalaun, al que ni siquiera citó Cesar en su libro de
Bello Gallico. Es posible que se conociese en la época de Alfonso el Casto ya
que en el año 850 se escribió en Francia un libro sobre el vetusto oppidum
Catalaunum y su pueblo catalaun.
Por las consideraciones de los dos
párrafos anteriores no podemos aplicar la etimología celta de los mejores en
el combate, a los nuevos “catalauni”
o nuevos “catalans” de Catalonia, que nada tienen que ver con
los catalaunes y catalauni originales de Catalaunum.
(Nombre latinizado de un Oppidum celta, neutro, y declinable al igual que
Catalaunia)
XI.-Origen etimológico sin significado de Catalunya.-Gentilicios
condales.
Por las anteriores consideraciones el
origen etimológico de Catalunya es Catalaunia,
sin que podamos, de entrada, llegar más lejos ni dar un significado ese origen
etimológico que no sea el de un territorio habitado por un pueblo llamado
catalán a partir del final de siglo XII, en consonancia con la declaración o
decisión del rey y conde Alfonso el Casto, que no dio explicación alguna de la
posible etimología de Catalonia (o Catalaunia), ni del porqué del momento de
dicha decisión, ni tampoco del porqué del retraso de la anterior declaración,
cuyo corónimo Catalaunia ya se conocía con seguridad unos sesenta años antes.
Probablemente se creó cuando se
reunieron los principales condado de la Marca Hispánica feudatariamente bajo el
solio protector del condado de Barcelona, que además estableció relaciones
familiares con los condados que no le eran feudatarios. En ese tiempo debieron
sentir los condados unidos la necesidad de buscar un coronimo para su tierra, para
aplicarlo cuando fuese oportuno, teniendo en cuenta que por el momento no
podían hacerlo porque todos los condados
eran feudatarios de los reyes francos y luego de los reyes de Francia.
En este excepcional caso, el corónimo
precedió a los gentilicios de la población del territorio de la Marca
Hispánica, lo cual es lógico puesto que no existió previamente en dicho
territorio el pueblo de los catalauni
hispani antes de la declaración alfonsina, siendo llamados “catalani” a
partir de la mencionada declaración y mucho más tarde catalans..
Los habitantes de los condados de la
Marca Hispánica, que no era ni unidad política ni administrativa, utilizaban el
gentilicio de su condado: barceloní, gerundí o geroní, ausonenc u osonenc,
emporità, besalunyenc, urgellenc etc.
Todos los escritos medievales están
escritos en latín, con los gentilicios en ese idioma, pero en el romance
languedociano-catalán del S. XIII ya existía el gentilicio plural “catalani”.
XII.-Corónimos exónimos y corónimos endónimos.-
Normalmente los corónimos y
gentilicios latinos son etnónimos exónimos, es decir creados por los romanos
con el nombre que ellos mismos dan al
pueblo que habita un determinado país..
Germani-a es un exónimo, que no nació en dicho
pais o zona germánica; se llamó Germania
porque los romanos llamaron germani a
los habitantes de dicha zona. Igualmente llamaron Alemani-a a la tierra ocupada por la tribu germánica de los alamani
Los germanos o alemanes actuales no
estaban de acuerdo con dichos exónimos y a su país lo llamaron Deutschland del pueblo Deutsch y con la lengua deutsch Sprache; todos estos étimos son
suyos, de los propios alemanes, y por ello son etnónimos, endónimos o
autónimos.
Otro ejemplo más próximo lo tenemos
en euskal-herria, endómino, frente a
Las Vascongadas, exónimo, procedente del latín Vasconicatae Provintiae (Provincias Vasconizadas).
Como ejemplo de exónimo del latín
medieval, tenemos Gothi-a, tierra de
godos, nombre dado a la Septimania por los francos por estar dicha zona poblada
por muchos godos.
XIII.-Catalonia como endónimo especial
Catalonia debe considerarse como un endónimo especial, porque
la proclamó Alfonso II, sin mayor explicación que su proclamación; no procede
de unos supuestos catalauni. Una vez
creado el corónimo Catalonia los catalani fueron los catalanes hispánicos
y Catalauni-a o Catalonia, la tierra de unos nuevos “catalani, que nada tuvieron
que ver con los catalauni gallici. De catalauni>cataloni> “catalani”,
gentilicio latino del posterior gentilicio catalans.
XIV.-Testimonios
escritos del corónimo de Catalonia
En el decreto de la Asamblea de “Pau y Treva” de la Paz de
Dios, en 1173, en latín se puede leer: “Haec
est pax quam dominus Alphonsus constituit,..Videlicet a Salsis usque ad
Dertusam et Ilerdam...et Catalonia apellatur. (Esta es la paz que el Señor
Alfonso... decreta para sus tierras, es decir desde Salses hasta Tortosa y
Lérida que un día serían llamadas Catalunya). Citado por Ferran Soldevila en su
libro Història de Cataluña.
Como ya dijimos antes, esa declaración
manifiesta claramente dos cosas que esas tierras no se llamaban antes Catalonia y el deseo o mandato real de
ser llamadas Catalonia en un futuro
próximo.
Por lo tanto aún en 1173 no existía Catalonia, al menos oficialmente, pero sin
embargo, según afirmó Alfonso II, próximamente se la conocería como tal
(¡Vaya!, ¿cómo podría saberse y cómo habría de llamarse lo que todavía, por no
existir, no se conocía?). Lo que puede indicar que el corónimo Catalaunia estaba ya en la mente de
anteriores condes catalanes, e incluso es posible de una parte de la población.
Aparte de la citada declaración de Alfonso II
manifestando las tierras que en su día serían conocidas como Catalonia, existen otros documentos
anteriores o posteriores en relación con Cataluña.
El primer
documento de Alfonso el Casto está decretado en Jaca en 1176, por el cual dicho
rey ratifica los donativos que Ramón Berenguer IV, había hecho ante su alfaquí:
“tam in regno aragonis quam in Chatolonia”. Tanto en el reino de
Aragón como en Cataluña. (Obsérvese esa inclusión de la “h”, mal colocada, y
una “o” en la segunda sílaba en lugar de una “a”, el corónimo hubiese debido de
ser Cathalonia con e dígrafo de
goticidad {th})
Como
gentilicio aparece por primera vez en un documento decretado en Jaca en 1179
por Alfonso II de Aragón, “scilicet et catalanorum et
aragonensium”. (Por supuesto,
tanto de los catalanes como de los aragoneses).
En las
cortes de 1188, se decreta la obligación de que sean cathalani todos
los vegueres del Principado de Lérida y Tortosa; apareciendo otra vez el
dígrafo de marca gótica.
Con
anterioridad el nombre utilizado por los árabes para referirse a los catalanes
fue el de “ifrany” (“franci”),
gentilicio aplicado a veces a los aragoneses y rara vez a todos los habitantes
de los reinos cristianos, si bien lo normal era aplicarlo a los catalanes o
cristianos orientales.
En el documento de Pedro II
relacionado con dicha prolongación de la Paz de Dios, en 1198, redactado en
términos parecidos a los de la anterior declaración, se puede leer: Haec
est pax quam dominus Petrus…constituit per totam Cathaloniam, videlicet a
Salsis usque ad Dertusam et Ilerdam” Esta es la paz que el Señor Pedro... decreta
para toda Cataluña, es decir desde Salses hasta Tortosa y Lérida. En ese
año ya existía oficialmente Cathalonia,
con marca de goticidad.
Vemos que la forma de Catalonia alterna con la de Cathalonia. Por influencia de la
etimología popular se escribe con el dígrafo {th} que es una marca de
goticidad, pero sin repercusión fonética alguna, porque dicha palabra, con o
sin marca de goticidad, procede de Catalaunia, que era el origen etimológico
deseado por los casales condales; el cambio de una (t) por el dígrafo {th} es
innecesario y además procede de una vía o cadena etimológica errónea, si bien
ya existía en la antigüedad aplicado a los godos, según Tácito.
En el
reinado de Jaime I el corónimo de Cataluñia,
en lengua vulgar fue ya corriente; en el "Llibre dels feyts” del rey
Jaime I dicho corónimo aparece frecuentemente y en documentos latinos cita a la
Cathalonia Universa para
referirse al conjunto de las dos Cathalonias, la Vella y la Nova.
Existen
otros documentos relativos a la Monarquía de Aragón, y en uno de ellos aparece
el corónimo en Carcassona, como Catalaugn (fonéticamente equivalente a /catalauni=catalauny/con
apócope de la /a/ de *Catalaunya), donde figura
concretamente en el “Liber feudorum major en el juramento de los carcasoneses
al rey Alfonso II.
El día en que la antigua Marca Hispánica se llamó Cathalonia de pleno derecho fue cuando
Jaime I se libró de la dependencia feudal con Francia y creó el germen
territorial de lo que en el siglo XIV sería el Principado de Catalunya.
Consideramos que esa fecha pudiera ser el día en que se firmó el Tratado de
Corbeil (Corbulinum) en el día 11 de
mayo de 1258. d. C.
Entendemos que a partir de esa fecha
ya pudo considerarse la población de Cataluña, catalana de derecho.
XV.-Conjeturas sobre el corónimo de Catalaunia. Análisis
heurístico
Cuando dijimos que no se podía llegar
más lejos sobre el étimo Catalaunia,
nos referíamos al plano etimológico, dado que ya habíamos llegado a una conclusión
final en dicho plano y además confirmada una hipótesis etimológica, sin embargo
debemos seguir ahondando e investigando sobre el término “Catalaunia” en un plano heurístico, de interpretación y comprensión
de decisiones y de conjeturas, sin estar seguro, en principio, de llegar a
hipótesis confirmables.
Es muy difícil especular y acertar
sobre un juicio de intenciones de una decisión tomada por una persona hace más
de ocho cientos años. (Declaración en latín de Alfonso II sobre Catalonia; precedentemente Catalaunia)
Nos preguntamos ahora ¿por qué eligió
Alfonso II ese término de Catalonia
como corónimo?, que debemos admitirlo como anuncio de una postrera fundación, y
¿por qué eligió el momento en que lo hizo para proclamarlo como futuro nombre
de la tierra de su soberanía?, y sobre todo: ¿Qué significado tenía para él ese
significado de Catalonia? ¿Qué significado tenía para dicho rey (no para lo que
pueda pensar independientemente cualquier etimologista), al parar mientes en
una nueva nominación de sus tierras, que incluía los territorios que más tarde
serían conocidos como Catalunya, incluyendo Catalunya Vella y Catalunya
Nova?
Lo único que podemos afirmar con casi
certeza es que esas decisiones fueron soberanas de un rey y que las razones de
las mismas sólo podemos intuirlas como posibles o más o menos probables, y nada
más, si no disponemos de otro hecho ni fuente que no sea el de la proclamación
del citado corónimo Catalonia, y por
dicha razón Catalaunia sigue siendo,
hoy por hoy, la única etimología cierta de Catalunya, a través de Catalonia y de Catalunia, con un significado limitado, y cuyo
significado restrictivo lo determinó Alfonso II cuando someramente marcó unos
límites del deslinde de las tierras de su soberanía, dando también significado
al gentilicio de catalani, como habitantes de dicho territorio.
Dicho significado limitado del citado
corónimo no excluye que no tuviese el mismo otro significado, pero Alfonso el
Casto no nos lo transmitió cuando declaró el futuro nombre de las tierras de su
soberanía y someramente las deslindó.
Pero al denominarlas personalmente
con el nombre de Catalonia, ese
corónimo es un endónimo, y de tener un significado propio, que debería de
haberlo tenido, supuestamente hubiese sido de carácter épico. Un corónimo
limitado o prosaico hubiese sido inconcebible.
XVI.- El Liber Majolichinus. Pre-existencia de étimos catalanes. Referencias catalanas del Liber Majolichinus.
Dicho corónimo y sus gentilicios ya
existían durante la cruzada balear de Ramón Berenguer III con los pisanos, y
quizás bastante antes ya se barruntaron en la corte de los condes de Barcelona.
Existieron antes dichos étimos pero hasta Alfonso II no se divulgaron;
oficializándose más tarde.
Pero lo más importante de esas
crónicas es que nos muestra con claridad cuál es la etimología del corónimo
“Catalunya” y del gentilicio “català”, a través respectivamente de “Catalaunia” y de “catalaunus”, y este último a través del étimo adjetival “catalaunicus”, que es como aparece en
las citadas crónicas.
Liber Maiolichinus.- En el Liber
Maiolichinus figuran esos étimos y también nos dicen sus crónicas que había
que distinguir entre los gothi y los franci y que los catalauni eran los gothi,
y también dicen cosas y dan datos que forzosamente tuvo que transmitírselos
Ramón Berenguer III al amanuense o cronista del citado Liber, entre ellos los de un corónimo y unos gentilicios catalanes
inexistentes en el tiempo de la cruzada balear. Étimos que en esos momentos
sólo eran un proyecto futuro. Además en dicho Liber aparecen prolijas
narraciones y sutiles detalles que sólo los podía conocer Ramón Berenguer III,
o alguien muy próximo o allegado a él.
“Se vislumbra en dichas crónicas el deseo
de una identidad goda, que debe entenderse en relación con la aristocracia
del condado de Barcelona, ya que ni los villanos ni los campesinos adscritos a
la gleba no contaban para tener el derecho a esa identidad.”
En esas crónicas se
narran las gestas de los pisanos ilustres en la expedición a Mallorca en los
años 1114 y 1115; pero entre otras cosas también se refiere a las hazañas del
jefe militar de la expedición, Ramón Berenguer III, al que se cita con diversos
títulos: "Catelánicus heros" (héroe catalán), "Dux Catalanensis" (Caudillo
catalán) ,“Rector catalaunicus”;
Dirigente catalán; también cita al conde Hug II de Ampurias: “et Comes
Ampuriae “nec non catalanicus heros”, (y el conde de Ampurias como
no menos héroe).
En otro verso se escribe: “Et Catalanensis quídam bene promptus in
armis” (Y todo catalán acudió pronto a las armas)
Así mismo se refiere al litoral
catalán: “in catalanensi litore
consistunt puppes” (las naves se desplegaron en orden de combate en el
litoral catalán); “cum catalanensi de
litore classis arribat” (cuando la flota llega desde el litoral catalán.
Menciona igualmente las palabras "Catalania", "Catelania"
y “Catalaunia”, en relación con Cataluña; y a los godos, “gothorum populi” (del pueblo godo), “Gothorum procerum” (de los próceres
godos), “Gothorum pedites” (infantes
de los godos/infantería goda), refiriéndose en estos casos a los “catalauni” catalanes, para distinguirlo de los “franci” (francos). Al cristiano le
llaman “christicola”.
XVII.-Una etimología popular o gótica: .-Estudio lingüístico
y etimológico de *Gothalaundia como supuesta etimología de Cataluña. Artificioso
proceso lingüístico.
Vamos ahora hacer un estudio completo
sobre la etimología popular donde se dice que Catalaunia procede de Götteland,
a través de Gothelandia Gothelaundia y Gothelaunia, artificiosa hipótesis basada en una paronimia no muy
próxima, pero muy trabajada lingüísticamente, empero, a nuestro parecer,
históricamente inconsistente, y luego veremos que es absurda en el plano
etimológico.
Todas las fuentes etimológicas nos
llevan como origen de Cataluña a Catalaunia,
incluida la popular. Pero ésta nos lleva más atrás, relacionando Catalaunia con una tierra de godos, a
través de una supuesta región del sur de Aquitania, *Gothelaundia, que tuvo que
existir durante el reino visigodo de Tolosa, lo cual no nos consta
históricamente.
Vamos a analizar la posibilidad
lingüística de llegar a Catalunya de una supuesta *Gothalaunia/ *Gotholaunia
/*Gothelaunia.
Sólo expondremos esa posibilidad
lingüística y lógica bajo un punto de vista lingüístico, por desconocer o no
existir fuentes históricas que respalden Gothalaundia como supuesta etimología de Cataluña.
Partiremos
como punto de comparación del corónimo Cathalaunia, en lugar de Catalaunia, que es como aparece en
antiguos escritos catalanes, con el dígrafo {th} que corresponde a un fonema
oclusivo dental sonoro de origen godo que se puede dar en sílaba explosiva o
implosiva.
En la grafía presentada la silaba es
explosiva pero podemos transformar el término en Cathlaunia, con la pérdida de
la “a”, de la segunda sílaba, lo que convierte a la primera silaba en implosiva.
Cathalaunia>Cathlaunia, y por la misma pérdida de vocal llegamos de
*Gothalaunia a*Gothlaunia.
Según dicha etimología popular, el
étimo Cathalaunia es el origen del corónimo de Cataluña, tierra de
godos, a través de*Gothalaundia, mediante el cambio de una velar inicial sonora
por una velar sorda y transformación de “landa”>“laundia”>”launia”), para
llegar finalmente a *Cothalaunia> >Cathalaunia, en donde el cambio de una vocal {o}
por otra más abierta {a} es corriente.
El dígrafo {th} se pronuncia como /th/
en inglés de “the” o “this” y corresponde al fonema /ð/ del alfabeto fonético
internacional, y en este caso germaniza la palabra; pero sólo es una marca de
goticidad, sin valor fonético, al igual que
Gothia fundada por Ludovico Pío. En su día el dígrafo {th} de la antigua
Gothland escandinava tuvo el valor fonético del fonema /ð/, pero ya no al final
del primer milenio.
La substitución del fonema/t/ de la
segunda silaba por el fonema /ð/ o grafema dígito {th} es añadido y ficticio en
este caso, porque no tuvo repercusión fonética alguna y sólo indicó una marca
de goticidad.
El cambio de una consonante velar
sonora inicial, fonema; /g/, a una consonante velar sorda, fonema: /k/, es muy
corriente en lingüística, sobre todo en sílaba tónica inicial.
(latín.gatus>cat. en inglés)
Si
repetimos rápidamente (Gothland, isla sueca de donde proceden los westgothen=
visigodos), con sílaba inicial implosiva, llegamos fácilmente a cambiar la {G},
fonema /g/) inicial en {C}, (fonema /k/). Es decir se llega fácilmente de
Gothland a Cothland, no sólo en lengua latina vulgar, si no en lenguas
germánicas. (Leyes fonéticas de Grimm).
En relación con “Gothland” no hay
duda alguna que esa palabra significa tierra de godos. (Confer: con Götland y
Götaland en la actual Escandinavia, en donde el grafema sueco {g} tiende a
ensordecerse, en un fonema próximo a /k/).
Los
godos hicieron un largo recorrido desde el sudeste de la Escandinavia oriental
antes de establecerse en el nordeste de Hispania y en Aquitania, con capital en
Tolosa. A Europa occidental llegaron desde Escitia, en la ribera del Mar Negro,
donde los godos tervingios habían fundado Gútthiuda. (Gútthi=godos, pero sin el sin el sufijo
land).
Cuando los tervingios llegaron unos
dos siglos más tarde a Aquitania ya eran conocidos como visigothi o gothi.
Los visigodos (godos occidentales) se
establecieron en las llanuras aquitanas entre los Pirineos y el río Loira,
donde en su parte meridional se hablaba el latín vulgar y dialectos protovascos
romanizados en un proto gascón.
Además en el sur de Aquitania entre
la desembocadura del rio Adour y el estuario de la Gironde existía en los S. V
y VI una inhóspita llanura de un cuarto de millón de Has de dunas movedizas y
ciénagas de imposible habitabilidad, denominadas landas y lanas en gascón. (Las actuales landas fueron rehabilitadas
por Napoleón III) Esas “lanas” gasconas en vasco eran “launas, launa en
singular, (al parecer “landas” es de origen celta).
Por influencia de “landia” sobre
“launa”, esta última pudo convertirse por asimilación en “laundia” y *Gothlanda
en *Gothlaunia, con un significado de tierra o llanura de los godos. El proceso
de cambio o cadena etimológica podría haber sido:
*Gothlandia>*Gothlaunia>*Cothlaunia>*Cathlonia>>Catalonia>
Catalunia>Cataluña.
Eligiendo el prefijo “Goth” de
gothus, el mismo prefijo que el elegido para “Gothia” fundada por Ludovico Pío,
el año 826
En este caso el fonema fricativo
alveolar sonoro del dígrafo {th}=/ð/ se habría ensordecido en un fonema
oclusivo dental sordo /t/, lo que habría ocurrido en sílaba implosiva, para
luego añadir una /a/ a la sílaba inicial para formar una segunda sílaba explosiva
con la letra (t) que corresponde al fonema oclusivo dental sordo.
Los fonemas /d/ y /ð/, correspondientes al grafema (d),
generalmente se ensordecen en sílaba
implosiva final, convirtiéndose en el fonema /t/.
EI fonema /ð/,
se produce en español con el grafema {d}, entre vocales con una suave fricación
espirantizada.
Normalmente el grafema {d} tiende a
ser fricativo suave /ð/ entre vocales, y oclusivo dental sordo/t/, en sílaba
final de palabra, pero no siempre ocurre así; “Madrid”, se pronuncia castizamente
/madrið/ en dicha capital y /madrit/, en Barcelona. Lo mismo ocurre con Valladolid,
pero pronunciando una /ð/suave
En casos similares los fonemas /b/,
oclusivo bilabial sonoro y /g/ oclusivo palato velar sonoro, respectivamente se
ensordecen en los fonemas /p/, oclusivo bilabial sordo, y /k/ oclusivo palato
velar sordo; salvo excepciones.
Esta exposición prolija del
desarrollo de la etimología popular es nuestra, otras explicaciones que pueden
encontrarse son mucho más escuetas.
Se puede observar marca gótica en las
frecuentes grafías de Cathalunya hasta el S.XVI, con la presencia del dígrafo {th}
godo, que representa, como ya hemos dicho, un fonema espirizante de suave
fricación (equivalente al artículo inglés “th”), presente también en Gothia. En
el alfabeto fonético internacional, ese sonido se representa por el fonema /ð/
Curiosamente por atracción de esa
grafía hasta los franceses escriben a veces con el dígrafo {th} el Oppidum
celta Cathalaunum, lo que es erróneo porque Catalaunum es un término celta y no
godo.
XVIII.-Objeciones históricas a la etimología de *Gothelaunia como
origen de Catalunya, a través de Catalaunia.
Creemos que es fundamental el
encontrar alguna fuente histórica fiable que corrobore la anterior hipótesis
lingüística, que hemos desarrollado independientemente, de otros desarrollos
similares, toda vez que encontramos serias objeciones a esa etimología.
La gestación lingüística que acabamos
de detallar tuvo que llevarse teóricamente a cabo en el siglo V o VI durante
los cerca de noventa años que reinaron los visigodos en Aquitania. Sin embargo
su origen es muy posterior.
Los visigodos recibieron del
Emperador Honorio, mediante un foedus del año 418, unas tierras en Galia y en
Hispania para afianzar el Imperio en esos territorios no para fundar en dichos
territorios su propio Estado ni para cambiar sus fronteras políticas.
Sólo después de la caída del Imperio
romano de Occidente en el año 476, cuando Odoacro depuso al emperador Rómulo
Augústulo, pudieron actuar los visigodos con plena soberanía, en las tierras
que ocupaban, de la Galia y de Hispania, situándonos en ese momento en el
reinado de Eurico (Aiwareiks), que reinó en su Reino de Tolosa como monarca
tradicional desde 446 a 484.
Luchó contra los francos y los
sajones, conquistó Pamplona, Zaragoza y Tarraco; se mantuvo en su beligerante
creencia arriana con desamparo de los templos católicos y publicó su cuerpo
legal de derecho visigodo, “Codex euricianus” (Código de Eurico), al margen del
derecho romano de los hispanorromanos y de los galorromanos.
Le sucedió su hijo
Alarico II (Alareiks) que fue
derrotado en la batalla de Vouillé en 507 a.D., perdiendo los visigodos todos sus
territorios de la Galia, excepto la Galia Narbonense, pasando la Provenza a los
ostrogodos por una concesión especial de Amalarico, hijo de Alarico II a su
primo Atanarico.
Antes de perder Alarico
II dicha batalla, y morir en ella, hizo un importante Código o Breviario jurídico.
Dicha “Lex Romana Visigothorum” fue un cuerpo legal visigodo, en
el cual se recogió el Derecho romano vigente en el reino visigodo de Tolosa,
que fue compilado durante su reinado. (484–507 a.D., para la población galo e hispano romana,
que llegó a compararse con la compilación jurídica justiniana. Los godos se
siguieron rigiendo por el Codex euricidiano (de Eurico). Dicho Breviario fue
redactado por un conjunto de juristas eclesiásticos y aprobado en Aduris
(actualmente Aire sur l’Adour, junto a las landas)
Quiso Alarico
congraciarse con sus súbditos romanos, galos e hispanos y con la Iglesia
católica, pero era considerado hereje, y los galorromanos no perdonaron la
persecución de San Dionisio Apolinar por su padre Eurico.
En su disputa con el rey
de los francos, la población aquitana galorromana no apoyó a Alarico II, sino a
Clodoveo, vencedor de los borgoñones, y de los alamanes en Tolblac,
convirtiéndose multitudinariamente con su tropa al catolicismo en Reims,
después de dicha batalla. Poco después en el año 507 invadió la Aquitania y
aniquiló a los visigodos en Vouillé
No acertamos a entrever
cómo y cuándo se pudo gestar un territorio denominado Gotholaunia o Terra
Gothorum en el aquitano y culto Reino Visigodo de Tolosa, que por tener el
sufijo “launia”, debía situarse en las inhóspitas landas llenas de dunas
movedizas y ciénagas, al norte del río Adour, precisamente en donde junto a su
ribera se reunieron juristas y eclesiásticos con Alarico para aprobar su
Breviario.
Según se dice hay muchos
documentos en Cataluña y en el sur de Francia que atestiguan en la Galia la
existencia de ese territorio godo individualizado, forzosamente en el Reino
visigodo de Tolosa; quizás sea una extendida e irreal visión de dicho reino visigodo,
o como máximo un asiento visigodo menor, tipo alquería, sin importancia
histórica y menos para dar nombre a una inexistente región que empezó a
formarse cuatro o cinco siglos después.
Se conoce bastante bien
la historia de esa época en la Galia para admitir en ella la existencia de una
vaporosa *Gothelaundia desde el espejismo de un deseo de identidad goda.
No podemos excluir, sin embargo, una
expansión por el territorio de la etimología popular Cathalaunia, que se pudo
extender entre la población.
Posiblemente a partir de Borrell II
se pudo extender localmente esa etimología entre la población de un territorio
cuya oficialización llegaría unos dos cientos años más tarde, lo que indicaría
que una etimología oficiosa se habría adelantado ese tiempo a una denominación
oficial del territorio catalán.
Tambien esa extensión oficiosa de
dicha etimología en el territorio de la Marca, parcialmente extendida, debió
llegar a los condes de Barcelona que la pudieron considerar, y también gracias
a Ramón Berenguer III, llegó la mencionada etimología a conocimiento del
amanuense escritor de las Crónicas pisanas, aunque en dichas crónicas se
escribe Catalaunia o Catelania, pero
no Cathalaunia, con marca de {th}
gótica.
Indudablemente debieron darse cuenta
los Condes de Barcelon de que aceptando como corónimo “Catalaunia”, los gentilicios de ese topónimo forzosamente debían
ser “catalaunus”, “catalaunicus” y
“catalaniensis”, -conforme a las leyes morfológicas de la gramática
latina-y debieron darse cuenta también de que si aceptaban la mencionada
etimología popular, “Cathalaunia”
significaría “tierra de godos”, y consecuentemente “catalaunus” y “catalaunicus”
significarían, respectivamente, “gothus” y “gothicus”, es decir godos y
góticos. (y los campos catalaunicos significarían campos góticos)
Esa circunstancia de goticidad, unida
al aliciente de que los gentilicios del citado corónimo fuesen idénticos, pero
en plural, a los de los campos de la gran batalla librada el año 451, ganada
por los romanos y visigodos a los hunos, podía satisfacer a los Condes de
Barcelona, pero también es posible que tuvieran sus dudas al respecto, y quizás
esa concisa y discreta declaración de Catalonia por Alfonso II pudo tener un
carácter prudente y dubitativo.
Los visigodos tenían otras razones
para justificar esa goticidad de dichos gentilicios. Ciertos estudios han
llegado a la conclusión de que la batalla contra los hunos se desarrolló en un
lugar distinto al tradicional, ubicado cerca del antiguo oppidum de Catalaunum
(actual Châlons).
Esos estudios dicen que la batalla
tuvo lugar al oeste del actual Troyes, cerca de un pueblo llamado Montgueux,
que significa Monte de los godos y que el lugar de la batalla se desarrolló en
el “Campus Mauriacus o Locus Mauriacus, antes campo de las correrías y razias
de los visigodos en el territorio franco.
El núcleo guerrero visigodo del Reino
de Tolosa se encontraba como quasisoberano en zonas extranjeras y con súbditos
propios de cada zona de la prefectura gálica, galorromanos en la Galia, e hispanorromanos
en Hispania. ”Ocuparon esos territorios en calidad de Hospites del Imperio y
en virtud de un foedus pactado.
”Desde la caída del Imperio Romano los visigodos fueron
plenamente soberanos en su Reino de Tolosa, hasta que lo perdieron en el año 507,
trasladando la sede de su reino, primero a Narbona y luego a Toledo. El reino
lo formaba su pueblo visigodo, no el territorio, el cual cambiaban según las
circunstancias.
Los visigodos fueron los bárbaros más
romanizados y más cultos de todos ellos, respetaron el nombre romano de las
provincias romanas, pero asimilándolas: Hispania
goda y Provintia narbonense goda.
Si en su territorio se hubiese
constituido un núcleo importante y homogéneo de godos, se habría creado una
“Gothia” como la que Ludovico Pío creó como Marquesado en el año 826, pero ese
caso no se dio ni en el reino de Tolosa ni en el de Toledo.
Los visigodos al norte del bajo
Danubio ya estaban romanizados cuando se asentaron en esa zona escita, y Gútthiuda,
según Gregorio de Tours, era el nombre
de dicho pueblo. Luego los francos en
el S.IX fundaron el Marquesado de Gothia (tierra de godos); los visigodos ya no
volvieron a usar el báltico “land” para designar su territorio, desde que
salieron de Escandinavia.
XIX.-Cataluña cataláunica versus Cataluña
gótica.
En otros apartados
nos extenderemos sobre este asunto con más detalle, pero de momento
consideramos que debemos abordarlo porque es imposible la existencia simultánea
de dos “Cataluñas” para el mismo territorio, por lo que hay que decidirse por
una sola de ellas.
El epíteto de ambas
“Cataluñas” viene determinado por sus diferentes raíces; en la cataláunica, su
raíz es catalaun-,
la misma que la del coronimo Catalaunia
y de sus gentilicios: catalaunus y catalaunicus; y en la gótica su raíz
sería *goth-
de *Gothelaunia que da lugar a Cathalaunia y sus gentilicios podrían, con gran
reserva, latinizarse en *cathalaunus
y *cathalaunicus, pero para
respectivamente significar gothus y
gothicus
Catalaunia y sus
gentilicios están latinizados en tanto que *Gothelaunia no está latinizado, por
inexistente, y sus gentilicios están gotizados, forzada y artificiosamente, a
partir de Cathalaunia, lo que
exponemos para evidenciar la artificiosidad de los étimos de la etimología
popular o gótica, incluido su corónimo con la marca de goticidad.
XX.-Invalidación de la etimología popular de Cathalaunia.
Hay que invalidar la etimología
popular de Cathalaunia, con marca de
goticidad, por concluir que dicho corónimo significa tierra de godos, empero en
latín Catalauni-a
significa tierra de catalauni,
término celta prestado al catalan, que significa en celta, los mejores en el
combate , sin que esa etimología sea trasladable a los catalauni catalanes;
la citada prestación e refiere sólo al homónimo gentilicio “catalauni”, sin etimología, es decir al
significante sin significado. En
cualquier caso la raíz catalaun -
es un término “celta”, “no godo” por lo
que dicha etimología popular es un óximoron es decir una “contradictio in
terminis”, aunque aquí lo único que queremos resaltar es la celticidad de la
citada raíz sobre la que, sepamos nosotros, nadie se ha pronunciado todavía.
Este juicio de valor actual no empece
en absoluto la libertad y legitimidad que tuvo Alfonso II en la elección del
corónimo que consideró apropiado para la futura Cataluña, y que ni siquiera se
pronunció sobre el origen del citado corónimo.
Nuestra hipótesis consiste en que la
Etimología popular es “una contradictio in terminis” en el plano lingüístico.
Sin embargo en la etimología gótica se llegó a donde se quería llegar, a Catalaunia, con una marca o refuerzo de
goticidad pero por un camino artificioso y sin el respaldo histórico.
En cualquier caso Catalaunia o Cathalaunia son fonéticamente iguales y
por ello son dos formas del mismo corónimo, desde el cual se llega a Catalunya.
Por una u otra vía el corónimo elegido fue el de Catalaunia, que fue declarado como Catalonia por rey Alfonso II como corónimo
futuro de las tierras de su soberanía. Catalaunia con o sin “marca de
goticidad” es la etimología origen de Cataluña.
XXI.-Metodología y heurística a seguir que nos permita
investigar sobre el significado posible de Catalaunia,
en el punto cognitivo en que nos dejó el rey y conde Alfonso con su declaración
sobre Catalonia.
Catalonia es el segundo término de la
cadena etimológica hasta llegar a Catalunya,
pero nuestra investigación debemos realizarla a partir de Catalaunia, pero en sentido inverso,
hacia atrás en el tiempo pasado. Es necesario iniciar la investigación a partir
de un término cierto, dado o conocido, que sea el más antiguo, en este caso Catalaunia e intentar a partir de dicho
corónimo buscar una relación, connotación, o familia de palabras con el mismo.
Esa metodología (μετά, οδως, λογος) no la han seguido la
mayoría de los etimologistas y han buscado llegar a
Catalaunia, Catalonia o Catalunya directamente desde términos con raices ajenas
a dichos corónimos con muy poca explicación y poco rigor científico, a nuestro
parecer. En realidad la certeza de una etimología sólo puede expresarse, salvo
documentación cierta, en términos de probabilidad, siempre que no pueda ser refutada.
Ninguna de las etimologías existente de un étimo o topónimo puede ser adverada.
Es preciso interpretar bien el pensamiento de
Alfonso el Casto en relación con su declaración sobre su Catalonia del S.XII, y no adulterarlo ni mixtificarlo con espurias
etimologías, que nada tienen que ver con Catalonia
que procede de la latinizada Catalaunia
con sus gentilicios también latinizados catalaunicus
y catalaunus.
No hay que perder de vista que ese
corónimo es el elegido por el propio rey y conde de un gran país, aunque en las
cortes condales ese corónimo ya se vislumbraba, sin apresuramiento, un siglo anterior
o quizás antes.
Es decir ese corónimo no se lo
impusieron a los condes del casal de Barcelona, no era un exónimo foráneo, que
reflejase las características del país tal como otros lo veían, sino el país que sus condes querían que fuese y cuyo
adecuado corónimo pudo Alfonso el Casto elegir.
El conde- rey Alfonso tuvo la
oportunidad de elegir un corónimo adecuado para ese nuevo país que estaba en
ciernes, largamente pergeñado, y que unido a Aragón, Occitania occidental, el
Languedoc y Provenza formasen todos juntos una gran Nación, que luego pudiese
unirse a las demás Naciones de la tierra que un día fue Hispania.
El país que falta por citar es el de Catalonia, corónimo que debiera tener
una gran connotación heroica y épica, propia de la Edad Media, seguramente
pensada por Alfonso II y todos los condes anteriores de estirpe visigoda, en su
forma de Catalaunia, cuyo coronimo sólo puede ser origen de
conjeturas posteriores sobre su etimología y la de sus gentilicios, todos ellos
con la raíz común latinizada catalaun-, que da origen a topónimos y
gentilicios polisémicos que luego analizaremos.
Pero tenemos que recalcar, aún a
sabiendas de no tener significado, que por el momento la única etimología
cierta y posible del origen del nombre de la actual Catalunya es la de Catalaunia que es también la etimología
de sus fuentes históricas.
Si Alfonso II no nos quiso legar el
significado de su corónimo elegido, es en principio muy difícil, histórico y
lingüísticamente, la determinación científica de una etimología que complemente
y dé significado al nombre determinado por el citado monarca sobre las tierras
de su soberanía.
Se puede conjeturar sobre un posible origen
del nombre de Catalunya y se pueden establecer varias conjeturas posibles pero
sin afirmar que cualquiera de ellas sea la cierta, y en cualquier caso la
investigación debe iniciarse desde el corónimo Catalaunia del siglo XII y de su raíz catalaun-, buscando
connotaciones o afinidades de dicha raíz con otros términos toponímicos o
étimos anteriores, posiblemente relacionados con
la misma raíz. Más adelante entraremos en ese detalle
XXII.- Etimologías bien trabadas pero
desechables por no responder lógicamente a las expectativas de dicho rey
Alfonso II sobre el sentido que se supone que quiso darle al corónimo
declarado.
Excepto la etimología de Cataluña de
Otger Cataló, todas las etimologías encontradas son prosaicas y nada épicas, pero
la citada etimología es inasumible por su falta de credibilidad.
El etimologista debiera empatizar con
el pensamiento de los condes de esa época medieval y ponerse en su piel, como
dicen los franceses, para atisbar sus deseos y anhelos. Hemos visto varias
etimologías de Cataluña, alguna de ellas muy interesante, pero que por falta de
trascendencia y de sentido épico, nosotros rechazaríamos, si nos pusiésemos en
las pieles de los condes catalanes de la época.
Algunos etimologistas pararon mientes
en un castillo fronterizo ya inexistente, cerca de Monzón, llamado Talunia, y
que en árabe transliterado al español seria al-qala6 t at Talaunia, en donde /6/ corresponde a una consonante, parecida a una (a) profunda
con un fuerte sonido arrastrado faringal, que parece un gruñido, la /q/ tiene
un sonido uvular velar (gutural), y la t final es una marca de femenino con
sonido /t/, cuyo sonido enlaza con la vocal inicial de la siguiente palabra.
Castillo = قلعة > pronunciado aproximadamente:
qala6at; y castillo de Talunia se
pronunciaría aproximadamente: qala6at
at Talunia cuya fonemática se acercaría a la de Catalunia= كاتالونيا .Y Si suprimimos el artículo at-(con
consonante lunar), tendríamos en árabe andalusí o en mozárabe, para Castillo
Talunia el vocablo Qalat Talunia, que acabaría pronunciándose
/katalunia/, al cambiar por influencia mozárabe la consonante uvular velar (gutural)
/q/ del árabe por la velar indoeuropea /k/, terminando escribiéndose en
romances latinos como Catalunia, pronunciado igual que Catalunya.
Monzón y su zona cayeron bajo el
dominio musulmán, y varias veces pasó a manos cristianas y viceversa a las musulmanas. La
primera reconquista la hizo el Cid en el año 1089 y la última por los
templarios en el 1143.
Al parecer el historiador y arabista
Vernet encontró un escrito antiguo sobre el castillo de Talunia que por ser
fronterizo con Catalunya, pudo muy bien llamarse el Castillo Qatalunia,
quizás cuando Catalunya en ciernes se llamaba oficiosamente Catalaunia.
En todo caso, al parecer, dicho
escrito debió ser anterior a 1143 y por supuesto antes de la declaración por
Alfonso II sobre Catalonia, posiblemente cuando corría de voz en voz la
oficiosa Catalaunia, pronunciada ya Catalonia, y en tierras no reconquistadas, en
la que los andalusíes musulmanes y mozárabes que cambiaron
la vocal o fonema /o/ por la vocal o fonema /u/, probablemente pronunciaron Catalonia como /Katalunia/, y
luego dicha pronunciación se extendió por toda la zona de habla catalana, ya en
la segunda mitad del S.XIII, incluido el reino de Valencia y las Baleares, y
con la grafía de Catalunya
Los fonemas vocálicos del árabe se
diferencian según su grado de abertura, según la posición de la lengua:
anterior, posterior o central y por la supresegmentación de cantidad. Los
fonemas o vocales básicos del árabe se fundamentan en el Corán y son los
siguientes: /a/: vocal central abierta, /i/: vocal anterior cerrada y /u/:
vocal posterior cerrada. Estos fonemas presentan alófonos, principalmente
dialectales, pero no son fonémicos y se producen automáticamente, al articular
las consonantes silábicas y las palabras, según las particulares circunstancias
individuales, sociales o dialectales. Así, Catalonia en árabe كاتالونيا se pronunciaba /kātālūniyāt/
y también se llamaba منطقة كتالونيـا -Zona de Cataluña, donde mintaqat=zona-. En este ejemplo se ha
conservado el fonema o vocal /u/ en lugar del alófono /o/, cuya vocal no tiene
correspondencia grafémica en árabe.
En otro ejemplo لاردة hubiese
debido pronunciarse Lārida(t), y sin embargo
en dialecto andalusí se pronunció Lērida, ciudad taifa que una vez
reconquistada empezó a llamarse Lérida y posteriormente, al catalanizarse, se
convirtió en Lleida, por palatización de la consonante lateral “l” y pérdida de
la consonante vibrante “r”; en este caso
el alófono /e/, sin representación grafémica, substituyó al fonema-
vocal árabe /a/.
Las tres vocales mencionadas de la
lengua árabe no tienen acentos, sólo tienen cantidad (son normales o largas).
Sus grafemas son signos diacríticos que se ponen encima o debajo de las
consonantes, pero solo en el Corán (o para su enseñanza). Los escritos árabes,
en imprenta o en cursiva, no llevan signos diacríticos, por lo que deben
conocerse los fonemas vocálicos de cada palabra, lo que se facilita por
agruparse las palabras en familia de palabras. La cantidad de las consonantes
se consigue mediante las consonantes dobles o geminadas.
En la Catalunya Nova, en el Reino de
Valencia y en las Baleares la presencia árabe fue muy importante en el pasado,
de la cual quedan numerosos vestigios, principalmente en su toponimia y en sus
gentilicios.
No nos debe extrañar por ello la
influencia fonética del árabe sobre la pronunciación del corónimo de Catalunya,
en tanto que en toda la Occitania, incluído el Valle de Arán, se conserva la
{o} de la tercera sílaba, escribiéndose Catalonha; en Francia Catalogne y en
toda Europa fonemáticamente se pronuncia como /Katalonia/ o muy parecido (en
inglés: Catalonia, en alemán: Katalonien, en italiano: Catalogna, en ruso y
otras lenguas eslavas: Каталония>/Kataloniya/). Sin embargo en vasco:
Katalunia y en portugués Catalunha, fonemáticamente como Catalunya, cambiando
el grafema {o} por el {u}.
Ese fenómeno lingüístico de las zonas
ibéricas o hispanas de cambiar en sílaba interior la letra {o} por la {u} se
produce también con Gascuña, en castellano y Gascunya en catalán, en tanto que
en francés y otros idiomas, incluído el vasco, el portugués y el alemán, se
escribe Gascogne, mientras que en occitano, incluído el aranés, se escribe
Gasconha, si bien la /o/ de su segunda sílaba se pronuncia cerrada.
Volviendo al tema en cuestión Qatalunia, castillo fronterizo, y Catalunia
corónimo del territorio catalán, los debió encontrar muy parecidos el
investigador arabista para proponer Qatalunia (castillo) como etimología de
Catalunya (corónimo).
Lamentamos no conocer su trabajo,
probablemente muy meritorio sobre la mencionada etimología, de la cual hemos
intentado hacer una simulación de su posible investigación para comprobar esa etimología.
Hemos expuesto la anterior etimología
con cierto detalle pero no para aprobarla, sino para desecharla como muy poco
posible. Dijimos que había que ponerse en la piel del nominador de Catalonia,
que eligió el corónimo que quiso, que lo pudo
manipular, por ejemplo con el toque o marca de goticidad de la etimología popular,
para dar al corónimo un carácter godo. El citado castillo de Talaunia no era lo
suficiente importante para dar nombre a tan extenso territorio e importante
dominio para el creador del mencionado corónimo.
Nos referimos al rey Alfonso II, cuya
motivación para tomar la decisión de nominar unas tierras como Catalonia queremos llegar a vislumbrar y
del cual poco sabemos, sólo que le apodaban el Casto, y que por sus hechos parecía
muy prudente y sabio político.
Fundamentar el coronimo de Cataluña
en un castillo fronterizo no tiene nada de épico, ni tampoco lo tiene el que en
su territorio haya muchos castillos, cuya nominación, aparte de poco épica,
sólo ocurriría probablemente en el caso de que se tratase de un exónimo, pero
no en el caso de un endómino.
Si despertase el nominador de Catalonia
y viese que interpretaban a su corónimo como “Tierra de Castillos”, seguro que
se mesaría los cabellos pensando que le habían mal interpretado.
XXIII.-Aplicación del Postulado de Ockham al método histórico. Intento heurístico de interpretación del corónimo Catalaunia.
Postulado: “La Navaja
de Ockham nos dice: en
igualdad de condiciones la solución más sencilla y lógica es probablemente la
correcta.”
Su corolario es el siguiente:”No ha
de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias.”
El postulado expresado en latín es el
siguiente: “Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem”,
Aplicación concreta de dicho
postulado.- Si Catalaunia es el origen etimológico de
Catalunya, de raíz “catalaun-” (catalaun-
i-a), aplicaremos la lógica y el
principio de la Navaja de Ockham, procurando relacionar la mencionada raíz “catalaun-“
con un término de la misma raíz, geográfico o histórico anterior, a ser posible
de connotaciones épicas, de identidad goda y comunes con el espíritu de los
condes y de la población aristocrática y señorial de los condados de la Marca
Hispánica, luego llamada “Cataluña Vella”.
Intentaremos averiguar lo que Alfonso
II no aclaró (como al parecer tampoco desearon los condes de Barcelona),
dejando un halo de misterio al no explicitar el origen del corónimo, además
nadie pudo ni podría luego cuestionar su elección. ¿Pero algún origen o
significado tendría ese topónimo latino, de raíz “catalaun-“ ? Intentaremos
averiguarlo.
Los términos que hemos de intentar
relacionar con otros externos, buscando conexiones y connotaciones comunes, son
los étimos de la raíz etimológica catalaun- siguientes: catalaunus y catalaunicus (singulares); catalauni y catalaunici (plurales), correspondientes a
gentilicios de Catalaunia que
es la primera versión latina de Catalonia, y como aparece escrita en el Liber
Majolichinus y en otros textos latinos.
Dichos étimos los hemos de comparar y
relacionar con los mismos términos o similares, aplicados a pueblos anteriores,
preferentemente a los visigodos o a lugares geográficos de especial connotación
en concomitancia con los condes y población de ascendencia visigoda de los
condados de la Marca Hispánica.
XXIV.-Enfoque inicial, conjetural o heurístico, de un
posterior estudio etimológico, a partir de
Catalaunia.
Una vez desechada la etimología
popular o gótica de Cathalaunia o Cathalonia por defectuosa y también por
aplicación del principio de Ockham debemos intentar buscar una relación
exterior del corónimo Catalaunia, a
través de su raíz catalaun-
Si Catalaunia era el punto final de un enfoque etimológico, dicho
término es el inicial en un enfoque heurístico de un juicio de valor sobre una
decisión de un Rey y Conde sobre el corónimo apropiado para las tierras
condales de su soberanía.
Aplicaremos el postulado de Ockham a las conjeturas posibles sobre
el mencionado juicio de valor de la decisión
del Rey Alfonso II, para elegir Catalonia/Catalaunia
como corónimo del territorio de su soberanía.
Como corolario de dicho postulado intentaremos
buscar una relación lógica y sencilla entre los étimos derivados de la raíz catalaun-,
aplicados a los condes y condados de la Marca Hispánica con los mismos étimos
aplicados a una situación anterior de otros pueblos, y principalmente con los
reyes y reinos visigodos, en sus aspectos homónimos, toponímicos, étnicos o
históricos, habida cuenta del deseo que la impronta de identidad goda marcase a
la “población catalana”, como sucesora de la visigoda, como los condes de la
Marca pretendían, conforme a los indicios que
tanto la fuente escrita como la oral gótica indicaban.
XXV.-Un inciso aclaratorio: Población con derecho a la
identidad goda.
Población referida a la aristocracia:
a los condes y nobleza goda, a los caballeros descendientes de los visigodos, a
los caballeros de espada, a los patricios de ascendencia hispanogoda o
hispanorromana, es decir a los señores y “ricos homes”, a los señores de las
villas y de los castillos y a los altos prelados, a gran distancia, con un
estatuto especial seguían los clérigos y otros eclesiásticos; la otra parte de
la población, el pueblo constituido por la “remensa” o “pageses de remensa” no
contaba para esa impronta de identidad goda, ni los judíos tampoco.
Esa situación de feudalismo integral
se dio en la Marca Hispánica que más tarde se conocería como “Catalunya Vella”.
La nova Cataluña, Larida y Tortuixa, en esa época eran taifas y todavía no se
habían reconquistado.
Los marquesados de la futura
Catalunya Nova. Los citados taifas los reconquistó Ramón
Berenguer IV como Princeps d’Aragó/ Aragón, en nombre de Ramiro II, creando los
marquesados de Lérida y Tortosa, que se incluyeron en el reino de Aragón, para
evitar enfeudarlos con el rey de Francia.
Alfonso II da a entender
implícitamente en su testamento que dichos marquesados formaban el Principado
de la Nova Catalunya. Con Jaime I se incorporaron a Cataluña.
En este caso al hablar de la
población, hay que tener en cuenta el proceso de feudalización iniciado en el
S.XI, en la que luego sería la Catalunya Vella, por el cual los payeses de
remensa no eran considerados caballeros, y tanto ellos como sus hijos estaban
sometidos a sus señores, no pudiendo sin su permiso contraer matrimonio ni
abandonar sus tierras, estando adscritos a la gleba.
Esa situación no fue tan severa en la
Catalunya Nova por la necesidad de repoblarla mediante la modalidad de adquirir
la propiedad por la “aprisio” o presura, que fueron unos antecedentes,
aunque menos liberales, de los censos enfitéuticos del derecho romano
fundamentado en el Codex de Justiniano y en las compilaciones de sus
posteriores obras, en cuya legislación se consideraba el laudemio, lo que no
ocurría en las aprisio por el cual los campesinos quedaban adscritos a la gleba
pagando un censo perpetuo, o prestando servicios sin redención alguna.
Esa injusta relación entre el Señor y
el payés la suprimió el Rey Fernando, el católico, y como conde de Barcelona
Ferrán, con la sentencia arbitral de Guadalupe de 1486, en la que quedaron prohibidos
los malos usos de los señores.
XXVI.-Los catalauni
de la Campania Gala versus los “catalauni”
hispánicos.
Como antes ya lo hemos anticipado,
nos encontramos con el pueblo celta catalaun, de los catalaunes (catalauni en
latín), asentado en la Campania gala y en las márgenes del río “Matrona”
(Marne), habitando en un “Oppidum” (recinto-ciudad fortificada) llamado Catalaunum.
Según Estrabón una fracción de ese
pueblo se unió a los celtas tectosagos, desplazándose a la región de Carcasona,
en el S.II a.de C.
Los catalaunes, cuyas “Oppida” (plural latino de Oppidum) en ruinas
todavía pueden verse en Francia, no tienen nada que ver con los catalanes del
S.XII de la recién proclamada Cataluña por Alfonso II.
Sólo coincidieron en la identidad de
sus gentilicios homónimos, en latín; mientras que los gentilicios de los catalaunes (catalauni) son originarios y correspondientes a su pueblo catalaun; los idénticos gentilicios de
los catalanes hispánicos se dedujeron de su corónimo Catalaunia, en latín, proclamado por el rey Alfonso II como Catalonia, pasando el gentilicio plural
a catalani, en lugar del anterior catalauni deducible de la morfología latina.
La mayoría de los incipientes
catalanes hispánicos del siglo XII, de la que luego fue denominada Catalunya
Vella, tuvieron una etnia hispanorromana con
substrato ibérico y vascoide, con algunos rasgos celtas pirenaicos, y un superestrato
visigodo, con una minoría dirigente de clara ascendencia visigoda, además con una
escasa presencia árabe o bereber y una numerosa población judía. Ninguna
población catalana tuvo algo que ver con los “catalaunes” de ascendencia celta galo-belga.
Además los catalanes de la recién declarada
Cataluña eran los catalanes hispánicos de los S. XII y XIII, en tanto que los “catalaunes” de la Campania gala
aparecieron en dicha zona en el S.IV a. de C., y con la ocupación romana se
integraron en el Imperio como galorromanos, abandonando sus Oppida, y en poco
más un siglo se romanizaron.
XXVII.-Etnia diferente, zona diferente y pueblos diacrónicos:
Los pueblos “catalanes” y
“catalaunes”, citados, son de diferente etnia, de diferente zona de hábitat y
de presencia diacrónica en relación con el tiempo, luego no tienen relación alguna.
Los
topónimos Catalaunum y Catalaunia son parónimos, pero sus respectivos
gentilicios son homónimos homógrafos, es decir que tienen el mismo significante
con idéntica grafía y distintos significados, lo que en principio indica raíces
y etimologías diferentes, pero esos gentilicios pueden tener una relación
indirecta con una raíz común, por un cambio semántico de uno de los
gentilicios. Lo que trataremos luego de explicar.
El conocimiento de la relación o no
relación de las raíces de es fundamental para poder seguir investigando sobre
la posibilidad de encontrar una relación entre “Catalaunia”, etimología final de Catalunya, con alguna referencia
exterior que de momento no nos aventuramos a decir sin haber antes determinado
la probabilidad o falta de probabilidad de una relación entre ambas raíces.
Catalaun-um,
de raíz “catalaun” y sufijo -um, propio de los Oppida, significa”la
fortaleza del mejor combatiente”, y también la “fortaleza del pueblo de los catalauni”, “los mejores
combatientes”. La raíz “catalaun” significa,
en celta, el mejor combatiente, con plural en catalaunes. En latín catalaunus, en
singular, catalauni, en plural.
Catalaunia, es decir Catalaun- i-a tiene “supuestamente” la misma raíz
“catalaun”. Como corónimo creado no
tiene propia etimología, ni significado, en principio conocido, sin embargo es
la etimología de Catalunya. Una vez creada Catalonia,
“catalani” sería el gentilicio latino
“dels catalans”, como ya hemos dicho
Al entreencomillar “supuestamente”
en el párrafo anterior, queremos indicar que hay que preguntarse si la raíz “catalaun” de ambos topónimos corresponde
a dos raíces homónimas con distinto significado, y por tanto independientes, o
bien tienen la misma raíz lo que permitiría establecer una relación indirecta y
semántica a través de sus respectivos gentilicios, ya que como hemos afirmado una relación directa entre
las poblaciones de los citados topónimos es conceptualmente imposible e ilógica
en los enfoques históricos y lingüísticos de dicha relación.
Si podemos admitir la posibilidad de
esa relación mediante una relación probable entre sus respectivos gentilicios.
y además podemos evidenciar la probabilidad prácticamente nula de la
coexistencia de dos raíces latinas independientes del mismo significante en el
Medioevo, de las características de “catalaun”.
Podemos aventurar a afirmar, sin
equivocarnos, que la raíz de ambos topónimos es común.
XXVIII.-Homonimias. Raíz común
versus raíces independientes de Catalaunum
y Catalaunia. Barcelona y las Barcelonas, como ejemplo de topónimos
dependientes
Los topónimos, Catalaunum y Catalaunia son topónimos medievales latinizados, que
tienen la misma raíz celta, catalaun- y comparten la homonimia de los gentilicios
de sus poblaciones, todos ellos declinables, lo que indica una homonimia
especial de dichos gentilicios con diferente significado. Si tienen la misma
raíz, de una u otra forma deben de estar relacionados dichos étimos homógrafos.
En cambio, si excepcionalmente tuviesen ambos topónimos dos raíces
homónimas independientes, con diferente significado, entonces sus
correspondientes étimos no estarían relacionados.
Determinaremos mediante la inferencia estadística que ambos topónimos
tienen, con certeza práctica, una raíz común, lo que intuitivamente ya
vislumbrábamos.
Vamos ahora a poner un ejemplo
relacionado: Hay cerca de treinta ciudades “Barcelona” en todo el mundo,
fundadas por catalanes viajeros, o por simple coincidencia o capricho. El mundo
es más grande de lo que imaginamos, y la redundancia es habitual.
Algunas Barcelonas son parónimas,
otras homónimas. Algunas Barcelonas comparten gentilicios parónimos, mientras
otras los comparten como homónimos. Pero dichas ciudades y sus correspondientes
habitantes no tienen nada que ver unos con otros, sus significados son diferentes.
Suelen tener las distintas Barcelonas raíces iguales o parecidas, según el
idioma, pero todas están relacionadas con la Barcelona original, no tienen
raíces independientes. En cuanto a su etimología, todas las Barcelonas, excepto
la original, hacen referencia a dicha Barcelona.
Debido a la diversidad de las lenguas
y usos lingüísticos diferentes de una misma lengua no se pueden dar normas a la
toponimia moderna, todo lo contrario a las rígidas reglas de la normativa
toponímica latina. Hemos expuesto un ejemplo de gran complejidad con varios
idiomas, aunque en toponimia siempre surgen complejidades.
Puede uno encontrarse con topónimos
tan deformados que sólo el conocimiento de sus decursos históricos puede
confirmar su procedencia. ¿Quién diría que Estambul procede de Constantinopla o
Iskanderbul de Alejandría, a través de un intermedio Alexanderpolis?, ambos
ejemplos con el sufijo -bul, árabe, de polis; dicho sufijo
corresponde a –pol, en ruso, así tenemos Sebastopol; en alemán el sufijo es –pel, con
una antigua ciudad del Imperio austrohúngaro, Maria-Theresiopel, hoy Subótica en la Voivodina serbia.
Lo que sí interesa recalcar es que
para unas treinta Barcelonas sólo hay una Barcelona originaria y origen de las
otras. Una vez originado un topónimo plurilítero, en este caso enéalítero, es
casi imposible que surja por azar un topónimo homónimo independiente del citado
topónimo originario. Todas las Barcelonas están relacionadas con la originaria,
ninguna ha surgido por azar, incluso las que puedan haberse fundado por una
razón caprichosa y de espaldas a la Barcelona originaria, aunque lo normal es
que exista algún vínculo que las relacionen con dicha ciudad originaria.
XXIX.-Raíz común de Catalaunum
y Catalaunia, aún sin relación
conceptual alguna. Catalaunia como
etimología final descarta cualquier otra etimología. El adjetivo “catalaunicus” como nexo de unión de los
casales condales con los visigodos . Justificación del corónimo elegido.
En el caso que nos atañe Catalaunum y
Catalaunia tienen con toda la certeza práctica la misma raíz latina “catalaun-”
pero el primer topónimo era un Oppidum celta con población galo-belga y el
segundo era el corónimo latino precedente de la incipiente Catalonia y única
etimología verdadera de la actual Catalunya, que descarta cualquier etimología
de las realizadas y de las que se puedan realizar, porque la declaración de
Alfonso el Casto proclamando fehacientemente el corónimo de Catalonia, sin
mayor explicación, cierra el paso a
cualquier investigación etimológica que pueda realizarse, y que quiera
salirse de los límites de la investigación que nosotros nos hemos impuesto,
marcado por el principio de la Navaja de Ockham de que lo sencillo tiene más
probabilidad de ser cierto que lo complicado.
Ese gentilicio catalaunicus, con
plural catalaunici, inmediatamente nos lleva a la batalla en esos campos: Campi Catalaunici Proelium, como
señuelo para investigar posibles relaciones y connotaciones entre los condes de
la Marca Hispánica y los protagonistas visigodos de dicha batalla.
El gentilicio adjetival catalaunicus, aparte de ser gentilicio
aplicado a dos condes de la Marca antes de la proclamación alfonsina de Catalonia, también había adjetivado
antes al lugar de una relevante e importantísima batalla de la humanidad a la
que también había dado nombre: la Batalla de los Campos Cataláunicos”, “Campi Catalaunici Proelium, o también
Batalla de Châlons, en Francia y en otros países.
No hay reclamo más claro y directo
que catalaunicus o su plural catalaunici para relacionarlos con Catalaunia, y ese es el camino sencillo
que Ockham seguramente nos indicaría para intentar establecer esa relación, que además es la única lógica
relación posible, desechadas por imposibles las relaciones con los
gentilicios directos de los catalaunes
galos.
Catalaunicus y catalaunici son gentilicios polisémicos, mediante unos cambios semánticos,
por los cuales adquirieron relevantes significados que hicieron palidecer y
olvidar sus modestos significados originarios que sirvieron para dar nombre a una
limitada comarca del actual Marne habitada por una modesta población gala de
origen belga, los catalaunes,
estipendaria de los galos reme del
Oppidum Durocortorum (Reims) y pronto absorbidos en el mundo galorromano.
La referencia cataláunica a esa
batalla ha eclipsado cualquier otro significado de dichos gentilicios adjetivales,
ajeno a dicha batalla.
Dicho nuevo significado del
gentilicio, por cambio semántico, correlaciona con la honrosa gesta de los
reyes visigodos, verdaderos protagonistas de la citada batalla, en la que rey
visigodo Turismundo tuvo que ser frenado por Flavio Aecio para no aniquilar al
ya vencido Atila rey de los hunos.
Los reyes visigodos fueron laureados
con el sobrenombre de “catalaunicus”
por su pueblo, el cual probablemente también tomó ese gentilicio como hipocorístico.
Meroweg o Meroveo, rey de los francos
se supone que estuvo presente en la mencionada batalla pero los francos no le
otorgaron el título de catalaunicus, los alanos se comportaron bien en la
batalla pero su caudillo es poco conocido.
Aecio, magister Militum de los romanos fue el jefe militar de la coalición
contra los hunos, pero no recibió el merecido reconocimiento de su emperador
por su hábil estrategia, al contrario fue asesinado por Valentiniano III.
Indudablemente los visigodos fueron los verdaderos protagonistas de la batalla
y alcanzaron la gloria.
Los condes de la Marca debieron estar
orgullosos de sus antepasados visigodos porque a algunos de ellos, en relación
con sus hazañas en la Cruzada balear, recibieron el sobrenombre de catalaunicus.
Debieron de existir muy buenas
razones para la elección del corónimo Catalaunia
en el casal del condado de Barcelona, que nada tenía que ver con el pueblo
catalaun ni con su Oppidum
Catalaunum, pero sí que tenía que ver con la Batalla de los Campos
Cataláunicos, cuya connotación épica era muy entrañable y propia para los
visigodos y para sus descendientes los condes
catalanes, orgullosos de su estirpe goda.
Por
la anterior consideración entendemos que se puede introducir el gentilicio catalaunicus como eslabón lateral de la
cadena etimológica de Catalunya, para dar sentido a la elección por el casal de Barcelona
del corónimo de Catalaunia, ya que de
no hacerlo carecería totalmente de justificación dicha elección posterior de Catalonia.
Los topónimos Catalaunum y Catalaunia
son paranóminos, con gentilicios homónimos con el mismo significante y
significados totalmente ajenos los de uno y otro caso. Pero los gentilicios son
homónimos por tener supuestamente la misma raíz, “lo cual intentaremos evidenciar por la inferencia de la certeza
práctica de que el supuesto contrario, de dos raíces diferentes, tiene nula
probabilidad de ser cierto. Lo que quiere decir que es casi imposible que ambos
topónimos tengan raíces diferentes independientes.”
Catalaunum, oppidum, tiene su propia
etimología, pero Catalaunia no la
tiene reconocida, pero en algo debió parar mientes Alfonso II cuando eligió,
proclamó y divulgó el corónimo de Catalonia.
Ese corónimo bajo la forma de
Catalaunia es el que también figura en el
Liber Maiolichinus, y como el de Cathalaunia, al que llega la etimología popular, supuestamente ambas fuentes
etimológicas relacionadas, una pisana y catalana la otra. La declaración
alfonsina de Catalonia, también fuente histórica, no hace sino ratificar a
Catalaunia como etimología inicial para determinar el significado de ese
nombre, ya que la etimología Göteland de Cathalaunia es incierta y por cuya
razón la “falsamos”.
Es posible que los condes de Barcelona se dejaran influir por la etimología
popular, pero lo más probable es que la propiciaran, habida cuenta que ambas
fuentes citadas expresaban de forma diferente los deseos y aspiraciones de
goticidad del casal de Barcelona. Ramón Berenguer III debió transmitir los
étimos catalanes a los pisanos, en sus dos años de convivencia con ellos. Los
pisanos fueron los mensajeros de esos étimos catalanes.
XXX.-Fuentes históricas. Condiciones necesarias y convenientes
que debía de cumplir en su momento el
Corónimo elegido Catalonia: fundamento épico y refuerzo de
la identidad goda.
Antes de continuar no nos cansaremos
en recalcar que el corónimo Catalonia/Catalaunia fue una creación de Alfonso
II, que probablemente respondía al sentir del casal de Barcelona que durante
años, o quizás siglos, guardaba celosamente la tradición del mencionado
corónimo para aplicarlo en el momento oportuno, lo que llevó a cabo Alfonso el
Casto de dicho casal de Barcelona.
En realidad sólo debió existir una única
fuente histórica, con manifestaciones independientes, controlada por el citado
casal y que proporcionó información a la fuente secundaria pisana.
Dichas fuentes aparecían como
independientes, porque la una no citaba a la otra, pero no eran tan
independientes porque ambas buscaban el mismo objetivo de reforzar la identidad
goda de las aristocracias condales y expresar que el corónimo del conjunto de
las Tierras de dichos Condados era en ambos casos Catalaunia. (Escrito en lengua
latina, idioma en el que se redactaban todos los escritos medievales en el S.XIII.)
Qué Catalunia era la etimología
propiciada por el casal condal de Barcelona, lo evidenció el propio rey Alfonso
el Casto con su declaración sobre Catalonia como futuro nombre de las tierras
de su soberanía, con el precedente de la Catalaunia de su abuelo Ramón
Berenguer III y la segura relación entre éste y el cronista del Liber
Majolichinus, que en sus crónicas narraba puntuales y prolijos detalles cataláunicos,
propios del conocimiento del citado conde, y citaba en dicho Liber Catalaunia y
Catalaunicus, entre otros étimos.
El coronimo elegido debería de haber
reunido unas especiales condiciones, entre ellas tener una connotación épica,
no prosaica, y luego el que en dicho corónimo quedase reforzada la identidad
goda de la aristocracia dominante y dirigente, para diferenciarse de los ifranj o franci, sus seculares enemigos, con los que eran confundidos en el
Al Andalus, en los reinos cristianos peninsulares, e incluso mucho más tarde en
el Imperio Bizantino y en el Ducado de Neopatria.
XXXI.-Nexos de unión en relación con las connotaciones y
afinidades mostradas entre los condes de la Marca y sus antecesores, los reyes
visigodos, protagonistas principales en la Batalla de los Campos Cataláunicos.
En las crónicas pisanas se citan a unos
heroicos condes con el adjetivo de “catalaunicus”, en relación con
Catalaunia.
Unos reyes visigodos fueron laureados
con el título de “catalaunicus” por
su victoria en la batalla de los campos cataláunicos. (Campi Catalaunici
Proelium).
“Catalaunicus” y
su plural “catalaunici" pueden
ser dos nexos comunes entre los Condes de la Marca del siglo XII y los reyes
visigodos del siglo V.
Todos los razonamientos anteriores
nos conduce a llevar la investigación al terreno de la latinidad medieval y en
relación con la forzosa raíz común “catalaun”(aspecto
que luego evidenciaremos), o en relación con sus gentilicios homónimos, catalaunicus y catalaunici, en dos situaciones diacrónicas relacionables por sus
connotaciones, una de ellas la de gentilicios de los condes y condados de la
Marca de los siglos X al XII, y la otra relacionada con el nombre de la importantísima
batalla de los Campos Cataláunicos, y con el gran protagonismo de sus
antecesores los visigodos en dicha batalla del S.V.
XXXII.- Vettus catalaunum. Los catalauni
galli y los campi catalaunici.
Los catalaunes o “catalauni galli” es
un pueblo muy poco conocido y ni siquiera los cita Julio Cesar en su libro “De
Bello Gallico”. La más antigua mención
escrita sobre su Oppidum, hacia 850, cita Vettus catalaunum; ese viejo Châlons debió ser el
principal Oppidum de los catalaunes, tributarios de los Reme del ya citado Oppidum Durocortorum.
Dieron nombre a la comarca de su
hábitat en Catalaunum
(Châlons-en-Champagne, sur Marne), dicho nombre fue el de los campos
cataláunicos, en latín campi catalaunici.
En dichos campos se libraron dos
importantes batallas: En el año 273 d.C, ya se libró una batalla cerca de
Catalaunum entre Tétrico I y su hijo Tétrico II, del rebelde Imperio galo
contra el emperador romano Aureliano, que venció a los rebeldes; y en el año
471 se libro una de las batallas más importantes de la humanidad entre el
Imperio romano y sus aliados, y los hunos de Atila y respectivos aliados,
conocida como Batalla de los Campos Cataláunicos o batalla de Châlons.
XXXIII.-Cataláunicus
como gentilicio condal y Cataláunicus
como laureado título visigodo, como
supuesto eslabón colateral de la cadena etimológica de Catalaunia. Relación y connotación
de dichos adjetivos y su plural catalaunici
con el sintagma adjetival “campi catalaunici” que dio nombre a la batalla más
importante del Medioevo, en detrimento de su significado original. Catalaunicus o Catalaunus como posible
etimología con significado de Cataluña.
Catalaunicus
fue un gentilicio aplicado a los Condes de la Marca en el Liber Majolichinus,
unos sesenta años antes de la declaración de Alfonso II sobre Catalonia, y catalaunicus fue también un laureado
título concedido por el pueblo a sus reyes Teodorico, post mortem, y Turismundo
por su gran victoria sobre Atila y los hunos. Catalaunici, plural de Catalaunicus, es el nombre de los campos o
lugar donde se supone se libró la batalla citada.
Catalaunicus/catalaunici, únicamente en su acepción adjetival o “campi catalaunici”,
sintagma adjetival, que dio nombre a la Batalla de los Campos Catalaunicos podría
ser un eslabón colateral inicial de la cadena etimológica, que creemos como muy
probable, y no refutable, ser la etimología de Catalunya, aunque de imposible
verificación por falta de fuente escrita que lo corrobore.
Sin embargo es de absoluta necesariedad admitir “catalanicus” como
etimología de Catalunya para encontrar una
justificación lógica de la elección por Alfonso el Casto del corónimo
Catalonia, ya que si no se acepta dicho origen etimológico de Catalunya, se
quedaría dicho corónimo sin etimología propia y sólo le quedaría el mal remedo
de una referencia a la raíz catalaun, propia de los catalauni galli-belgae,
pero sin sentido etimológico propio para los catalani hispanici, ya que aunque
ambos pueblos compartan una raíz común, no tienen dichos pueblos ninguna
relación filogenética o histórica común.
En latín, catalauni se emplea como gentilicio substantivo plural, en relación
con el pueblo de los catalaunes, y se
puede emplear también como adjetivo: campi
catalauni; catalaunici se emplea
como adjetivo gentilicio, en relación con algo que pertenece a ese pueblo de catalauni (o de catalaunes), como “campi catalaunici”, pero al librarse en
dichos campos quizás la batalla más importante de la humanidad, esos campos
adquirieron unas connotaciones y un significado que hicieron olvidar su
significado anterior, aunque el término se convirtió en polisémico.
Alfonso el Casto no se pronunció respecto al
significado del corónimo, lo que pudo ser un lapsus de dicho rey o bien esa
omisión fue intencionada. La consecuencia de esa omisión propició una búsqueda
de etimologías para Cataluña desde el S.XV hasta la actualidad.
Nota: “catalauni y catalaunici”
se traducen por catalans y, “catalaunus y catalaunicus” por català,
empleándose ambos gentilicios catalanes como substantivos o adjetivos. Dicho
gentilicios catalanes y los gentilicios homógrafos de los catalaunes galos forman
parte del mismo lexema o familia de palabras, que en principio puede causar
alguna confusión, pero que luego aclararemos.
XXXIV.- Campi
catalaunici versus Locus
Mauriacus, otro posible lugar en donde pudo librarse la batalla contra los
hunos. Campi Gothorum
Campi catalaunici son los campos en donde, muy cerca de Catalaunum, se libró, según Jordanes e Hidacio, la batalla de los
“Campos Cataláunicos” entre el Imperio romano con Aecio, Magister Militum, y
sus aliados, principalmente los visigodos, contra Atila rey de los Hunos y
correspondientes aliados. En latín: Campi
Catalaunici Proelium. En catalán: “La batalla dels Camps
Catalàunics.
Según Gregorio de Tours, Dionisio
Apolinar y los historiadores borgoñones, el lugar de batalla se encontraba
cerca de Troyes, en un lugar denominado Locus
Mauriacus o Campi Mauriaci, cerca
también de Montgueux (Mount-gothi). Posiblemente la batalla se libró entre
Montgueux y Troyes, en el Sena y no en la zona de la actual Châlons-sur-Marne.
Pero Jordanes que la narró prolijamente cien años más tarde, le puso el nombre
del lugar de los “campi catalaunici”, sin embargo los especialistas franceses
actuales se inclinan por el “Locus Mauriacus”, como el verdadero lugar donde se
libró la batalla. Comarca en el Sena de los galos parisii, no de los catalauni galli. Pero las cosas son las que se
escriben y Jordanes nos legó el nombre de Campi
Catalauni Proelium para la batalla que el mundo occidental libró contra los
bárbaros hunos y su temido jefe Atila, el
Azote de Dios. “A furore hunorum liberanos Domine” se incluyó en el rezo de
las letanías de la época.
El recuerdo de esa Batalla, recordada
todavía, se debió celebrar durante mucho tiempo en la Edad Media y es muy
posible el que se adoptase y emplease el hipocorístico de “catalaunicus” entre los visigodos al igual que a sus reyes.
En el cuerpo de este Ensayo analizaremos
esos campos de batalla “campi”, que también pudieron llamarse campi gothorum, porque esos campos eran
los de las frecuentes correrías o razias de los visigodos contra los francos,
cruzando el Loira por el Este y llegando al Sena (Vide: La G.E. Larousse, al
respecto); veremos también las connotaciones propias de los campos de batalla
medievales, en un anexo a este ensayo.
XXXV.-Gentilicios de Catalaunia y Catalaunum en latín francés
y catalán
Normalmente los gentilicios los
ponemos en latín, comunes a Catalaunia (Catalunya) y a Catalaun (Châlons), pero
otras veces los de Cataluña los ponemos en catalán y los de Châlons en francés,
por lo cual añadimos el cuadro siguiente para facilitar su lectura.
Latín
|
Francés (Châlons)
|
Catalán
|
Catalaunus
|
Catalaun
|
Català
|
Catalauni
|
Catalaunes
|
Catalans
|
Catalaunicus
|
Catalaunique
|
Catalàunic
|
catalaunici
|
Catalauniques
|
Catalàunics
|
XXXVI.-Necesidad de un profundo estudio holístico y
heurístico sobre las conjeturas posibles del
significado de la raíz catalaun. La
falsación de las hipótesis de Popper en el Método histórico
La aplicación del postulado de Ockham
de buscar la hipótesis más lógica y sencilla en una conjetura no exime de realizar
un profundo estudio holístico y heurístico, casi detectivesco, sobre un
determinado tema para llegar a las posibles hipótesis, fundamentarlas y si es
posible someterlas a prueba para verificarlas y llegar por último a las
hipótesis más probables, ya que a su adveración no se puede llegar.
En el método histórico se puede
demostrar que una hipótesis es falsa y refutable mediante el método de
falsación de las hipótesis, de Popper pero no se puede demostrar la certeza
de una hipótesis, quizás como máximo se puede alcanzar una certeza práctica.
Una buena ambientación histórica y mucha meditación facilita el buscar las
conjeturas o hipótesis más probables.
No hay que confundir “falsar” y
“falsable” con falsear y falseable, los dos primeros términos falsar y falsable
son términos que corresponden al método histórico de falsación de las hipótesis
de Popper en el sentido de poder
invalidar una hipótesis o que una hipótesis pueda ser invalidada, en ambos
casos por falsa, más adelante nos extenderemos sobre este tema.
XXXVII.-Fuentes de gentilicios encontradas.-Gentilicios polisémicos
Hemos encontrado en este estudio
cinco fuentes para los topónimos y gentilicios de igual grafía, tres de ellas se
refieren al mismo corónimo de Catalaunia
y correspondientes gentilicios; las otras dos se refieren al topónimo de Catalaunum y a sus también respectivos gentilicios.
Dichos últimos gentilicios se desdoblan semánticamente y sus derivaciones
semánticas son relacionables de una u otra manera con Catalaunia y sus gentilicios.
Las tres primeras fuentes citadas son:“La declaración
Alfonso el Casto sobre Catalonia (<Catalaunia).”
“Las crónicas pisanas del Liber Majorichinus”
y “La etimología popular”. Dichas fuentes dan lugar a los mismos gentilicios
con el mismo significado. Ninguna fuente cita a las otras dos.
Todas ellas se refieren al corónimo Catalonia o Catalaunia, de las que
inmediatamente se deducen sus gentilicios.
Dicho Liber Maiorichinus cita a Catalaunia
y los gentilicios catalanes como si ya existiesen, cuando en esa época, al
escribirse las correspondientes crónicas, eran en realidad oficialmente inexistentes,
aunque pudieron existir oficiosamente antes. Figuran sin marca de goticidad
{th}
Nota: El “Libro mallorquín” se
presentó en latín como Maiolichinus o Majolichinus, pero también es conocido,
con mayor propiedad, como Majorchinus, gentilicio de la isla Majorica, en
latín, donde el dígrafo (ch), se pronuncia como el fonema /k/ de origen griego.
Ramón Berenguer III debió
proporcionar la citada etimología y sus étimos al cronista del mencionado Liber
Majorichinus, al convivir con los pisanos dos años, tiempo que duro la Cruzada
balear contra los piratas de Al-Andalus; dicho Liber es una importante fuente secundaria y única escrita de
corónimos y gentilicios catalanes; al no ser fuente primaria pueden
considerarse las crónicas del mencionado Liber
como mensajeras de los citados étimos catalanes.
Alfonso II proclamó lo que sería una
futura Catalonia desde Salses a
Lérida y Tortosa, unos sesenta años después de escribirse el citado Liber en 1173 a. D.
Sólo delimitó a groso modo la futura
Cataluña, incluyendo la Cataluña Nueva, pero no hizo ninguna referencia al
significado su corónimo enunciado, es decir al significado de Catalonia. Sin embargo, al enunciarlo,
implícitamente confirmó el corónimo de Catalaunia,
del que procede Catalonia, e
implícitamente quedaron confirmados sus correspondientes gentilicios, con
arreglo a la morfología latina.
Alfonso II tuvo que tener noticia de
los étimos catalanes citados en dicho
Liber. De todas formas creemos que el corónimo elegido por los condes de
Barcelona era hace tiempo el de Catalaunia,
fundamentado probablemente en la tradición condal y en la etimología popular,
propiciada también por el casal del condado barcelonés. Cuando se proclamó el
citado corónimo ya se pronunciaba como Catalonia,
apareciendo con esa grafía en los siguientes textos latinos de los siglos
XII y XIII.
La fuente de la mal llamada etimología popular es
artificiosa y llega a los mismos étimos que las dos primeras fuentes pero
además intenta reforzar la identidad goda de los catalanes, al hacer derivar
Cataluña de Götteland e identificar a los catalanes con los godos escandinavos,
lo cual sin negar la ascendencia goda de muchos de los habitantes de la Marca
Hispánica del S.XII, nos parece excesivo e innecesario remarcar o enfatizar dicha
ascendencia, porque los visigodos
Tolosanos y Toledanos, ya tenían linaje visigodo de origen báltico. Más
adelante trataremos de interpretar esa actitud enfática de goticismo
condal.
Al hablar aquí de los catalanes, nos
referimos a los condes catalanes y la aristocracia catalana de ascendencia
goda. Ésta fuente nos proporciona una etimología de Catalaunia o significado del corónimo en cuestión, pero con una
etimología muy cuestionable. Fue propiciada probablemente por el casal de
Barcelona. Sin embargo al terminar la cadena etimológica en el corónimo Cathalaunia, coincidiendo con el mismo
corónimo de las dos primeras fuentes citadas, pero sin marca de goticidad, nos
da indicios muy claros de que Catalaunia era
el corónimo elegido hace tiempo por el citado casal barcelonés,
independientemente de las fuentes consideradas, que sólo eran aspectos de una
única inspiración del mismo corónimo.
Las otras dos fuentes en relación con
los catalaunes galos son dependientes la una de la otra, y son las siguientes:
la primera de ellas es la fuente original de todos los étimos citados y propia
del pueblo de los catalauni (catalaunes), y del Oppidum Catalaunum, que nada tuvieron que ver con los catalanes de Catalaunia, excepto en sus idénticos
gentilicios latinos, cuyo origen etimológico común es galo-belga, es
decir celta , pero no godo.
La última fuente se refiere a los
gentilicios adjetivales catalaunus y catalaunicus y sus plurales catalauni y catalaunici para determinar el hábitat de la citada población galo
belga y también para dar nombre al lugar y batalla donde se libró una de las
batallas más importantes de la humanidad.
La polisemia de dichos gentilicios
latinos se refiere a la aplicación de los mismos al pueblo galo belga catalaun y a la comarca del hábitat de
dicho pueblo, por una parte, y por la otra al lugar y al nombre de una
importante batalla, en relación a su aplicación a los visigothi, en un
principio, y luego a los catalani (catalanes hispánicos de la Marca
Hispánica).
XXXVIII.-Eventual intrascendencia en la aplicación del rigor
científico en la investigación de las etimologías populares. La raíz catalaun
es un término celta. Prestaciones celtas a la lengua catalana.
Anteriormente ya invalidamos lingüísticamente
la etimología popular de Cathalaunia
por decir que dicho corónimo significa tierra de godos, empero en latín Catalauni-a
significa tierra de catalauni,
término celta prestado al catalan, que significa en celta, los mejores en el
combate, sin que esa etimología sea trasladable a a los catalani hispánicos; la citada
prestación e refiere sólo al homónimo gentilicio “catalauni”, sin etimología.
En cualquier caso, “catalauni”,
con o sin etimología, es un término “celta”, “no godo”, por lo que ya
dijimos que dicha etimología popular incluía una “contradictio in terminis”.
Dicha etimología popular es
lingüísticamente un óximoron. Pero debemos aclarar que sólo invalidamos el
procedimiento para llegar a Catalaunia,
que precisamente era el objetivo al que había que llegar porque estaba ya
elegido y predeterminado, y ese objetivo era Catalaunia, por lo que no importaba demasiado como se llegase a ese
corónimo, salvo para darle un toque de goticidad. Sin embargo sí que afecta a
la interpretación del corónimo Catalaunia,
si es un término germánico o celta, o quisieron combinar ambas procedencias, lo
cual sí sería un óximoron, no admisible en lógica, pero entendible en política.
Con las obligadas reservas la raíz catalaun es un término celta, si aplicamos
el principio de Ockham, por ser el término original con un significado propio
claro.
Más adelante analizaremos este tema, ya que no dependen las
interpretaciones del origen del corónimo Catalaunia, en que uno de sus orígenes
pueda ser erróneo, sino de la voluntad interpretativa del creador del corónimo,
no obligado a actuar con rigor científico en la nominación del mismo.
En este caso quizás se quiso reforzar
la goticidad del corónimo catalán dando al término un origen godo para quizás
diferenciarlo del origen celta del Oppidum Catalaunum, probablemente divulgado
por existir ya una referencia escrita deI siglo X sobre ese vetusto Oppidum
Catalaunum. Por otra parte los campos cataláunicos, por sus razias visigodas
sobre los mismos eran muy familiares y muy góticos para dicho pueblo visigodo.
Prestaciónes celtas a la lengua
catalana.- “Catalaunum y Catalaunia son dos términos celtas, el primero es el propio del
Oppidum celta y el segundo es un préstamo común de la raíz “catalaun” del
anterior oppidum celta a la lengua catalano- languedociana, para formar “Catalaunia”. El término Catalunya es la
derivación lingüística de un préstamo celta, luego dicho término tiene un
origen celta.
XXXIX.-Posibilidad de encontrar connotaciones entre la
batalla de los campos cataláunicos y los condados de la Marca Hispánica.
En relación con la mencionada batalla
y los citados condados hay que ver si se pueden establecer relaciones,
conexiones lógicas o connotaciones entre características étnicas, históricas,
bélicas, épicas, geográficas, toponímicas, antroponímicas y de cualquier índole entre los condados de
la Marca Hispánica, sus condes y su gente, con la citada batalla, los adjetivos
latinos que la definen y determinan, y los visigodos que intervinieron en dicha
batalla de los Campos Cataláunicos. El adjetivo de Campi Catalaunici Proelium (Batalla de los Campos Cataláunicos) es catalaunici, cuyo singular y también
gentilicio es catalaunicus, que lo tomaremos como referencia de comparación.
Relaciones o conexiones que deben
contemplar el supuesto deseo condal de que la impronta de identidad goda
marcase a la población catalana, como sucesora de la visigoda, al igual que a
los condes de la Marca en relación con sus antecesores de la nobleza visigoda.
Las relaciones que estableceremos son claras y justifican una etimología de Catalaunia>Catalonia, con
varias connotaciones visigodas importantes y válidas, aunque nunca podremos
saber si los condes “catalanes” las pudieron tener en cuenta, pero por lógicas
y generales son muy probables y difícilmente pueden ser refutadas o falsadas.
El Liber Maiolichinus es la única fuente escrita, pero esa fuente sólo
hacía de mensajero del entramado que se fabulaba entre los “notables de los Brazos
aristocráticos”, en las cortes de los condados de la Marca y principalmente en
las del Condado de Barcelona, sobre el corónimo elegido.
Anteriormente evidenciamos
que la etimología popular incluía una “contradictio in terminis”, al hacer
derivar Catalaunia de Göteland, estando los visigodos ya muy romanizados cuando
se asentaron en Las Galias y formando sus corónimos con la regla latina de
añadir una “–a” al gentilicio
substantivo plural. Cuando los godos tervingios se asentaron en Escitia, al
norte del Danubio, fundaron un reino con un reiks y latinizaron el nombre de su
pueblo en Gútthius, que dio origen al corónimo Gútthiuda.
Si
Catalaunia no procede de la etimología gótica forzosamente debe proceder de la
céltica. Además la raíz catalaun- sin duda
alguna es celta y no visigoda
Por ende la palabra Catalaunia y sus
derivados son préstamos celtas a la lengua catalana y no de origen visigodo.
Sin embargo sólo cuestionamos el
origen escandinavo de Catalaunia, no la invalidación de Catalaunia, que
probablemente era el corónimo previamente elegido de antemano y al que se
quería identificar como tierra de godos para reforzar la identidad goda de los
condes y aristocracia de estirpe goda de los condados de la Marca Hispánica, que
quizás pudiera estar algo debilitada y se quisiese probablemente reforzarla y
así reforzar dichos Condes su prestigio y poder heredado de los visigodos ante sus súbditos de naturaleza heterogénea.
Existe la posibilidad de que existan
documentos sobre dicha etimología, e incluso algún topónimo local, fundamentado
en la citada etimología, previos a la declaración formal de Alfonso II sobre
dicho corónimo.
La elección de un adecuado corónimo
en su día para lo que luego fue Cataluña tuvo que ser una decisión política con
la finalidad políticamente deseada. Creemos que los Condes de Barcelona
estuvieron más de un siglo pensando en un posible nombre para el conjunto de los condados de la Marca, quizás
desde el casal de Wifredo el Velloso o desde Borrell II al que Almanzor
refiriéndose a él, decía que había vencido a un rey “ifranj”, es decir un rey
franco, lo cual a dicho conde no debió sentarle muy bien.
Pensamos, dados esos étimos, que los
condes y notables de los condados buscaron una relación histórica y épica con
sus antepasados visigodos para encontrar y reafirmar su identidad y esa
relación creemos que la pudieron encontrar en una gran victoria, no en una
humillante derrota, a no ser que buscasen una identidad victimista, lo que no
creemos en unos condes que fueron sabios y prudentes.
XL.- Especiales relaciones y significativas connotaciones halladas
entre los reyes visigodos y algunos condes de la Marca Hispánica. Relaciones
fundamentadas en fuentes históricas.
Esa identidad la pudieron encontrar
en la victoriosa batalla de los Campos Cataláunicos, en el arrojo de sus reyes
y valentía de sus tropas, y en los honores que les rindió su pueblo a la vuelta
del combate honrando a sus reyes, Teodorico, post mortem, muerto en el combate,
y Turismundo, con el laureado título de “catalaunicus”.
La pudieron encontrar en esa Batalla
del año 451 a.D. y no en la de Vouillé del año 507, en la que el pueblo
visigodo después de la derrota tuvo que abandonar las Aquitanias en carromatos
con las orejas gachas de su gente, su rey Alarico II muerto y el ejército
destrozado.
Pudieron encontrar los condes de
ascendencia gótica su corónimo de Catalaunia, en el clamante epíteto “catalaunicus” que evoca la
gloriosa victoria de los visigodos, compartida con los romanos y otros aliados,
(pero siendo los visigodos los principales protagonistas de dicha victoria),
contra Atila, el azote de Dios, sus hunos y aliados, en una de las batallas más
importantes y decisivas de la humanidad y de la cristiandad.
Nos preguntamos, ¿si no es en las
glorias del pueblo visigodo, en dónde entonces pueden encontrar los
etimologistas la etimología de cataláunico y el corónimo de Cataluña que
marcan con una impronta indeleble una orgullosa catalanidad?
Asturias, León y Castilla, habían
gotizado las estructuras políticas y administrativas de sus reinos en un neo
goticismo, con menor presencia goda en sus territorios que en los de la Marca
Hispánica; neogoticismo político y estructural que los condados feudales de
dicha Marca no pudieron conseguir, bajo la soberanía formal de los reyes
francos y luego capetos, a pesar de su supuesta independencia y teniendo incluso
una mayor base social visigoda que los anteriores reinos citados.
Sólo podía la población de dichos condados
intentar de momento afirmar su identidad de origen visigodo frente a la
identidad franca con la que confundían a quienes querían ser godos y no francos,
en tanto se afirmase a su favor, el expectante devenir esperado por los reyes
de Aragón y Condes de Barcelona de una Occitania hispana y no franca, debido a
una mayor afinidad de dicha zona occitana con los reinos y condados
ultramontanos meridionales hispánicos.
Recuerdo de los reinos visigodos.-Forzosamente tuvieron que pensar
los condes y notables de los condados en la grandeza de los reinos de Tolosa y
Toledo, y en el Breviario del malogrado Alarico II, equiparable jurídicamente a
la gran reforma justiniana, como una prueba de la cultura del pueblo visigodo.
También debieron recordar esos condes
“catalanes” que el primer rey visigodo en Hispania Ataulfo se casó con Gala
Placidia, hermana del Emperador Honorio, y se estableció en Barcelona, y que
más tarde el Rey visigodo Teodorico el Grande, con su capital también en
Barcelona, partió de dicha capital para unirse con las tropas del Magister
Militum Flavio Aecio, para luchar contra Atila en los campos Cataláunicos.
Se pueden encontrar relaciones
étnicas, históricas y épicas entre las hazañas de algunos condes de la Marca
Hispánica y los victoriosos reyes visigodos vencedores de Atila.
XLI.-Catalaunicus aplicado como gentilicio y como título.
Observamos una semejanza entre la
aplicación del gentilicio adjetival catalaunicus,
aplicados como gentilicios a los heroicos condes catalanes de las crónicas
pisanas, refiriéndonos a Ramón Berenguer III y al conde de Ampurias Hug II, y
el mismo adjetivo catalaunicus,
aplicado como laureado título honorífico póstumo al rey Teodorico I, el Grande,
y a su hijo Turismundo, en vida, por su gran victoria en los “Campi Catalanaunici”, en cuya victoria
los visigodos tuvieron un protagonismo relevante.
Además en relación con el adjetivo catalaunicus, aplicado, en un caso, a los victoriosos reyes visigodos, laureados con el
título de catalaunicus, como
consecuencia de una gran victoria, y en el otro caso, la del Liber Maiolichinus, aplicando el todavía
inexistente gentilicio catalaunicus a
unos heroicos condes hacedores de hazañas en la Cruzada balear.
Observamos una concomitancia que nos
induce a pensar en el deseo de los condes de la Marca Hispánica a adoptar un
gentilicio para el país que evocase la gloria de los reyes visigodos en la
citada batalla cataláunica o catalana.
XLII.-Gentilicios posibles.
¡Catalanes o cataláunicos! , para dichos
condes fueron seguramente títulos muy honrosos, debiendo ser un gran honor para
ellos adoptarlos como gentilicios para su país porque evocaban la gloria de
Teodorico I, el Grande y de su hijo Turismundo, laureados con el título de
“cataláunicos” por su gran victoria en los “Campos Catalaunicos” (451 d. de
C.), pese a que Teodorico murió en
combate, y su hijo Turismundo cuando estaba dispuesto a aniquilar a los hunos,
abandonó el campo de batalla, inducido por Aecio, para regresar a su
reino, declararse rey y celebrar la
victoria. (Cuando Atila ya se consideraba vencido y había ordenado le preparasen
su pira funeraria, fue Aecio quien salvó a Atila de su destrucción, quizás por
temor a un fortalecimiento de los visigodos y buscar un equilibrio de fuerzas
en Europa occidental)
Esa batalla de los Campos
Catalaunicos fue una de las batallas más importantes de la humanidad y por
supuesto de los visigodos, que debieron recordar y evocar largo tiempo esa
victoria, máxime cuando 56 años más tarde sufrieron una derrota muy humillante
ante sus enemigos francos en la batalla de Vouillé (507 a.D.) y se encontraron
vencidos, lacerantes y con el ánimo hundido al verse obligados a abandonar sus
provincias galas de Aquitania I y Aquitania II, excepto la Galia Narbonense,
para trasladar su reino a Hispania, en su nueva sede de Toledo.
XLIII.-Catalaunia, como ya dijimos y evidenciamos, es en
principio el único origen etimológico de Catalunya, cuyo significado en
principio desconocemos pero que heurísticamente debemos interpretar.
Pero había que intentar descifrar
heurísticamente que significado podía tener ese corónimo, con significante pero
sin significado, y con qué otro término se podía relacionar. Como no conocemos
que alguien haya realizado un estudio desde esa perspectiva, debemos considerar
el estudio de este Ensayo como inédito.
Catalaunia, corónimo y Catalaunum,
oppidum celta son dos términos paronímicos, que tienen la misma raíz celta catalaun, el primero es femenino y el
segundo neutro. Sus significantes son muy próximos, pero sus significados muy
distantes, o mejor dicho no tienen ninguna relación. El primer término se
refiere a un país, el segundo a una ciudad en un recinto fortificado.
Campos Cataláunicos son unos campos
de batalla con una designación de “Catalaunicos” coyuntural o accidental, en
cuanto su nombre procede de un pueblo muy poco conocido.
Sin embargo dichos campos adquirieron
renombre por haberse celebrado en ellos una de las batallas más importantes de
la humanidad, más ligados con Aecio, Teodorico o Atila, o bien con los
visigodos, romanos y hunos, que con el pueblo “catalauni” que les dio nombre.
Para los visigodos fueron “Campi Gotorum”, pero prevaleció el nombre que les
dio Jordanes cuando cien años más tarde escribió la historia de la batalla
citada.
Los Condes catalanes del siglo XII no
sabemos si conocieron la existencia del poco importante pueblo de los
catalaunes celtas ni de su Oppidum Catalaunum, aunque suponemos que sí dado que
el primer testimonio escrito de dicho vetusto Oppidum es del S.IX
XLIV.-Elección del corónimo Catalaunia. Razones en que se
fundamenta. Única etimología heurísticamente determinada posible.
Hemos reseñado algunas connotaciones
relevantes de los visigodos, en relación principalmente con la victoria de la
batalla de los Campos Cataláunicos, que lógicamente tenían que, de una u otra
manera, marcar una indeleble impronta en el recuerdo de sus descendientes los
condes de la Marca, y por tanto ser consideradas dichas connotaciones por los
condes mencionados y demás notables para elegir un corónimo adecuado para su
territorio.
¿Y cómo no pensar en Catalaunia, de la misma raíz catalaun-
que catalaunicus, como el corónimo más adecuado para su territorio?
Únicas referencias posibles.-Las únicas referencias exteriores
encontradas, y las únicas posibles son las que pueden relacionar a los condes
de la Marca Hispánica con los reyes visigodos, victoriosos y vencedores de una
gran batalla.
Los heroicos condes, aplicándose el futuro
gentilicio “Catalaunicus”, como
expresando la idea de pertenecer a una deseada y futura Catalaunia, y evocando
la remembranza de los victoriosos reyes visigodos premiados por su pueblo con
el laureado título de “Catalaunicus”, manifiestan el clamoroso deseo de ser
catalauni de una Catalaunia, todavía no oficial, pero sin duda existente en la
mente, en el corazón y en la tradición de los casales condales de la varias
veces mencionada de la Marca Hispánica.
Querían ser “visigothi” (visigodos) y
no “franci” (francos) y para dichos condes ser “catalani” (catalanes) era lo
mismo que ser “visigothi” (visigodos).
Sobre el párrafo precedente hay que
aclarar que los francos y los visigodos pertenecían a etnias todavía existentes
en los siglos VIII a XII, si bien los visigodos como pueblo-estado había
desaparecido, persistía esa etnia, como lo atestigua la creación del ducado de
Gothia por Ludovico Pío rey de los francos.
En cuanto a los “catalani” todavía no existían oficialmente pero algunos condes
adoptaban oficiosamente el gentilicio adjetival “catalaunicus”, correspondiente a una futura Catalaunia, y poco
tiempo después el anterior corónimo se transformó en una real Catalonia, y ya,
a finales del S.XIII, se llegó al actual corónimo de Catalunya.
A la anterior connotación sobre reyes
visigodos, hay que añadir las propias connotaciones victoriosas de la Batalla
de los Campos Catalaunicos a todo el pueblo visigodo, para gloria del mismo y honra
de sus descendientes.
En relación del adjetivo gentilicio catalaunicus.-
La raíz catalaun-, del corónimo latino Catalaunia y de los étimos catalanes en latín: catalaunus, catalaunicus, catalauni y catalaunici, se encuentra en la misma raíz del pueblo galo-belga
de los “catalauni”, en el nombre de
su principal Oppidum “Catalaunum”, y en sus gentilicios, idénticos a los
gentilicios de Catalaunia.(Con idénticos queremos decir homógrafos, es
decir de igual significante y distinto significado)
Catalaunia, corónimo
latino de Catalunya no tiene ninguna relación contextual con “Catalaunum”, Oppidum
(oppi-dum=fortaleza-ciudad) galo-belga; habiendo desaparecido dicho Oppidum con
la ocupación del mismo por los romanos en el S.I d.C.
Sus correspondientes poblaciones, los
catalanes del S.XI, y los “catalaunes”, incorporados al Imperio como
galo-romanos, son poblaciones diacrónicas y de etnia diferente, sin ninguna
relación.
Connotaciones encontradas.- Hemos encontrado unas relaciones y
connotaciones conceptuales muy probables y difícilmente “falsables” entre los
condes y demás población condal de ascendencia visigoda de la Marca Hispánica
con los visigodos, relevantes vencedores de la Batalla de los “Campi
Catalaunici”, y en particular entre unos heroicos condes, hacedores de hazañas,
y los reyes visigodos, victoriosos y laureados con el título de “catalaunicus”
Mediante esa relación indirecta de
los gentilicios adjetivales, “catalaunici” y “catalaunicus” del citado pueblo
galo catalaun, que en su día dio nombre a ese campo de Batalla, se pudieron
establecer las anteriores relaciones, citadas como las que hemos consideradas
más destacadas, entre otras varias. Por dichas razones creemos que catalaunicus es el más probable y único
origen posible de Catalunya. El adjetivo que dio nombre a la más famosa batalla
del Medioevo, y a su vez fue un gentilicio catalán, lo consideramos como la etimología cierta de
Catalunya, no sólo por las razones aducidas, sino porque otras etimologías son
imposibles, como luego evidenciaremos.
Cuando intentamos heurísticamente interpretar
el significado de Catalaunia o Catalonia, su raíz (catalaun_) nos evidenció que dicho corónimo pertenecía a una
familia de palabras que comprendía los topónimos de Catalaunia y Catalaunum y
los significantes de los homógrafos gentilicios, todos ellos con significado
diferente.
Uno de dichos gentilicios sufrió un
cambio semántico y se transformó en polisémico con uno de sus significados, el
de la renombrada batalla citada, con claras afinidades con los visigodos y
único compatible con el corónimo de Catalaunia.
Ese polisémico adjetivo, catalaunicus, da un significado a Catalaunia y debiera considerarse por
ello como la etimología de Catalunya, remedando el claro lapsus del rey Alfonso
que nos legó un coronimo con significante sin significado, confundiendo a los
etimologistas que se dedicaron a buscar una etimología sobre el corónimo creado
por dicho rey en lugar de heurísticamente interpretarlo, y creando con ello una
mayor confusión sobre el mismo.
XLV.Tratamiento de los eventos
históricos por la inferencia estadística.-
La fundación de un núcleo de
población con su topónimo y correspondiente gentilicio constituye un evento o
suceso que puede estar relacionado o no con otro suceso o evento sincrónico
diacrónico como el de fundar otra ciudad con su tambien correspondiente
topónimo y gentilicio. Todos los eventos tienen su origen o causa aunque no la
conozcamos.
Los efectos y sucesos pueden tener
causas conocidas o desconocidas, cuando las causas son desconocidos las
atribuimos al azar y cuando las conocemos podemos intervenir en ellas para
evitarlas, corregirlas o para ponernos al socaire de ellas. Pero en estadística
y en la Teoría de los grandes números los sucesos o eventos se consideran
aleatorios con una cierta probabilidad de que ocurran, no influyendo la
diacronicidad de los eventos ni las posibles causalidades entre ellos.
Los sucesos históricos precisan a
veces un tratamiento estadístico o del cálculo de probabilidades para ser mejor
conocidos los hechos; el método histórico puede incluir en su investigación la
inferencia estadística y el cálculo de probabilidades.
XLVI.-Inferencia estadística en el método histórico.- Demostración
de una certeza práctica por reducción al absurdo de la tesis contraria. Eventos
toponímicos. Inferencia estadística de Mc Cullagh.
Mc Cullagh establece un argumento
para determinar la probabilidad (el grado de p1) que lo que es un A sea un B.
1. Es probable (en la medida p 2) que esto sea un A
2. Por lo tanto (en relación con estas
premisas) es probable en la medida probable (en la medida de p1 × p2) que esto sea un B.
Es decir la probabilidad de que dos
eventos independientes concurran es una probabilidad compuesta.
Por otra parte la inferencia basada
en el teorema de Bayes nos permite deducir si dos eventos son dependientes o
independientes, determinando la probabilidad condicional de un evento
aleatorio A dado B en
términos de la distribución de probabilidad condicional del evento B dado A y la distribución de probabilidad marginal de
sólo A.
Como la fundación del Oppidum
Catalaunum y la proclamación de una futura Catalaunia son dos eventos
independientes, no condicionados, se podría aplicar la inferencia de Mc Cullagh
para demostrar la imposibilidad práctica de que ambos topónimos tengan raíces
independientes.
XLVII.-Evidencia de una certeza práctica por reducción al
absurdo de la tesis contraria, en relación con la concomitancia de los eventos
fundacionales de dos topónimos.
La fundación de un núcleo de
población con su correspondiente topónimo y gentilicio constituye un evento que
puede estar o no relacionado con otro evento toponímico, sincrónico o
diacrónico.
Las raíces del Oppidum Catalaunum y
del coronimo Catalaunia son idénticas, ambos topónimos son declinables a partir
de la raíz “catalaun”, igualmente son declinables los correspondientes
gentilicios.
Ambos topónimos son parónimos, con
significados diferente y aparentemente sin relación alguna, al menos nadie los
ha relacionado, y sus correspondientes gentilicios son homónimos con
significados totalmente diferentes, ajenos unos a otros.
A pesar de ello evidenciaremos por el
cálculo de probabilidades con certeza práctica que ambos topónimos que tienen
la misma raíz y no dos raíces independientes.
XLVIII.-Determinaremos seguidamente mediante el cálculo de
probabilidades si la raíz es común a ambos citados topónimos o bien nos
encontramos ante dos raíces homónimas con diferente significado, es decir dos
raíces independientes.
No parece muy necesario demostrar
mediante el cálculo que dos gentilicios idénticos, homógrafos, “catalaunicus”
de doce letras de dos topónimos diferentes deben estar forzosamente
relacionados con la misma raíz común y no tener raíces homónimas con diferente
significado.
Vamos a intentar evidenciar la
probabilidad práctica nula de que existan dos raíces independientes para ambos
topónimos. Sólo existe una única raíz “catalaun”
para ambos topónimos: el Oppidum “Catalaunum y el Corónimo “Catalaunia”. La
inferencia estadística la aplicaremos luego, suponiendo que hemos evidenciado
el hecho de que no pueden coexistir dos raíces distintas para ambos topónimos.
De momento vamos a seguir con el
mismo argumentario, para no perder el hilo de lo que queremos ahora reseñar.
Con respecto al Oppidum “Catalaunum”
sus gentilicios catalaun y catalaunes se latinizan en catalaunus y catalauni y
además dicho pueblo catalaun aplica también el adjetivo catalaunicus y
catalaunici que dio nombre a los campos catalaunicos donde tuvo lugar la
célebre Batalla de los Campos Catalaunicos. “Campi Catalaunici Proelium.”
Catalaunum tiene su propia
etimología: “la ciudad en recinto fortificado del mejor combatiente”. El nombre
celta completo es: “Duro- cata- vel- aun- um”;, donde Duro significa= mercado;
cata= combate; vel=el mejor; aun=perteneciente a=habitante; um=sufijo final de
cada Oppidum=Ciudad fortificada. Con su significado completo sería “Ciudad
mercado-fortaleza del mejor combatiente.
Catalaunia, pronunciada /katalonia/ o
Catalonia, como se traduce en muchos países, es la etimología de Catalunya.
Catalaunia/Catalonia no tiene ninguna
etimología con significado porque ni los Condes de la Marca ni Alfonso II,
quisieron dárselo; ni lo sabremos si no aparece un documento auténtico de la
época que lo diga. Sin embargo catalaunicus puede ser con toda probabilidad la
etimología de Catalunya
Creemos que hemos seguido el camino
correcto en una investigación histórico- lingüística; hemos llegado a una
hipótesis segura, la de determinar la raíz de Catalunya “catalaun”, que es
también la raíz originaria del Oppidum Catalaunum, cuyo pueblo catalaun o de
los catalauni, se asentó en la Campania gala junto al río Matrona (Marne) antes
de nuestra era.
Ese pueblo galo-belga, posiblemente
tributario de los Reme del Oppidum de Durocortorum (Reims) era y es muy
desconocido, y como ya dijimos Julio Cesar no los cita en su libro de las
Guerras de las Galias, “De bello Gallico”, por lo que debió de ser un pueblo
poco importante.
Sin embargo dio nombre a una pequeña
comarca llamada de los Campos Catalaunicos, donde se libro una de las batallas
más famosas y decisivas de la humanidad: “Campi Catalaunici Proelium”, donde
los reyes visigodos tuvieron un relevante papel en la victoria de Aecio y sus
aliados contra Atila y los Hunos.
XLIX.-La gloria de los
reyes godos, laureados en esa batalla por su pueblo con el título de “Catalaunicus”, al igual que la gloria de
los condes que participaron en la cruzada balear a los que se les aplicó el
mismo sobrenombre o apelativo. Justificación del corónimo Catalonia.
La gloria de los reyes godos,
laureados en esa batalla por su pueblo con el título de “Catalaunicus”, al igual que la gloria de los condes que
participaron en la cruzada balear, tildados por el cronista de esa cruzada como
heroicos condes “catalaunicos”,
presentando los protagonistas de ambas glorias la connotación de emplear el
mismo adjetivo, en un caso como honroso título otorgado a unos victoriosos
reyes, y en el otro como un ansiado gentilicio de los heroicos condes
catalanes, empleados por ellos cuando esos gentilicios todavía no existían, por
no haberse proclamado y deslindado todavía las tierras que un día serían
llamadas Catalonia; todas esas
circunstancias concomitantes entre los condes de la Marca y los reye visigodos
pueden justificar la elección de Catalaunia como corónimo de dicha con la
etimología de “catalaunus”, reforzada
dicha elección, porque Catalaunia era el corónimo predeterminado de los condes del
casal de Barcelona desde luengos años, lo que confirmó Alfonso el Casto cuando
declaró el territorio que en su día sería llamado Catalonia.
Ambas connotaciones de catalaunicus, de unos y de otros, entraña una estrecha relación muy
relevante e importante, mostrada en este caso por el interés de los condes
catalanes en emplear dicho gentilicio, como ansia de identidad goda, y que como
título emplearon previamente sus antecesores godos; interés que puede
justificar la elección de Catalaunia como un futuro corónimo del conjunto de
los territorios de los principales condados de la Marca.
Las lecturas parciales del Liber
Maiolichinus en relación con sus connotaciones catalanas nos dan a entender los
deseos de identidad de los condes de ser catalaunicos de origen godo y de no
ser confundidos con los “franci”.
L.-Los condes de la Marca se decantaron en su
elección por el corónimo de Catalaunia con raíz “catalaun-”, y a partir de esos
datos se debe partir para un posterior estudio heurístico con la intención de
descubrir el significado probable de ese corónimo o su etimología. Cadena etimológica
de Catalunya. Catalaunus primer eslabón de la cadena etimológica. No se puede
obviar la raíz catalaun- en dicha cadena.
Las anteriores hipótesis justificando
la elección de Catalaunia son hipótesis más que probables y así se deben
considerar; no se pueden verificar pero difícilmente son refutables y
falsables porque son de sentido común y las más lógicas de todas las hipótesis,
más conocidas, establecidas por los etimologistas.
La raíz común de Catalaunia y
catalaunicus, catalaun- nos llevó en nuestra investigación al Oppidum de la
misma raíz Catalaunum que enseguida
desechamos relacionar con Catalaunia
por las etnias diferentes de sus poblaciones, porque además son diacrónicas y
se asentaron en diferentes y lejanas tierras.
Siguiendo el camino elegido, único
posible marcado por la raíz común catalaun- común, llegamos también al sintagma latino campi catalaunici, con el adjetivo singular de catalaunicus. En dichos campos cataláunicos, lugar donde se libró
una de las más importantes batallas de la humanidad, encontramos las
connotaciones y relaciones necesarias y suficientes para justificar una muy
posible etimología de Catalunya en “catalaunicus”.
En puridad el primer eslabón de la
cadena etimológica debe ser un término “con significado”, de raíz (catalaun-) que a través de Catalaunia
(forzoso término de la cadena etimológica), nos lleve a Catalunya.
Catalaunicus, de
raíz catalaun- , tiene significado propio al dar nombre y
determinar una importantísima batalla medieval.
Dicha
raíz es tambien raíz de dos gentilicios colaterales de Catalaun-, Catalaunicus y Catalaunici, cualquiera de ellos
válidos, para incluirse como eslabón inicial de la cadena etimológica con
significado de “Campo de batalla”, y haciendo abstracción de su otro
significado que los relaciona con el citado Oppidum celta Catalaunum.
Catalaunicus,
como polisémico de dicho adjetivo y formando parte del sintagma adjetival
“Campus catalaunicus” (SA-Campus
Catalaunicus), tiene un marcado significado propio, del campo donde se libró la
batalla contra Atila, ajeno al del gentilicio adjetival del pueblo catalaun “catalaunicus”, cuyo plural unido a Campi daría lugar al sintagma “Campi catalaunici”, para determinar inicialmente esos campos (campi catalaunici).Catalaunici o su singular catalaunicus podrían ser el origen
etimológico válido de Cataluña. Por simplicidad elegimos “catalaunus” para formar la cadena etimológica, que sería la
siguiente:
Catalaunus<Catalaun->Catalauni>Catalauni-a (como tierra de catalanes) Catalonia> Catalonya>Catalunya.
(Vemos en esta cadena que el origen
de la misma es la raíz (catalaun-)
con flecha a izquierda y derecha, y “Catalaunus”
un polisémico derivado colateral de la raíz (catalaun-)
y término. con significado, de un determinado campo de batalla. (catalaunus
y catalaunicus son dos adjetivos equivalentes, cuyos respectivos plurales
catalauni y catalaunici son también equivalentes
)
(El otro polisémico del gentilicio adjetival es el que formando sintagma
adjetival, en plural, dio nombre a la comarca del pueblo catalaun, que en
nuestro argumentario no consideramos)
Dicho de otra forma “Catalaunicus”, por una parte, es
gentilicio adjetival del pueblo belga Catalaun y, por otra parte, pierde ese
significado originario para tener la connotación de un campo donde se libró una
importante batalla, entrando en la cadena etimológica de Catalunya de forma
colateral y como nexo y primer término de dicha cadena. Lo mismo podemos decir
respecto a catalaunus.
Entendemos como fundamental hacer el
estudio etimológico cumplimentando las estrictas reglas de la morfología
latina, habida cuenta que el corónimo Catalaunia
origen de la investigación es un término celta latinizado, y lo mismo sus
gentilicios Catalaunus y Catalaunicus y
sus plurales Catalauni y Catalaunici son términos latinos declinables,
todos ellos tienen su lugar en la cadena etimológica que hay que respetar
Teniendo ese adjetivo gentilicio de
catalaunicus una connotación tan intensa con la batalla del campo de su nombre,
es correcto relacionar la gloria de los laureados reyes visigodos, honrados por
su pueblo con el título de “cataláunicos”, con los heroicos condes “Cataláunicos”,
que ellos a sí mismos se aplicaban ese gentilicio inexistente por el momento,
pero con el deseo de lograrlo por estar orgullosos de sus heroicos antecesores
y de su estirpe goda.
Hemos intentado justificar los motivos
por los cuales pudieron elegir los condes de Barcelona el corónimo de
Catalaunia, para proclamarlo en el momento oportuno. Hipótesis que planteamos
como muy probable, pero que de momento es de imposible verificación, y en el
caso que dicho corónimo tenga un significado, forzosamente tiene que estar
relacionado con el de los Campos Cataláunicos. Asimismo ninguna etimología,
que acepte Catalaunia y Catalonia como eslabones de la misma, puede obviar la
raíz (catalaun-) en su estudio etimológico.
LI.-Empleo de la inferencia estadística de Mc Cullagh, en
relación con el método histórico . Ejemplo de un modelo para evidenciar que
Catalaunum y Catalaunia tienen la misma raíz catalaun-
Requiere la creación de un modelo
posible algo parecido a la realidad para que se pueda calcular aproximadamente la
probabilidad de concurrencia o de intersección matemática de dos eventos que
pueden ser sincrónicos diacrónicos, e incluso tener relación de causalidad, lo
que no afecta al cálculo de probabilidades. Según la precisión del modelo
elegido y el método estadístico aplicado se conseguirá un mayor o menor nivel de
confianza estadística.
Como nosotros sólo queremos
evidenciar claramente que los topónimos Catalaunum y Catalaunia tienen la misma
raíz, emplearemos modelos sencillos introduciendo pocos datos de información
(Grados de Libertad) para calcular la probabilidad aproximada de la estimación
que queremos evidenciar. Introduciremos datos y supuestos aproximados para la
citada estimación, pero suficientes para lo que queremos evidenciar.
En el supuesto de que el latín
medieval de la época tuviese unos veinte millares de lemas y aun suponiendo que
se estableciesen criterios restrictivos de elección de topónimos o gentilicios,
que podían llegar en esa época a unos 10.000 topónimos, el hecho de que dos de
dichos étimos, topónimos o gentilicios escogidos al azar coincidan es
prácticamente imposible, lo que nos indica que ambos étimos deben estar de una
u otra forma forzosamente relacionados, sincrónicamente o diacrónicamente, por
unos nexos de unión, o una raíz común.
No pueden tener raíces independientes
Los topónimos o gentilicio de las
distintas fuentes encontradas: las Crónicas pisanas, la declaración de de
Alfonso II sobre Catalonia en 1173, el de la etimología popular, y el del
Oppidum Catalaunum, aunque no se las relacione, en realidad no son
independientes, de una u otra forma están relacionados por una misma raíz, lo
que intentaremos evidenciar, ya que si lo logramos
con una certeza práctica, habremos resuelto el problema de la Etimología de
Catalunya.
En el supuesto anterior de los 10000
topónimos, supongamos que Catalaunum y Catalaunia estén en esta lista como
eventos independientes, el de fundación del Oppidum y el de la proclamación del
corónimo catalán, y que ambos topónimos son equiprobables. (Formados por diez
letras cada topónimo)
La probabilidad de concurrencia de
ambos eventos, aunque sea diacrónicamente, es una probabilidad compuesta determinada
por el producto de sus probabilidades a priori, en este caso: 10-4x10-4=10-8=1/10-8,
por lo cual la probabilidad de concurrencia o de intersección tiene, en el
supuesto establecido, una probabilidad de una entre cien millones. Lo cual es
una certeza práctica de que las raíces de ambos topónimos no son
independientes, es decir tienen una sola raíz. El anterior cálculo se basa en
un modelo no real, porque nos faltan muchos datos desconocidos de la morfología
y toponimia, celta e indoeuropea. Lo único que queremos resaltar es la
imposibilidad práctica de que ambos topónimos, relacionados teniendo la misma
raíz, sean independientes. (PA y B) =
PA x PB, siendo PA=PB=1/104).
LII.-Otro modelo matemático para evidenciar lo mismo:
Catalaunum y Catalunya tienen la misma raíz catalaun-.
Vamos a intentar exponer otro modelo
más asimilable por sencillo.
Cuando Alfonso II proclamó Catalonia
(antes Catalaunia) en 1173, como futuro corónimo de sus tierras, quienes
tuviesen alguna noción de latín, ya sabían que la raíz de Catalaunia era catalaun-,
aunque no supiesen que un Oppidum
celta, Catalaunum, tuviese la misma raíz. Ese corónimo se difundió rápidamente
sobre todo en tierras occitanas, que probablemente aspiraban a ser catalanas,
pero la derrota de Muret, en 1213, y el tratado de Corbeil, en 1258, impidió
ese supuesto deseo.
En el siglo XV apareció una leyenda
mítica de Otger Cataló y sus barones que es una historia poco verídica, aunque
interpretable. Dicho personaje dio nombre a Cataluña, según pretende esa
leyenda.
Pronto dejó de hablarse de dicha
leyenda, pero reapareció en el S.XIX con el catalanísimo y en obras de los
autores de la Renaixença, tales como Víctor Balaguer, Antoni Ferrer i Codina y
Jacinto Verdaguer. Leyenda que hoy conserva un cierto interés literario pero
nada más, ya que no ofrece su relato ninguna veracidad histórica.
Posteriormente varios prestigiosos
lingüistas intentaron buscar la etimología de Cataluña, pero no hubo ningún
acuerdo, y ahora podría decirse que nos encontramos en un “stand by” científico al respecto, por decir algo.
Hagamos una simulación irreal de
ciencia ficción pero entendible y supongamos que el rey Alfonso nos hubiese
podido lanzar en su día un “chupinazo” informático con su decreto de paz y
tregua que nosotros pudiésemos ver hoy en nuestro ordenador, y que nos dice:
las tierras de su soberanía que en su día serán llamadas Catalonia son las que
a continuación define y delimita.
Nosotros pensaremos que con Catalonia
se refiere a Catalaunia de la que
también tenemos noticia; esa es la verdadera etimología de Catalunya, según la
cadena etimológica: Catalaunia>Catalonia>Catalunia>Catalunya,
con el significado de tierra de catalanes = Catalaun-i-a;
de donde la raíz de Catalunia es: “catalaun” cuyo significado, en
principio, no conocemos porque rey Alfonso no nos lo comunicó en su decreto de
Paz y Tregua.
Con nuestros rudimentos básicos en
latín, vimos que Catalaunia es un corónimo latino declinable femenino de la 1ª
declinación, como Britania o Germania; femenino por su alusión a “terra”.
La raíz “catalaun-” también la pudimos conocer
como un término procedente de un celta latinizado.
Queremos saber si nos es posible
llegar a conocer qué significado oculto encierra ese vocablo “catalaun” y cómo está relacionado con
otros términos derivados.
En la investigación toponímica se
debe empezar normalmente a través de la comparación de la raíz del término cuya
etimología buscamos, procurando relacionarla con términos diacrónicos
anteriores, preferentemente, o con términos sincrónicos actuales o posteriores
si no encontramos relaciones anteriores. En nuestro estudio etimológico nos
referimos a una actualidad del siglo XII
No nos ha costado mucho encontrar
otro término relacionado con Catalaunia que comparte con ella su raíz, no es un
corónimo pero sí es el topónimo de un Oppidum galo-belga llamado Catalaunum, término también latinizado,
neutro de la segunda declinación y declinable sólo en singular. Oppidum
absorbido y diluido en el mundo galorromano en el S.II d. de C.
La raíz de Catalaun-um es catalaun,
la misma que la de Catalaun-i-a y
ambos topónimos tienen, en latín, los mismos gentilicios y gentilicios
adjetivales: catalaunus, catalauni, y catalaunicus,
catalaunici. (Homógrafos, pero con significado diferente los de uno y otro
topónimo)
Aunque es evidente que ambos
topónimos tienen la misma raíz, se puede evidenciar que no pueden tener raíces
independientes porque de admitir esa independencia, llegaríamos a un absurdo, y
eso es lo que queremos evidenciar.
Esa raíz catalaun la transformaremos en catalanu para facilitar la
explicación de nuestro nuevo modelo, sin afectar a la exposición ni al
resultado que obtengamos.
La morfología de ese término formado es CV-CV- CV-CV,
es decir de cuatro sílabas bilíteras de consonante y vocal, de forma que las
variantes que se puedan obtener combinando por una parte las consonantes y por
otra parte las vocales de un alfabeto, siempre obtengamos palabras
pronunciables. También serían pronunciables las palabras obtenidas invirtiendo
el término formado: VC-VC- VC- VC.
Como el topónimo más antiguo u
originario es el galo belga, cuyo pueblo se asentó junto al actual río Marne en
los siglos IV y III a. de C., elegiremos el alfabeto celta Ogam con veinte
runas consonánticas y cinco runas vocálicas.
En este caso el Oppidum lo
encontramos ya fundado y asentado y por ello no interviene en el cálculo de
probabilidades. Elegimos el alfabeto celta para poder formar palabras
pronunciables en ese idioma. Se supone que nosotros no tenemos noticia de ese
Oppidum, cuyo nombre queremos hallar por azar y deseamos determinar la
probabilidad de hallarlo con esa contingencia aleatoria, mediante el empleo de
palabras de similar morfología.
Con el modelo elegido: CV-CV- CV-CV,
incluyendo su inversión (empezando las silabas por vocal), estableceremos unas
reglas para evitar las palabras no pronunciables o con cacofonía. Con dichas
limitaciones perderemos muchas posibilidades combinatorias, pero aún perdiendo
muchas combinaciones, evidenciaremos lo que queremos.
Este experimento lo basamos en la
preexistencia del poblado galo belga catalaun,
de raíz también catalaun, y en la probabilidad
de elegir por azar dicha raíz, entre el número de palabras posibles que se
pueden formar con las condiciones y limitaciones impuestas, que no coinciden
con las reales, pero sólo exponemos un modelo nuestro arbitrario que no
pretende demostrar algo mediante el cálculo, sino evidenciar una realidad
imposible, independientemente del resultado que obtengamos.
Si P es la probabilidad de elegir al
azar la raíz catalaun (o catalanu,
que no afectará al número o resultado que se halle) y N el número determinado
de posibles palabras, tendremos que P=1/N.
Combinatoria de las consonantes: Variaciones sin repetición de
veinte consonantes, tomadas de cuatro en cuatro: V20, 4=20x19x18x17=116280; y
con una inversión 116.280x2=232.560
Combinatoria de las vocales: En este caso consideraremos las
Variaciones con repetición de cinco vocales tomados de cuatro en cuatro: Vr
5,4=54 =625
Palabras posibles obtenibles con
arreglo a los criterios tomados: 2 x V20, 4 x Vr 5,4 =232.560 x 625=145.350.000 palabras
Probabilidad de elegir al azar la raíz catalaun, casos favorables: 1, casos
posibles: 145.350.000; P=1/145.350.000 = 0,000000007=7 x 10-9, la probabilidad de elegir dicha raíz al azar es de 7 mil millonésimas, es decir
una probabilidad prácticamente nula, luego la raíz catalaun de Catalaunia no es
independiente y es la misma de Catalaunum, lo que queríamos ,
evidenciar aunque ya lo supiésemos, y aunque el número de casos posibles fuese
mil veces menor, la probabilidad de elegir dicha raíz seguiría siendo
prácticamente nula.
Nota: Hubiésemos podido presentar un
modelo más completo, contemplando la posibilidad de repetir las consonantes e
incluir los diptongos posibles, pero en ese caso habríamos añadido una
complejidad innecesaria para el fin propuesto que no era otro que el de
evidenciar que los dos topónimos
tienen la misma raíz, porque la suposición de que fuesen raíces independientes
nos llevaría al absurdo de probabilidades imposibles de alcanzar.
LIII.-El principio de “falsabilidad” de Popper como
importante pilar del método histórico.
En primer lugar hay que advertir que
“falsabilidad”, “falsable”, “falsamiento”, “falsada” y “falsacionismo” son
neologismos de un método histórico que no deben confundirse con falseabilidad,
falseable, falsamiento o falseada. Se basa dicho método de falsacionismo en que
la veracidad de una hipótesis histórica no es demostrable al 100%, porque
siempre pueden faltar datos desconocidos, en cambio se pueden invalidar o
refutar, mediante falsamiento, las hipótesis claramente erróneas. Por lo cual
toda proposición o hipótesis científica es susceptible de ser “falsada” El “falsacionismo”
es un importante pilar en la investigación histórica en el método histórico que
permite refutar las hipótesis evidentemente falsas.
Por las anteriores consideraciones
siempre nos hemos expresado en evidenciar la certeza práctica de algo no en
demostrar nada.
En el caso expuesto de nuestras
hipótesis anteriores son muy probables,
pero no verificables por eso las consideramos de veracidad restringida porque
nos falta un documento que nos diga que catalaunicus es el origen de la cadena
etimológica de Cataluña, y por otra parte las connotaciones similares entre los
condes catalanes y los reyes visigodos son ciertas y justifican la elección del
corónimo Catalaunia, pero no podemos afirmar que esas razones las haya
ponderado el rey Alfonso II, el Casto cuando proclamó el corónimo de Catalonia.
Lo único que parece seguro es que
Catalaunia, sea el corónimo elegido en la citada proclamación por figurar en el
Liber Majolichinus y también por ser el término final de la cadena etimológica
de la Etimología popular, y lo más probable es que, siguiendo el principio de
Ockham, el gentilicio catalaunicus se
enlace con la vía celta, originaria, y no con la germánica, artificiosa, cuya
cadena etimológica se ha apañado para llegar al resultado deseado de
Cathalaunia.
En cualquier caso ambas vías son
excluyentes. La vía celta se presenta
clara y diáfana en tanto que la vía germánica obscura y artificiosa. Dicha
etimología pretende que Catalunya procede de Göteland a través de Gothelaunia,
significando Tierra de godos. Con lo cual el gentilicio “catalán” equivaldría
al de “godo” y “los campos cataláunicos” a “campos góticos”, lo cual no nos
cuadra mucho.
Pero no podemos hacer juicios de
intenciones sobre las razones de la elección del corónimo por Alfonso II,
quizás la haya fundamentado en la goticidad de la vía germánica, haciendo
abstracción de la vía celta, o quizás en ambas vías, aunque sean excluyentes.
Ya sabemos que ese corónimo no puede tener dos orígenes etimológicos distintos,
pero en las nominaciones toponímicas de la obscura Edad Media no se ha aplicaba
el rigor gramatical grecorromano y mucho menos en las etimologías populares. “Además
la Ley era lo que mandaba el Rey.”
Anteriormente “falsamos” el origen
germánico de Catalaunia y de sus
gentilicios catalanus y catalaunicus, aceptando como bueno o
más probable su origen celta, y como consecuencia de ello el mismo origen
etimológico, por prestación celta al catalán de Catalunya. Probable origen
etimológico del citado corónimo, que hasta el presente, que sepamos, nadie se
ha pronunciado todavía, o por lo menos no se ha difundido suficientemente.
En su momento se presentaron dos vías
en el casal de Barcelona para afirmar la identidad goda de su aristocracia
condal, una de dichas vías, la directa, que era la de evocar las glorias de sus
antecesores godos, la otra vía, indirecta, sinuosa y rebuscada, era la de
afirmar que el origen etimológico de Catalunya era *Gothalaunia=Tierra de
Godos.
Alfonso el Casto al no dar
explicación alguna sobre el corónimo que declaró, pudo fundamentarlo para sí
mismo en cualquiera de las dos citadas vías, y rizando el rizo en las dos, o
incluso tal vez, habiéndose elegido anteriormente el corónimo por antecesores
suyos, quiso cambiar el origen etimológico del mismo, que ya compartía con otro
topónimo celta, el del Oppidum Catalaunum, por otro de origen godo; con ligero
cambio de origen etimológico para distinguirlo del origen toponímico celta.
Los corónimos (Catalaunia y
Catelania) y sus gentilicios de las Crónicas pisanas no llevan el dígrafo {th};
lo llevan los de la denominada etimología denominada popular, y que debiera
llamarse gótica o culta, por su supuesto origen conventual o monacal y por su
entramado cultural y finalidad gótica, y supuestamente a instancia del casal de
Barcelona.
Cuando hablamos de la vía celta nos
referimos al significante que semánticamente perdió su significado original
para dar lugar a un adjetivo polisémico y que mediante un sintagma adjetival
determinaba y nominaba un campo de batalla y daba nombre a la misma famosa
batalla, varias veces citada.
LIV.-Oportunidad del momento de la declaración alfonsina de
Catalonia.
Opinamos que la elección del corónimo
Catalaunia estaba hace tiempo decidida, desde los tiempos de Ramón Berenguer
III, o quizás ya antes, y que la declaración oficial de lo que un día sería
Catalonia se produjo en el tiempo oportuno cuando se estaba pergeñando la unión
de de la Corona de Aragón con la Occitania oriental. Cuando empezó a planearse en el condado de Barcelona la gran Occitania, a
ambas vertientes pirenaicas, Ramón Berenguer III, el Grande, se unió en
matrimonio con Doña Dulce de Provenza, y su marquesado se unió a los condados
ya unidos de la Marca.
Su hijo
Ramón Berenguer IV, el Santo siguió la tradición paterna y se casó con Petronila
hija de Ramiro II, el Monje, actuando con plena soberanía delegada como
Príncipe de Aragón en ese reino y con las correspondientes soberanías en sus condados.
Su hijo
Alfonso II, el Casto fue Rey de Aragón y conde de sus condados, supuestamente
feudatarios del Rey de Francia. Heredó el condado del Rosellón, al morir sin
sucesores, su conde Gerardo, y al que aspiraba conseguir el conde de Ampurias,
pero Gerardo se lo quiso entregar a su Señor, Don Alfonso, rey de Aragón, del
cual se consideraba feudatario.
Todos estos
condes fueron extremadamente prudentes en su proyecto de expansión a Occitania,
procurando no soliviantar al rey francés de turno, y Ramón Berenguer III, al
parecer, no aireo los elogios que le hacían las crónicas pisanas, que tuvo que
conocer mientras las escribía el amanuense con las que convivió los dos años de
la cruzada balear y que en el Liber Majolichinus todos los hechos de la cruzada
son prolijamente narrados.
A Alfonso
II le correspondió hacer la oportuna declaración de lo que en un día sería la
futura Cataluña.
Sin duda
alguna eligió el momento más propicio y oportuno. Francia se encontraba muy
debilitada y acosada por sus enemigos ingleses y los del Sacro Imperio
Germánico.
Y por otra
parte la Corona de Aragón había conseguido que todo el Languedoc se declarase
feudatario de dicha Corona o aliado suyo.
Incluso el
Condado de Tolosa máximo rival de la mencionada Corona en el liderazgo de la
Occitania oriental, acabó aliándose con la misma y aceptando su liderazgo.
Además la
mencionada Corona era aliada de los angevinos ingleses y Alfonso II era ahijado
y aliado de Enrique II, Plantagênet. La posición del Rey Alfonso era muy fuerte
respecto a Francia, si bien se cernía una peligrosa amenaza que podía
desestabilizar esa posición de predominio catalano aragonés sobre la Occitania
oriental, es decir el Languedoc y la Provenza.
Esa amenaza
era la herejía de los cátaros albigenses que se estaba propagando por todo el
Languedoc y de momento era imprevisible como podía afectar a las aspiraciones
de la Corona de Aragón sobre la mencionada Occitania.
El problema cátaro frustró las
expectativas occitanas de la Corona de Aragón.
Dijimos que
la monarquía francesa se encontraba prostrada a finales del siglo XII,
principalmente por el acoso inglés de sus monarcas angevinos, pero las
circunstancias cambiaron al comenzar el S.XIII.
Ricardo Corazón de León fue
accidentalmente herido por una flecha, en gangrenándosele la herida y murió el
6 de abril de 1199, en brazos de su madre, Leonor de Aquitania.
A Ricardo le sucedió Juan sin Tierra,
sospechoso del asesinato de su sobrino Arturo, rival en el trono de Inglaterra,
por cuyo motivo la nobleza se le levantó y acosó, viéndose obligado a firmar la
“Carta Magna”, donde se menguaba la autoridad real.
Inglaterra quedó debilitada, y el
imperio angevino inglés se convirtió en una fortaleza vulnerable ante una
amenazante Francia, resurgida de su ruina.
Tal como hemos relatado se frustró la
posibilidad de crear un gran Reino occitano catalán y aragonés, durante tanto
tiempo pergeñado y cuidosamente preparado con enlaces familiares de los
condados de la Marca y del Reino de Aragón, con los que serían sus feudos
occitanos.
El Papa Inocencio III predicó una
Cruzada albigense y, ante la insurgencia cátara, terminó por invocar el apoyo
de la corona de Francia para lograr erradicar militarmente esa herejía a partir
de 1209.
La muerte de un enviado papal en la
corte de Tolosa provocó la guerra y el ataque a dicho condado del Jefe cruzado
Simón de Montfort.
Pedro II acudió a Tolosa (Languedoc)
con sus tropas para unirse a las de Raymundo VI y ayudarle a defender su
condado, oponiéndose a las tropas de Simón de Montfort en la batalla de Muret (12 de septiembre de 1213), donde fue vencido por dicho Señor anglo francés, Jefe de
las tropas cruzadas.
Aunque los resultados no se vieran
hasta el tratado firmado en Corbeil, cerca de París entre el Santo rey Luis IX
de Francia y el Rey de Aragón Jaime I el Conquistador el 11 de mayo de 1258,
siendo desfavorable a la Corona de Aragón.
Hasta el siglo XIII todas esas zonas occitanas
habían tenido un desarrollo filogenético similar al de la Hispania nororiental peninsular,
desde un punto de vista cultural e idiomático y con los mismos estratos iberos
y eusqueras, celtas y ligures, romanos y visigodos.
En ese
momento de pujanza de la Corona de Aragón, el corónimo oportuno elegido, por
Alfonso el Casto para sus tierras, resultó ser Catalonia (sin metátesis alguna
y luego diremos el porqué de esta observación), pero cuando oficialmente se
divulgó en el año 1173 ya se habían reconquistado Lérida y Tortosa, que se
incluyeron de momento en el reino de Aragón, para no enfeudarlas con el rey
francés. Posteriormente Jaime I las adscribió a Cataluña.
Parece ser
que Alfonso II las incluía en la futura Cataluña, al decir que ese territorio
iba de Salses a Lérida y a Tortosa. Si Salses ya estaba incluido, es de suponer
que estaba prevista la inclusión de ambos marquesados en Cataluña, y que su
adscripción al reino de Aragón fue provisional por las razones aducidas de
evitar un posible enfeudamiento de la Catalunya Nova a Francia.
La Occitania occidental estaba unida
al reino de Inglaterra a través de Leonor de Aquitania, duquesa de Aquitania y
Guyena y condesa de Gascuña, y su marido Enrique II,
Plantagênet, era padrino y aliado de Alfonso II y enemigo del ex marido de
Leonor, Luis VII de Francia, por lo que en dicha coyuntura Francia se encontraba
muy debilitada para poder exigir el cumplimiento del derecho feudal a los
condados y señoríos de la otra Occitania, la
Occitania oriental
(Languedoc y Provenza ), decantada hacia la Corona de Aragón, y a los
condados de la Marca Hispánica, todavía, en derecho feudal, feudatarios del Rey
de Francia.
Como antes dijimos, ese proyecto
político de unión de la Corona de Aragón con la Occitania oriental se frustró
en el año 1213 con la derrota de Pedro II por Simón de Montfort en la batalla
de Muret, cuyos efectos se confirmaron en el tratado de Corbeil de 1258.
LV.-Nuestra etimología de Catalunya versus otras etimologías
de dicho corónimo. Razones para desechar otras etimologías.
Para evitar en lo posible largas
discusiones críticas marcaremos unas directrices que mantendremos para aceptar
o rechazar cualquier etimología.
A).-Catalaunia, fonemáticamente Catalonia>
/katalonia/, es hasta el presente la única posible etimología de Cataluña, ya
que no podemos remedar la decisión fehacientemente histórica y documentada de un
Rey y Conde sobre la nominación de Catalonia en 1173.). Otra cosa es que no
haya dado el significado del corónimo, cuyo significado podemos heurísticamente
conjeturar.
B).-La única cadena etimológica que
se puede considerar realmente cierta es la siguiente:
Catalaunia>Catalonia> Catalunia>
Catalunya. Los datos históricos lo atestiguan.
C).-Con esta cadena Catalaunia>
Catalauni-a significaría tierra de catalanes, pero nada más; faltaría un
origen con significado más descriptivo y probablemente épico para los catalanes
de la época.
D).-Cualquier investigación sobre el
origen de Cataluña
debe iniciarse a partir de Catalaunia,
corónimo que figura en el Liber Maiorichinus /maiorikinus/, hacia adelante en
el tiempo, y no obviando la raíz (catalaun-), y hacia atrás, en el tiempo,
debe seguir el corónimo de Catalonia, declarado por Alfonso el Casto. Las dos
fuentes, supuestamente relacionadas, (Liber y citada declaración) son principalísimas
fuentes históricas de información, la primera secundaria y la segunda primaria,
con el creador, como testigo directo, de la creación de su propio corónimo.
Los estudios etimológicos realizados
que intentan llegar a Catalunya por otras vías son absurdos, porque a dicho
corónimo actual sólo se puede llegar como se indica en el punto B) de este
apartado, en cuya cadena etimológica está presente la raíz (catalaun-)
en el primer eslabón, que hasta el presente es la única etimología segura de
Catalunya.
Por otra parte Catalonia y Catalaunia son
endónimos, por proceder el primero de una declaración de Alfonso II, y el
segundo por venir de una antigua tradición del casal de Barcelona de conservar
y transmitir dicho corónimo de uno a otro conde, como parece desprenderse del Liber
Majolichinus, escrito unos sesenta años de la mencionada declaración.
E) La vía adecuada es buscar
relaciones y connotaciones entre los condes de esa nueva Catalonia,
antes Catalaunia, con sus antecesores
los reyes visigodos, habida cuenta del expreso deseo de identidad goda de
dichos condes, atestiguado en las dos fuentes históricas, una escrita: El liber
Majolichinus, y la otra oral: la gótica, quizás mal llamada etimología popular,
porque por culta, podría ser de origen conventual o monacal, por supuesto apoyada
por el casal condal de Barcelona.
F).- El hecho de que unos condes, en ciernes catalanes, reciban el
apelativo de héroes catalaunicus por
sus hazañas en la cruzada balear en el S.XII, junto al hecho de que unos reyes
visigodos sean laureados por su pueblo con el título de catalaunicus, por su
protagonismo victorioso en la Batalla de los Campos Cataláunicos en el S.V (recordado
unos cien años más tarde de dicha batalla por el historiador Jordanes), y con
la posibilidad de que el mismo pueblo visigodo recibiese el hipocorístico de catalaunicus durante largo tiempo; todas
éstas circunstancias concomitantes son las que correlacionan y justifican la
elección de dicho adjetivo catalaunicus como
etimología muy probable, con significado, de Catalunya, pero no con certeza
absoluta al no ser ésta verificable; pero afirmamos que es la única etimología
posible, conservando la raíz( catalaun-),
prerrequisito indispensable para llegar a una etimología correcta aceptable de
una determinación heurística.
Todas esas circunstancias, relaciones
y connotaciones entre los citados reyes visigodos, laureados cataláunicos, y
algunos condes, también cataláunicos, por utilizar personalmente ese
gentilicio, debieran de ser señuelo más que suficiente para considerar la
etimología cataláunica con mucha atención como solución probable de la etimología
de Catalunya.
G).-Catalaunicus y catalaunici en un principio designaron un paraje
y una comarca donde estuvo asentada en el S.IV a.d.C una población galo-belga,
los catalauni, en la Campania gálica (actual Champagne), a orillas del río
Matrona (actual Marne), y su Oppidum era Catalaunum. Población modesta y poco
importante que ni siquiera Julio Cesar la cita en su libro de Bello Gallico.
Dicha población fue rápidamente absorbida en el mundo galorromano con la
conquista romana.
Pero cuando en ese lugar se libró una
de las más importantes batallas de la humanidad entre el decadente mundo romano
y las hordas hunas de Atila, en los llamados Campos Cataláunicos, el gentilicio catalaunicus se tornó polisémico, adquiriendo un nuevo significado
mediante un cambio semántico, muy diferente al suyo originario, que pasó a
segundo término y fue casi olvidado. Ese nuevo significado de catalaunicus y su plural catalaunici nominarían a la célebre Batalla
de los Campos Cataláunicos (Campi Catalaunici Proelio), y eclipsaría
su primitivo significado.
Catalaunicus
es un préstamo fonemático celta, pero sin el significado inicial de dicho
termino celta: “el mejor combatiente”, sino el de su otro significado: el de un
campo de batalla donde se libró una de las más importantes batallas de la
humanidad, nuevo significado que hizo empalidecer el significado originario de
dicho gentilicio.
H).- Los visigodos, principales aliados
de las fuerzas coaligadas del Magister Militum Flavio Aecio, fueron los verdaderos protagonistas de
la batalla y vencedores virtuales de Atila, quien considerándose ya vencido y
habiendo ordenado preparar su pila funeraria, se libró de la derrota total
gracias a Flavio Aecio que sugirió a los visigodos abandonar el campo de
batalla.
I).-Después de dicha batalla los reyes visigodos fueron laureados
por su pueblo como catalaunicus,
hipocorístico que pudo extenderse a todo el pueblo visigodo y adoptar ese
gentilicio como propio, y pudo llegar el mismo como tradición o remembranza a
sus sucesores los condes de origen visigodo de la Marca Hispánica, y a la población
descendiente de la visigoda, en general.
J).-Probablemente Alfonso el Casto debió de pensar en dar un origen
épico al corónimo, en latín medieval, de Catalonia
y a sus correspondientes gentilicios, también latinos. Catalonia, Catalonha o Cataloñia era también el nombre en el
incipiente, pero ya formado romance occitano-catalán, el dígrafo
{ny} es posterior (S. XIV)
Catalaunicus admite
ser introducido como eslabón colateral y etimología de Catalunya, dándole al
corónimo un carácter épico, pero dicho rey no se pronunció al respecto. Si al
corónimo de Catalonia no se le da un
significado épico en relación con sus primeros pobladores, Cataloni-a sólo puede
significar tierra de catalani (catalanes).
K).-Cualquier estudio posterior sobre
Catalonia debiera centrarse, heurísticamente,
en intentar atisbar las razones de de esa elección del corónimo por el rey y
conde Alfonso sobre cuyas razones en un intento de interpretar su decisión sólo
nos llevaría a conjeturas no verificables, como ocurre en el caso de si pensó o
no pensó en catalaunicus como
etimología de Catalonia, lo que nosotros, con las debidas reservas,
consideramos un lapsus el no haberse pronunciado afirmativamente en dicho
sentido, ya que catalaunicus/ catalaunici apuntan con firmeza como origen de la
etimología de Catalunya.
L).-Las crónicas pisanas del Liber
Majolichinus son la única fuente histórica, aunque secundaria, donde aparece el corónimo de Catalaunia y el gentilicio adjetival catalaunicus, aplicado unos heroicos
condes: Ramón Berenguer III y Hug II de Ampurias en su cruzada baleárica.
Los citados condes de la Marca
carolingia tuvieron que conocer, por lo menos desde el principio del S.XII el
corónimo de Catalaunia y sus gentilicios,
catalaunicus y catalaniensis, a quienes el cronista pisano les nombraba como heroicos
condes cataláunicos, sin haberse creado y divulgado oficialmente todavía el
correspondiente corónimo, que Alfonso II declaró y divulgó como ya hemos dicho
unos sesenta años más tarde, al delimitar las tierras que un día serían
conocidas como Catalonia. Aunque, también, como ya hemos apuntado antes, su
forma anterior de Catalaunia, probablemente ya se columbraba mucho antes en el
mencionado casal.
Validando explícitamente con dicha
declaración real el corónimo de Catalaunia
de las citadas crónicas, e implícitamente, conforme a la morfología latina, el
gentilicio adjetival catalaunicus
M).-. De las mencionadas crónicas se deduce la preocupación de los
condes de la Marca en la afirmación de su identidad goda y en no ser
confundidos con los francos.
N).-En el corónimo elegido debieron
parar antes sus mientes los condes del Limes hispánico luengos años antes, quizás desde el año
1000 a.D., o desde Borrell II, quien llevó por, última vez el título de Duque
de Gothia y de Comes Hispaniae Citerior, o incluso desde Wifredo el Velloso,
fundador del casal visigodo de Barcelona, aunque dicho Conde estaba muy ligado
a Francia y condicionado por su lealtad a los reyes de Francia Carlos el Calvo
y Luis el Tartamudo. En cualquier caso Catalaunia
se vislumbraba probablemente desde hacía tiempo en la corte condal de
Barcelona.
O).- En el mismo círculo social del
casal catalán
circulaba una etimología gótica, probablemente propiciada y aceptada por dicho
casal que intentaba reforzar la identidad visigoda condal, añadiendo a
Catalaunia una marca de goticidad, mediante el digito {th} fricativo de origen
germánico, dando lugar a Cathalaunia y
Cathalonia, mediante una cadena
etimológica diferente, pero con el final predeterminado indicado de Cathalaunia/Cathalonia, pronunciado /katalaunia/Katalonia, igual que Catalaunia/Catalonia.
Con el dígrafo {th} tendríamos la
versión gótica de Cathalaunia y sin
dígrafo la versión original celta.
Como no pueden existir dos orígenes
diferentes de Catalaunia elegimos
como verdadera la versión celta, pensando en la Navaja de Ockham de que lo
originario es lo más sencillo y más probable.
P).-Ya indicamos la
motivación de la etimología gótica como un deseo de afirmación de la identidad
goda de los condes catalanes, pero pueden existir otras razones encubiertas.
Posiblemente los francos y los reyes capetos franceses supieron explotar a su
favor el éxito histórico de la batalla de Châlons en detrimento de los visigodos
y de sus sucesores los condes de la Marca, feudatarios de dichos reyes, por
cuyo motivo los citados condes supuestamente decidieron buscar la etimología de
una Catalonia gótica en detrimento de
una Catalonia celta, que además de una u otra forma podía
causar equivocidad, con respecto a Catalonia, dado el histórico Catalaum galo,
luego llamado Châlons.
Q).-No debe
olvidarse que en latín Catalauni-a,
significa “Tierra de catalanes” cuya raíz es “catalaun-“
Lo único que puede hacer el
etimologista es buscar una relación de la raíz catalaun- con una situación
anterior, y si la encuentra formular una hipótesis probable sobre el posible
significado de Catalunya. Otra cosa no se puede hacer, salvo no buscar orígenes
foráneos ajenos a la citada raíz. Al mismo tiempo el estudio heurístico debe
finalizar en catalaunicus, en donde
la heurística y la lingüística son totalmente compatibles dentro de la lógica.
Nosotros hemos emprendido ese camino
y nos hemos encontrado que la mencionada raíz es también la originaria raíz del
Oppidum celta Catalaunum de los catalauni
gallici, por lo que la mencionada raíz es común a los dos topónimos:
Catalaunum y Catalaunia, y por ser la raíz original del primer topónimo,
Catalaunia es un préstamo celta y consecuentemente Catalunya deriva de ese
préstamo celta a la lengua catalana.
Es obvio que la
etimología que defendemos debe detenerse en catalaunicus,
por ser ella una etimología, aunque lógica, muy especial al interrumpirse la
cadena etimológica natural, antes de llegar lingüísticamente al final de dicha
cadena. Sería totalmente absurdo llegar hasta los a cata-(ve)-launi que nada tienen
que ver con el pueblo catalán; la elección del término polisémico catalaunicus
lo ha evitado, y en dicho gentilicio nos hemos parado en la busca heurística
del origen o etimología con significado de Catalunya.
Sin embargo no se
debe soslayar la raíz catalaun- de Catalaunia si es que se
quiere hacer un estudio serio heurístico y lingüístico para determinar el
posible significado de Cataluña.
R).-De dicha raíz
hemos derivado un término colateral catalaunicus (o bien catalaunici) del
pueblo galo catalaun, que mediante el
sintagma adjetival Campi Catalaunici, que indica el lugar en donde se celebró una
batalla crucial para la humanidad en la que los visigodos tuvieron un
protagonismo principal y por dicho
motivo recibieron el hipocorístico de “catalaunicus”.
El hecho de que algunos
condes de la Marca adoptaran también, como sobrenombre o gentilicio el mismo
adjetivo “catalaunicus”, es un claro indicio de que dichos condes concibieron
ese epíteto, cogitando en la victoria de los reyes godos en la citada batalla.
Dicha connotación común es razón más que suficiente para que Alfonso el Casto,
nieto de un Conde “catalaunico”, eligiese Catalaunia (corónimo correspondiente
al adjetivo-gentilicio citado), como verdadero corónimo de la todavía llamada
Marca Hispánica en el año 1173.
S).-Ya dijimos que
catalaunicus/catalaunici era el único origen etimológico posible de Cataluña,
por lo que podemos afirmar que esa etimología la hemos determinado algorítmicamente,
y únicamente queda como contingente el argumentario que hemos empleado para
defender esa etimología, no obstante las razones que hemos dado nos parecen
lógicas, siempre que admitamos que Catalonia tuvo que tener un significado
cierto y no arbitrario, aunque Alfonso el Casto no nos legó el significado de
dicho corónimo.
T).- Familia lingüística del lexema o
raíz catalaun-: Los topónimos Catalaunum y Catalaunia y
sus comunes gentilicios catalaun-us/i y
catalaun-icus/ici pertenecen a la
misma familia léxica, es decir tienen
el mismo lexema o raíz y por lo tanto todos sus morfemas, en principio debieran
tener una cierta relación.
El hecho de que dicha relación no
exista es una excepción y sólo puede explicarse por la polisemia de los
gentilicios comunes, de forma que lo en su día sólo fue una comarca o hábitat
de los catalaunes gálicos, para los visigodos fue cuatro siglos más tarde un
campo de batalla donde victoriosamente frenaron de momento la embestida de
Atila contra las Galias.
Para los visigodos los campos
catalaunicos fueron campos góticos, y con mayor razón si esa célebre batalla se
libró, no cerca de Châlons, a orillas del Marne, sino cerca de Troyes, a
orillas del Sena, campos habituales de las razias de los visigodos contra los
francos.
Por dichas razones creemos que “catalaunicus” debiera considerarse como
la etimología de Catalunya, como el único eslabón posible de la cadena
etimológica que puede proporcionar un significado a dicho corónimo.
U).- Casi todos los países
extranjeros han conservado la forma original o parecida de Catalonia,
excepto en Catalunya; debido a la influencia de los árabes o mozárabes de la
Catalunya nueva que pronunciaban la /o/ como una /u/, cambio fonemático común
en el resto de la Hispania reconquistada. En árabe, كاتالونيا,
se pronuncia Cataaluniyaa.
Esa
influencia se inició en las zonas del catalán occidental de la Catalunya Nova y
del catalán valenciano que también forma parte del dialecto catalán occidental,
con diversas variedades lingüísticas.
V).-Ya
dijimos anteriormente como se forma en latín un corónimo: A partir
de un determinado pueblo, en plural, añadiéndole el sufijo (-a), ejemplos: del
pueblo hispanus, plural hispani y correspondiente corónimo Hispania (Hispani-a), y del pueblo gothus, plural gothi
y corónimo Gothia (Gothi-a)
La
relación entre los corónimos determinados y sus gentilicios determinantes
tienen una relación biunívoca, conocidos unos quedan determinados los otros y
viceversa.
Asimismo
Hispania es el corónimo de los hispani, del pueblo hispano, y Gothia es el
corónimo de los gothi, del pueblo godo. Esta formación del corónimo es propia
de los exónimos, de los nombres dados por los romanos al territorio de un
determinado pueblo, aunque no exclusivamente porque también se empleó en el
mundo post-romano, concretamente en el Medioevo europeo, para las regiones
romanizadas, en donde el Sermo rusticus fue paulatinamente substituido por los
romances locales, tanto para exónimos como para endónimos.
Los
corónimos serán exónimos o endónimos en función de que sus respectivos
gentilicios sean respectivamente exónimos o endónimos. Éstos últimos pueden
también llamarse autónimos o autoglotónimos, e indican que un pueblo se ha dado
a sí mismo su nombre, contrariamente a los exónimos en que el nombre del pueblo
es dado por otro pueblo foráneo.
Ejemplos
de endónimos: Indostán y Kurdistán, respectivamente territorio de los hindúes y
de los kurdos, o bien Deutschland, territorio de los deutsch, y Götaland (tierra
de los gautas y de los godos) y más próximo: euskal-herria por tierra
vascongada (vasconizada)
Tácito, a
finales del S.I, sitúa a los godos en la región del Vístula, territorio que,
según el historiador, denominaron Gothiscandza. Jordanes, historiador bizantino
del S.VI cita la isla de Scandza de Götaland, como origen de los godos.
(Creemos que posiblemente se refería a la isla de Gotland). Gothiscandza es
otro corónimo endónimo.
Observamos que, ya con Tácito, aparece el
dígrafo /th/ en Gothiscandza al que lo hemos definido varias veces como la
marca de goticidad, usada por el casal condal de Barcelona para su corónimo y
gentilicios.
Fueron los griegos quienes crearon el corónimo de
Iberia por sus pobladores iberoi >/iberi/>Iberia.
Igualmente de los keltoi>/kelti/>Celtia
o Céltica, y similarmente en el Próximo Oriente: Fenicia, Siria etc.
W).-Inversamente
de los corónimos se pueden formar gentilicios añadiendo el sufijo –anus
a la raíz del corónimo. Se emplean
frecuentemente para formar gentilicios endónimos, con independencia de que los
corónimos puedan ser endónimos o exónimos.
Roma es un
corónimo endónimo (a menos que creamos que su fundador fue el troyano Eneas),
como corónimo de una Ciudad-Estado su gentilicio es romanus (rom-anus)
y plural romani.
Castella
es el plural de castellum (castillo, en latín medieval) y significa castillos o
tierra de castillos; luego derivó a Castiella y Castilla. En su forma originaria
Castella dio origen al gentilicio castellanus con plural castellani.
En ambos
casos, como expusimos en el apartado T), de los dos anteriores gentilicios en
plural obtenidos, romani y castellani podremos obtener sendos corónimos
como Romani-a
(>Rumania) y Castellani-a (>Castellanía), con significados muy diferentes a
los corónimos originarios: Roma y Castella.
En el primer caso hemos encontrado un corónimo
distinto de Roma pero en relación con dicha Ciudad-Estado. Romãnia, nombre actual de esa
Nación, que corresponde a la antigua Dacia, región ocupada y habitada por
romanos en época de Trajano.
Romania
(sin acentos) se emplea actualmente para designar al conjunto de las actuales
naciones o regiones que fueron en su día romanizadas y hablan lenguas romances.
Romanija
es una región de Bosnia Herzegovina al NO de Sarajevo, y en dicha región existe
una ciudad con el mismo nombre seguido de un epíteto.
En el
segundo caso de Castella y castellani, el nuevo corónimo, a partir del anterior
gentilicio en plural es Castellania, cuyo significado corresponde al del
territorio y heredades del señorío de un castillo.
Similarmente
Capella significa en, latín eclesiástico, capilla u oratorio, con las
correspondientes propiedades y heredades eclesiásticas anejas a la Capilla; es
el plural de capellum, que dio origen al capelo o galero rojo cardenalicio instituido
por el Papa Inocencio IV en el S.XIII para los cardenales, príncipes de la
Iglesia.
De capella
deriva capellanus, capellán con plural capellani con el cual formamos Capellanía
que es el conjunto de propiedades y heredades pertenecientes a una determinada
capilla, ermita o santuario, y dependiente de un alto prelado eclesiástico.
Un condado
medieval tenía normalmente un conde, un vizconde y varios señoríos de castillo,
y eclesiásticamente un arzobispo con varias iglesias, capellanías y correspondientes
propiedades eclesiales; las tenencias de las Capellanías eran también señoríos
eclesiales.
Las
propiedades latifundistas eclesiales fueron suprimidas en España en el S.XIX
por la Ley de Desamortización Eclesiástica de Mendizábal, pasando la propiedad
de los terrenos de las Capellanías al Estado.
Como regla general los
corónimos derivados de un corónimo principal anterior, a través de su
correspondiente gentilicio en plural, son corónimos de rango menor. Si Roma era un Imperio, Romãnia corresponde a la antigua provincia romana de Dacia; y si Castella era tierra de castillos, Castellanía es el territorio propio de
uno de los castillos de dicha Castella.
Recalcamos que los corónimos derivados de un
gentilicio, exige que ese gentilicio esté precisamente en plural,
correspondiente al significado colectivo o pluralizado del “pueblo” que habita
en ese territorio, cuyo nombre es un corónimo. La morfología latina no admite
la formación de corónimos a partir de gentilicios en singular.
X).- Un
estudio etimológico serio debe ir acompañado de una cadena etimológica fiable o lo más
fiable posible, ya que la fiabilidad de la etimología hallada depende de la
fiabilidad de dicha cadena y de la fiabilidad de cada eslabón de la misma.
Además debe de indicarse, aunque sea aproximadamente la cronología de cada
eslabón, si es posible, y cuando los términos de los eslabones son supuestos
por no poder acreditarse, deben ir precedidos de un asterisco. Teniendo en
cuenta que el corónimo Catalonia es
un corónimo creado por Alfonso el Casto, y en relación con Catalaunia,
cualquier etimología que quiera determinar el significado de Catalunya debe ser
compatible con el lexema “catalaun” de Catalaunia, lo que implica que dicho
lexema debe de estar incluído en la cadena etimológica de Catalaunia.
Y).-En
este subapartado vamos a exponer la evolución cronológica lingüística de los
corónimos que tuvo la actual Cataluña, de sus gentilicios y de los sucesivos
nombres dados a la lengua y al habla catalana en sus zonas dialectales, y que forzosamente(no
todos) forman los términos de una cadena etimológica de Catalunya.
Podemos
tener una cierta constancia de la evolución del lenguaje escrito, pero menos de
la evolución cronológica del lenguaje hablado, aunque sí se conoce la evolución
de los procesos fonológicos de cada romance.
Cuando
apareció por primera vez escrito el Corónimo Catalaunia a principios del S.XII, en el Liber Majolichinus o unos sesenta
años más tarde cuando Alfonso el Casto declaró Catalonia, variante fonemática
del mismo corónimo, como el futuro nombre de las tierras de su soberanía, el
latín medieval podía estar degradado y aceptar palabras de los incipientes
romances, pero su morfología se conservaba íntegra en esa época, y era la
lengua escrita franca de toda la romania.
A finales del
S.XII y principios del S.XIII, el coronimo de la actual Catalunya era Catalonia,
sus correspondientes gentilicios eran cathalanus y cathalani;
cathalaunicus/cathalaunici dejaron de emplearse ya que cathalanus/cathalani se
empleaban indistintamente como adjetivo substantivado o como adjetivo. (Vide
documentos de la época).
El corónimo
de Cataluña apareció en el último cuarto del S.XIII, en el “Llibre dels feyts”
con la fonética actual pero con una grafía preliminar a la adopción del dígrafo
{ny}; el documento más antiguo que queda del citado libro es del año 1343, y en
el mismo aparece muy clara una tilde en el corónimo que parece estar escrito
como “Cataluñia” (la última sílaba no se ve muy clara, pero la tilde sí). Está
escrito en “llengua catalana vulgar”. En el siguiente siglo apareció el dígito {ny}
y el corónimo se escribió como Catalunya.
En cuanto
al gentilicio correspondiente, después de llegar a “catalán” en el mismo
S.XIII, a partir de cierto momento hay que disociar el nombre del gentilicio
con el nombre con que se denomina al idioma, hoy ambos denominados “català”.
Como luego
veremos desde el S.XIII al S.XV el gentilicio no varió y siguió siendo “catalán”,
y en toda Occitania sigue siendo todavía “catalán” y el corónimo tampoco ha
variado, Catalonha> /kataloɲa/<Catalonya. El gentilicio “català” es tardío y apareció en
el dialecto valencià a finales del S. XIV.
En cuanto al idioma catalán antiguo de los
recién citados siglos, la lengua catalana fue denominada catalanesc, catalanesch o romanç,
escribiéndose en un occitano culto y principalmente siguiendo la pauta del
dialecto lemosino, como lengua koiné. No obstante las cuatro crónicas catalanas
medievales están escritas en lengua catalana vulgar.
La primera
constancia documental del glotónimo “catalanesc”
como nombre de la lengua catalana se encuentra en las Reglas de trovar,
escritas en lemosino por un monje y trovador emporitano, llamado Foxa, en Sicilia
en 1290.
El término
catalanesc también se aplicó en un principio para todo hablante de dicho
idioma, al igual que en sus países ocurría con el francesc o lengua fráncica,
el provenzalesc y el romanesc o romanescu, y entre lenguas no neolatinas, el
barbaresc (berberisco). Por lo tanto catalanesc
es también un gentilicio derivado de dicho nombre de la lengua catalana de
la citada época. Formado por la raíz “catalan” y el sufijo “esc”, derivado del
sufijo latino tardío “iscus”. La {n} final de catalan no se perdió y todavía se conserva en los dialectos
occitanos, y también en sus variantes gasconas (incluido el aranés)
El uso de
catalanesc como gentilicio o adjetivo era el correspondiente al dialecto
occitano lemosino y tenía el significado ya mencionado. Obviamente no
substituyó al gentilicio “catalán”, llamado así también en los dialectos
occitanos, en los que sigue perviviendo. A finales del S. XIV empezó a perderse
la {n fina} y la acabó de perder en el S.XV, convirtiéndose el gentilicio en “català”.
Durante el
periodo del Dolce stilnuovo, italiano, se continuó llamando catalanesc a la
lengua catalana en los dominios peninsulares, pero al nacer con fuerza en el
S.XV el humanismo renacentista, iniciado ya por los grandes escritores del
citado estilo, buscando la Antigüedad Clásica y retomando el antiguo
humanismo griego del siglo de oro, volvió con fuerza un neo latinismo y un
florecimiento de la cultura, cuya influencia
tuvo una gran repercusión en el reino de Valencia, dando lugar al
florecimiento y hegemonía de la variante valenciana sobre cualquier otra
variante de la lengua catalana. A partir
de dicho S.XV las variantes del antiguo catalanesc pasan a llamarse
respectivamente: valencià, mallorquí y català, correspondientes a cada reino o
condado de la Corona de Aragón.
A partir
de esa separación dialectal reaparece el término catalán como gentilicio y como
nombre de la propia lengua catalana en Cataluña, con la grafía de “català”,
como explicó y propuso Pere Miquel Carbonell, a finales del s. XV en relación
con la denominación mixta “català-valencià” de una única lengua que había
evolucionado con el florecimiento de la lengua valenciana o valencià.
Ese y
otros intentos de de una denominación común de los tres principales dialectos
catalanes no prosperó, y dichas variantes se reafirmaron con las denominaciones
locales del valencià, mallorquí y català. El valencià y el mallorquí pujaron con fuerza para presentarse como
lenguas propias independientes en sus respectivos territorios, en tanto que
el català asumió como propia toda la esplendorosa literatura floreciente de los
otros dos dialectos catalanes.
Para
recuperar la unidad de los dialectos del catalan, el catalán de Cataluña tomó
en el S.XVI el nombre de lengua lemosina (“llemosí”), en recuerdo del catalanesc medieval que había tomado la
lengua “llemosí” como modelo occitano, en la poesía del amor cortés, teniendo
bien presente que dicha lengua, denominada lemosina,
era la lengua catalana de Cataluña, que nada tenía que ver con la lengua de
Limoges y su provincia Limosin, excepto en su parecido, y menos parecido
respecto al evolucionado valenciano o al mallorquín, que no aceptaron, ni valencianos ni mallorquines esa nueva
denominación de la lengua, que tomaron por catalanesc, lengua antigua o trovadoresca.
Existe el precedente
de denominar “llemosí” no sólo al catalán antiguo sino también a todos los dialectos
occitanos, en la obra “Razós de trovar” de Ramón Vidal de Besalú, ya que la
antigua Cataluña se consideraba en la zona lingüística occitana, opuesta a la
francesa de la langue d’oil, según Albertí de Sisteron.
Hubiese
podido llamarse la lengua antigua catalana, llemosí o acaso provenzalesc, pero
se denominó catalanesc, que procede del adjetivo o adjetivo substantivado
catalan; si bien dicha lengua catalana, en cuanto a poesía se refiere, se
adaptó al modelo lemosino, o bien acabó escribiéndose en ese dialecto occitano
con el nombre de catalanesc.
Ese
recuerdo lemosino fue determinante para denominar llemosí a la lengua catalana
en el S.XVI, que se inicio en Mallorca al publicarse una nueva edición de la novela
Blanquerna de Ramón Llull, escrita en versión lemosina; poco después se inició
en 1531 y perseveró dicha denominación en Cataluña.
Aquí
terminamos el estudio histórico de las denominaciones, a lo largo de la Edad
Media y principios del S.XVI, del corónimo y de los gentilicios, catalanes, y
tambien de los diversos nombres dados a la lengua catalana, a través del
tiempo, y que durante dos siglos y medio, contemporizaron, el nombre de la
literatura poética el catalanesc, con la prosa ordinaria de la lengua catalana.
No
obstante para dar continuidad al tema continuaremos con la historia de la
denominación de la lengua catalana en el S.XIX en el que se abandonó la
denominación “llemosina” retomando la del “català”, nombre que ya se había
aplicado en escritos a esa lengua en el S.XV, si bien oralmente ya se decía con
esa fonética (con pérdida de la {n fina} de catalán), probablemente a finales
del S.XIV.
Z).-Con la Renaixença
catalana (S.XIX), se inició la recuperación del nombre català,
ya usado anteriormente en el S. XV (y quizás ya antes en el S.XIV), como antes
observamos en relación con la cita de Pere Miquel Carbonell.
Se
considera que dicho movimiento romántico catalán se inicia con Bonaventura Carles Aribau, con el poema “La Pàtria”, popularmente
conocido como Oda a la Pàtria. Se dice que es un canto de añoranza catalana y
de ensalzar la lengua catalana, y ello es cierto, pero cuando se publicó en el
año 1883, dicha lengua todavía se denominaba “llemosí”,
como dicho autor lo muestra en el verso siguiente: “En llemosí sonà lo meu
primer vagit, Quan del mugró matern la dolça llet bevia; En llemosí al Senyor
pregava cada dia, E càntics llemosins somiava cada nit.”
Manuel Milá i Fontanals en 1858 y Marià Aguiló Fuster en los
“Jocs Florals” de 1862 reivindicaron el
nombre “català” para la lengua catalana. Denominación que fue unánimemente
aceptada.
LVI.-Algunas otras etimologías de Cataluña de otros autores.
A).- La etimología popular, o gótica,
haciendo derivar Cathalaunia de Götteland, a través de Gothelaundia no afecta
a nuestro razonamiento, en todo caso lo refuerza, fundamentado en que Catalaunia es la actual y cierta
etimología de Catalunya, pero es errónea su cadena etimológica, porque
Catalaunia es un préstamo celta al romance catalano-occitano y no palabra de
origen godo. Ello no quiere decir que no pueda ser una etimología antigua y que
probablemente debió forjarse a instancias del casal de Barcelona y debió tener
una difusión popular probablemente a través de la vía trovadoresca. El hecho de
que tenga una marca de goticidad, mediante el dígrafo {th}, o no la tenga no
afecta al corónimo Catalaunia que sólo puede ser único.
Posiblemente pudo dar origen a algún
topónimo o gentilicio catalán, adelantándose a la proclamación y divulgación
oficial del corónimo Catalonia y gentilicios catalanes por Alfonso II, en el
año 1173.
B).- La etimología Gothi Alani, o
Goth-alani, de godos y alanos, podría estudiarse lingüística e históricamente.
De hecho esa etimología es aceptada en Osetia, de donde procedían los alanos
que invadieron Europa y también lucharon contra Atila y los hunos con firmeza.
Esa etimología, como origen de Catalunya, figura en la Enciclopedia iraní de la
misma etnia que los osetios. Pero quienes propusieron esa etimología no consideraron
que el corónimo de Catalaunia se eligió por la voluntad de un rey y conde de
origen godo que buscaba una identidad goda y no un mestizaje con los alanos. (Nota:
Siempre hay que hacer una interpretación heurística de la etimología que puede
ser lógica de la que no puede serla. Recordemos la exclusión que hicimos de la
etimología Calat Talaunia, por su poca relevancia para ser la etimología de
Catalunya)
C).-La etimología de que fueron los
propios catalauni de Catalaunum (Châlons) que emigraron a la actual región
catalana en los siglos IV y III a. de C. Estrabón dijo que una rama de los
catalauni de unieron a los Volcos Tectosagos y se distribuyeron entre Tolosa y
Arles, principalmente en Carcasona, y algunos pudieron establecerse en el
Rosellón. No hay demasiado substrato celta en Cataluña, pero lo hay (culturas
de Hallstatt y de la Tène, en la zona pirenaica).
Las migraciones celtas de los
catalauni, que pudieron llegar a Cataluña no debieron afectar demasiado a la
población autóctona íbera, ni tampoco tener entidad suficiente para dar nombre
al país. (Véase un apéndice sobre tema, añadido a este ensayo). Hay toponimia
celta en el Pirineo: Besalú, Salardú, Avinyó, Verdú y Briansó son topónimos galos
entre otros, en Cataluña; y en Aragón, Navardún, Berdún, Embún y Sos, debido a
la ocupación del territorio por los suessetanos, y por los galos en el valle
del Gállego. Varios de ellos oppida
celtas.
D).- Etimología de “kastellanoi”.
Cuando Estrabón describió las tribus de Hispania y no contó con una tribu que
el cartógrafo Ptolomeo relacionó en su lista de topónimos, unos ocho mil, ello
puede ser cierto o puede ser un error, ya que en las tablas toponímicas
ptolemaicas se encontraron muchos errores. El pueblo es el kastellanoi, en
latín castel.lani, donde perdiendo una “s” y una “l” se llega a /katelanoi/ y
en latín catelani = catalanes y a
Catelania como corónimo y etimología de Catalunya. Dicho pueblo se encontraba
entre los Ausetani de Osona y los Jaketani de Jaca. ¿Y dónde sitúa a los
ilergetes, que estaban entre ellos? En otro lugar, sin embargo, los sitúa entre
los Ausetani y los Laketani. No todos los historiadores reconocen esa tribu
kastellanoi.
Catelania tiene una grafía próxima a Catalaunia, precedente a la declarada Catalonia de Alfonso el Casto, que para
nosotros es la etimología histórica cierta de Cataluña, haciendo abstracción de
la motivación y sentido que tuvo para
dicho conde y rey, el corónimo por él elegido. Además Catalania y Catelania
figuran como variantes del mismo corónimo Catalaunia compatible con su
gentilicio catalaunicus.
E).- Etimología: Otger Cataló: Una
historia mítica del S.XV, que hay que interpretar como la Ilíada o la Eneida,
para buscar algo cierto. Justifica el nombre de Cataluña con un patronímico,
Cataló. (De Catalaun>Catalón>Cataló). Por lo menos deriva de la raíz catalaun- . (Etimología de Pedro Tomic)
F) Etimología: Montcada, de Mons
Catanus. De la familia Montcada.
Montcada significa Monte con cadecs, cadas o enebros rojos de la miera
(Juniperus oxycedrus). P. Aebischer es muy erudito, pero parece no haber
acertado en esta ocasión; quizás fue mal aconsejado para iniciar esa
investigación..
Los Montcada fueron muy importantes y
poderosos, pero hay otros eventos más importantes que pueden justificar el
corónimo de Cataluña. Pudo existir un castillo en Montcada. El imponente
castillo de Cardona que inició su construcción Wifredo el Velloso, propiedad de
dicha familia Montcada y que puede ser un valioso valor añadido, pero ni uno ni otro
castillo justifican el
origen del corónimo catalán. Lingüísticamente es inexplicable el cambio de la
nasal /n/ por el fonema aproximante lateral alveolar velarizado/l/. Tampoco figura en la cadena etimológica del
corónimo ni Catalaunia ni el lexema catalaun. (Además vide: Nota apartado
B)
G).- Etimología con el error de haberse escrito en el “Liber
Majolichinus” catalani por lacetani
/laketani/, debido a una triple metátesis del etnónimo lacetani, llegando al gentilicio
catalani, lapsus descubierto, pero no corregido, y por dicha razón continuado y
mantenido el mismo en el citado "Liber” que narra las crónicas de una cruzada
pisano-catalana contra la piratería balear en la expedición a Mallorca en los
años 1114 y 1115; en esos términos no literales, pero sí en el fondo, se
manifestó en su día Joan Coromines:
La palabra
“Lacetani”/laketani/ no pasó a “Catelani” por una evolución lingüística, sino
que fue un error del cronista. Un italiano culto recordó aquella denominación y
así se le ocurrió resucitar el gentilicio de “Lacetani”, pero en el
escrito apareció la metátesis “Catelani”. Joan Coromines compara esta
metátesis con otros manuscritos del medioevo que al hablar de los laketani escriben
“Katelanoi”/katelani/ en unos y “Kastellanoi” /kastelani/ en otros;
también cita otra metátesis en relación con Cocentaina, localidad valenciana.
¡Pero esas
metátesis citadas son claras y comunes en tanto que la metátesis de catalani
(katalani) por lacetani (laketani), de tres consonantes o fonemas /k/, /t/ y
/l/, y cambio de una vocal, es muy rara, y por ello parece muy rebuscada!
Coromines
cometió un error al no considerar que esa triple metátesis es de ocurrencia muy
difícil, pero fundamentalmente porque catalauni,
catalaunicus y Catalaunia se habían urdido en la Corte condal barcelonesa,
probablemente más de cien años antes de decidirse y proclamarse las tierras que
en un futuro serían llamadas Catalonia,
y unos sesenta años antes de dicha proclamación Ramón Berenguer III habría
comunicado al cronista o amanuense del citado Liber varias formas de corónimos
y gentilicios correspondientes a Catalaunia.
En cuanto a
los lacetani, nadie se acordaba de
ellos en aquella época. Esos errores de metátesis no cuadran con la lógica. En
el Liber Majorchinus no aparecen unos étimos trastocados, sino los que
Berenguer comunicó al cronista del citado liber y que unos sesenta años después
su nieto Alfonso el Casto los divulgó. Dicho “Liber” no determinó ni marcó a
los condes, que ya se consideraban “catalaunici”, los etnónimos que en un
próximo futuro iba a emplear el futuro pueblo catalán. El libro pisano no es el
origen de unos etnónimos, sino el posible mensajero y divulgador de los mismos.
Su origen se sitúa en los casales condales de la Marca Hispánica, y de
producirse un error o lapsus es en ese lugar.
Si
planteásemos la hipótesis de que Alfonso el Casto tuvo un lapsus, al declarar Catelania
en lugar de Laketania, evidenciaríamos una hipótesis absurda, por lo tanto la
anterior hipótesis, de un lapsus producido en el origen de la información, en
este caso en el Liber Majolichinus y en la segunda decena del S.XII, se
fundamenta en una suposición errónea, y por tanto falsable.
Hubo una necesidad
por parte de los Condes de Barcelona de buscar un corónimo del conjunto de los
condados de su soberanía de la Marca Hispánica, como decía Coromines, pero no
hubo ningún apresuramiento en su elección, como siguió diciendo, sino mucha
prudencia en su declaración para no ofender a los reyes capetos de Francia.
Los Condes
de Barcelona conforme al derecho feudal no tenían potestad para cambiar los
nombres de sus condados, sin autorización del rey francés.
Wifredo el
Velloso gracias a su lealtad con Carlos el Calvo y Luis el Tartamudo logró
primero el condado de Urgel y luego el de Barcelona, consiguiendo que los
condados fuesen hereditarios y la posibilidad de agruparlos por enlaces
familiares, así consiguió en un principio unir bajo su soberanía los condados
de Barcelona, Ausona y Gerona.
Wifredo el
Velloso substituyó como conde de Barcelona al franco Bernardo de Gothia,
nombrado duque de Gothia por Ludovico Pío; al llegar a reinar Carlos el Calvo
se rebeló contra él dicho duque, siendo sometido y ejecutado. Esa rebelión la
sofocó Wifredo el Velloso, por cuya lealtad fue premiado con el Condado de Urgel
que heredó su hijo, y luego fue nombrado conde titular con derecho a sucesión
de Barcelona.
Borrell II
en su día pidió ayuda al rey capeto contra Almanzor y en contestación el rey le
exigió el pago del estipendio feudal, Borrell no pagó el tributo y, cuando
Almanzor regresó al Al-Andalus de sus razias, fue a Roma con la intención de
que el Papa le coronase Rey poniendo su reino bajo el vasallaje del solio
papal, pero esa petición iba contra el derecho canónico y contra el derecho
feudal, y sólo consiguió que le nombrasen un obispo dependiente del Arzobispo de Narbona. Dicho conde no
prestó juramento de fidelidad al rey francés, pero formalmente continuó como su
feudatario.
A pesar de
que se aflojaron las relaciones con Francia, existía un gran respeto por el
derecho feudal. Cuando Ramón Berenguer IV conquistó Lérida y Tortosa lo hizo
como príncipe de Aragón para evitar enfeudar esos territorios, lo que no se
hubiese conseguido de adscribirlos a cualquier condado de la Marca Hispánica (Catalunya
Vella). Tampoco podían dar un nombre al conjunto de los condados que
individualmente eran feudatarios del rey de Francia, ni cambiar el nombre de
dichos condados.
Los condes
de Barcelona debieron esperar y elegir el momento oportuno para renombrar la
Marca Hispánica como Catalonia. (Véase el apartado nº LIV. Oportunidad del momento de la declaración
alfonsina de Catalonia).
Todas estas
explicaciones las damos para demostrar que no hubo ninguna improvisación en la
elección del corónimo Catalonia como sostuvo Coromines.
H).-
Etimología: Castilla. El significado de la palabra “Cataluña”: según se tiene
entendido es uno solo:"tierra de castillos". El mismo significado que
los cronistas árabes le dieron a Castilla (Al-Quila)
En la
página de la Generalitat se puede leer: “El nombre de Cataluña -de
etimología incierta, aunque probablemente derivado de tierra de castillos- se
empieza a utilizar a mediados del siglo XII para designar al conjunto de
condados que formaban la Marca Hispánica".
Incomprensiblemente no se cita la “Catalaunia” del Liber
Majolichinus de la época del conde Ramón Berenguer III, ni la proclamada “Catalonia”
por su nieto Alfonso el Casto, recogida
en las historias de Ferran Soldevila Zubiburu y de Ferran Valls Taberner.
Catalaunia y Catalonia son dos escalones seguidos de la cadena etimológica de
Catalunya que figuran documentados históricamente en las dos únicas fuentes
históricas en relación con el corónimo de Cataluña, y en cuyas fuentes fundamentamos
nuestro ensayo.
Con dicha afirmación parece que la
página oficial de la Generalidad no da crédito ni al historiador Soldevila ni
al Liber Majolichinus, es decir a las dos únicas fuentes históricas que además
coinciden en el corónimo y en sus gentilicios catalanes, con la única diferencia que en el mencionado Liber se citan los citados étimos, como actuales en relación
con su tiempo, y según los documentos aportados por Soldevila, Alfonso II, unos
sesenta años después de escribirse el
citado Liber de las crónicas pisanas, manifiesta o proclama que las tierras de
su soberanía en un futuro serían llamadas Catalonia.
Dicha página de la Generalidad
después de afirmar que la etimología del nombre de Cataluña es incierta, aunque
probablemente derivada de tierra de castillos (es decir como Castilla), de
forma vaga e imprecisa dice que se empieza a utilizar a mediados del siglo XII
para designar el conjunto de condados que formaban la Marca Hispánica. Elude
las fuentes históricas citadas: El Liber Majolichinus y la proclamación de
Catalonia por Alfonso el Casto. No parece
que tengan ningún interés en abordar esos temas.
Esa etimología revela falta de imaginación, iguala la
etimología de Cataluña con la de Castilla. Si se despertase Alfonso II,
seguramente diría que esa significación no es la que quiso dar a su corónimo.
Catalaunia y Catalonia son dos variantes fonemáticas del mismo
corónimo, que junto con sus gentilicios forman parte de la misma familia léxica,
por compartir el mismo lexema o raíz catalaun, que pudo tener un
significado, pero por las circunstancias que sean Alfonso el Casto no lo
determinó, quedando el lexema sin significado etimológico conocido y sólo con
el significado restrictivo en relación con un país y su población. Pero en cualquier
caso, con toda seguridad, no significa tierra de castillos.
Por otra
parte en la Wikipedia se puede leer: Otra
propuesta sugiere que por las necesidades defensivas de la Marca se levantaron
muchas fortificaciones. Sus guardianes eran los castellanos que en el bajo
latín medieval tomaría el nombre de “castlanus” de cuya voz surgen las formas
catalanas castlà, catlà y carlà. De éstas formas, los extranjeros que pasaban
por sus tierras habrían comenzado a nombrar así a los habitantes y a su
territorio (català, Catalonia, Catalaunia), por lo que Cataluña significaría
«tierra de castillos»".
Estas opiniones
son tomadas por Marcelo Capdeferro, como las más probables, para dar con el
origen de la nación catalana. Mismas opiniones que fueron tomadas para la
magistral obra de De la Cierva, en su libro “Historia Total de España”.
Respetamos todas las tesis anteriores, pero disentimos de las mismas, en
ninguna de ellas vemos Catalaunia como origen de la investigación. En la última
etimología, muy compartida se llega a Catalaunia, a través de català y
Catalonia, y a catlà se llegaría desde un supuesto “castlanus”, a través de castlà,
catlà (¿carlà?). Donde castellanus es el alcaide de un castillo como châtelain
en francés.
LVII.-Análisis detallado de la etimología de Cataluña como
tierra de castillos, versus la etimología basada en Catalaunia y catalaunicus.
Merece la pena hacer un examen
detallado de la anterior etimología por ser la que más aceptación ha tenido,
sin embargo nosotros nos vemos obligado a hacer a la misma una serie de
objeciones, tanto de fondo como de forma, es decir conceptual y lingüísticamente,
y teniendo en cuenta que la forma también conforma el concepto, confirmándolo o
rechazándolo. Nos reafirmamos en nuestras opiniones y objeciones expresadas en
el punto anterior, y seguimos analizando esta etimología:
En primer lugar se presenta a Cataluña
imprecisamente como un exónimo (“los extranjeros
que pasaban por sus tierras habrían comenzado a nombrar así a los habitantes y
a su territorio...” ¿cómo los habrían nombrado, castellani cómo los señores de
los castillos.)
En realidad Catalonia es un endómino
o autónimo, ya que fue un conde de Barcelona y rey de Aragón quien proclamó, en
una Junta de Paz y Tregua, a Catalonia
como futuro nombre de las tierras de su soberanía, las cuales someramente
determinó y deslindó. Nunca podrá ser considerado ese territorio un exónimo,
creado por circunstanciales visitantes extranjeros a un territorio sin nombre,
cuando su corónimo procede de una declaración o proclamación de dicho soberano,
sobre la nominación y deslinde de su territorio. Catalonia es por tanto un
endónimo, autónimo o autoglotónimo.
Antes de continuar con el análisis
etimológico que estamos realizando, debemos hacer un inciso sobre la evolución
del corónimo catalán y de su gentilicio hasta llegar respectivamente a Catalunya y a català
De Catalonia, desde 1173, a Cataluñia, a finales del siglo XIII (Llibre
dels feyts), no tardó mucho en llegar
dicha transformación, en cuanto a Catalunya, depende de la antigüedad del
dígrafo {ny}, probablemente del siglo siguiente.
Esos cambios corresponden al
florecimiento del catalán valenciano o del valenciano, ya que es en el reino de
Valencia donde floreció el catalán y donde sufrió una gran transformació de la
lengua, debido a la gran influencia sobre dicha lengua de la mozarabía
valenciana, con grandes cambios de la lengua catalana en el Siglo de Oro
valenciano a partir del S.XV, donde floreció dicha lengua bajo la denominación
de “valencià o llengua valenciana ” ya que en Valencia se produjo prácticamente
toda la producción literaria correspondiente a dicho siglo.
El cambio de la {o} de la tercera
sílaba de Catalonia se debe a esa influencia mozárabe, ya que en la lengua
árabe clásica no existe el fonema /o/. De Catalonia se pasó a Catalunia, y
finalmente el corónimo se escribió con el dígito {ny}, de sonido nasal palatal,
con la grafía actual de Catalunya. En Occitania, que no sufrió la influencia
mozárabe se conservó dicho fonema /o/, escribiéndose el corónimo como
Catalonha, representando ambos dígrafos, {ny} y {nh}, o {ñ} al mismo fonema
nasal palatal /ɲ/
El apócope del fonema nasal {n}, de catalán>català, con
inclusión del grafema {à} abierta es también un cambio del valenciano. De esa
época son los gentilicios de la moderna lengua: valencià, romà, italià, aquità, murcià y castellà, adjetivos
nacidos en el Reino de Valencia.
El fonema nasal final {n}, se conserva
hasta hoy día en toda Occitania, incluido el Valle de Arán, con el gentilicio
catalán en lugar de català, y desde el S.XIII al S.XV, tanto el gentilicio como
el nombre de la lengua eran el catalan
y el catalanesc, utilizándose éste
último principalmente para la poesía cortesana, de estilo caballeresco, e
incluso empleando la lengua lemosina u occitana.
Mallorca también tuvo un
florecimiento de la prosa literaria en el S.XIV con Ramón Llull, en catalán vulgar,
pero culto. (Primeros escritos en Catalán)
Durante los siglos del S.XIII al XIV,
Cataluña fue asolada por terribles plagas de peste que diezmó a su población,
por cuyo motivo no pudo liderar el florecimiento de la lengua catalana. Ese
liderazgo del florecimiento de la lengua le correspondió al Reino de Valencia,
creado por el Rey Jaime, Jaume o en Jacme, según desde que reino o condado se
le cite.
Sin embargo en Cataluña se asumió
como propio de su lengua catalana, todo el patrimonio cultural literario valenciano,
incluidos los citados cambios, que no tuvieron lugar en Occitania, donde
persisten actualmente las formas originarias de los étimos Catalonha y catalán.
El catalán empezó a diferenciarse de dicha lengua
occitana a mediados del siglo XIII, una vez reconquistados los reinos taifas de
Mallorca y Valencia, y culminó dicha diferenciación en el S.XVI, cuando también
terminaron los flujos migratorios de Cataluña y Aragón al Reino de Valencia. El
valenciano es una variante del catalán occidental, compartido con los dialectos
tortosino y leridano. (Tortosí i lleidatà)
El antiguo nombre de Catalaunia
existía, por lo menos, más de cien años antes de la proclamación de la futura
Catalonia, variación fonemática de Catalaunia, cuyo nombre no pudo
oficializarse legalmente antes, porque el futuro territorio catalán estaba
formado con arreglo al derecho feudal por un conjunto de condados, feudatarios
individualmente del rey franco y luego del rey francés; situación que terminó
con el tratado de Corbeil en 1258, cuando los condados, ya catalanes, dejaron
de ser feudatarios del rey francés. (A partir de Alfonso el Casto ya empezó a
emplearse Cathalonia y cathalani en documentos oficiosos o en asuntos locales y
en el SXV se perdió la marca de goticidad “th”, o bien del dígrafo {th} se pasó
al grafema {t}).
Cuando se proclamó Catalonia en 1173,
los gentilicios catalanes eran cathalaunus con plural cathalauni y cathalaunicus
con plural cathalaunici, luego evolucionaron con independencia del corónimo. En las cortes de 1188, se decreta la
obligación de que sean cathalani todos los
vegueres del Principado de Lérida y Tortosa; aparece aquí el dígrafo de marca
gótica. En otros documentos posteriores aparece catalani sin dígrafo.
Volviendo a la etimología de Catalunya
que estábamos analizando, nos encontramos con la cadena etimológica que intenta
justificar el origen de dicha etimología.
Cadena etimológica con errores
cronológicos:
La cadena etimológica presentada para
esa etimología es la siguiente: castellanus>castlà>català>Catalonia>Catalaunia>Catalunya;
con dos términos cronológicamente invertidos: Catalonia y Catalaunia.
Catalaunia año 1117, cf. Liber
Majolichinus; Catalonia año 1173.cf. Historia de Catalunya de Soldevila. Por
otra parte el diptongo /au/ precede a la vocal /o/ y no al revés.
Además Catalaunia, Catalonia e
incluso Catalunya, corónimos evolucionados, desde el S.XII hasta finales
del S.XIII y principios del S. XIV, son anteriores al gentilicio català (del final del S.XIV al principio del S.XV), por lo
tanto cualquiera de los citados corónimos preceden a dicho
gentilicio y no al revés como figura en
la mencionada cadena etimológica, por lo cual dicho error junto al error
anterior, ambos cronológicos, invalidan totalmente dicha cadena etimológica, y
consecuentemente invalidan a la misma etimología. (Es absurdo que, Cataluña, cuyo origen o etimología buscamos,
preceda en tiempo real al gentilicio català, y supuesto origen de dicho corónimo
en la mencionada cadena etimológica).
Pero tenemos más objeciones que hacer
a dicha cadena etimológica:
A).-La
anterior cadena etimológica hubiese debido incluir a Catalaunia, como el término más antiguo conocido, en la segunda
posición de la cadena etimológica, justamente después del término origen de
dicha etimología, heurísticamente hallado, es decir después del primer
significante con significado de la etimología que queremos conocer, lo cual no ocurre.
Por
ejemplo sabemos que Catalaunia precede a Catalonia, siendo el corónimo más
antiguo conocido con cierta seguridad, pero no conocemos su significado, es
decir no conocemos su etimología, ciencia que persigue no sólo determinar el
origen de las palabras sino también averiguar su significado.
Tenemos
seguridad de que Catalaunia es el término más antiguo porque aparece en el
Liber Majolichinus, y le sigue Catalonia
por la declaración de Alfonso el Casto de dicho gentilicio en 1173, claramente
derivado de Catalaunia; de Catalonia
se llega fácilmente a Catalunya, por lo que podremos afirmar que Catalaunia, poblado
por catalanes, es la etimología de Catalunya, pero nos quedamos sin saber el
significado de dichos topónimos sucesivos.
Catalaunicus
tambien figura en el citado Liber Majolichinus, pero puede ser un derivado de
Catalaunia no su origen etimológico. Catalauni
plural de catalaunus debiera ser el origen de Catalauni-a, como tierra de catalauni, y también de Catalunia.
A
partir de la declaración de Catalonia dichos supuestos a “catalauni”
(entrecomillados con razón) pasaron a ser llamados cathalani y más tarde catalani,
de donde podría deducirse Catalani-a como
tierra de catalani, es decir de “catalans”.
Catalania y Catelania son dos
alternativas de Catalaunia que figuran
en el citado Libro mallorquín de las crónicas pisanas.
Se
deduce fácilmente que los “catalauni”, sin entrecomillar, no pueden ser la
etimología de Catalunia, Catalania o Catalonia, porque los originales
catalauni eran el pueblo catalaun, habitantes de una zona de la Campania
Gala (Champagne), junto al rio Matrona (Marne), con su Oppidum, o ciudad-
recinto fortificado Catalaum, y muy
distintos de los “catalani hispanici” que poblaban un territorio llamado Catalonia, cuya etimología se quiere
determinar, y que forzosamente debe ser profundamente analizada por el método
holístico que incluye los métodos histórico, lingüístico y heurístico.
Ese
es el plano en que se debe analizar la etimología con significado de Cataluña,
porque en el plano puramente lingüístico y etimológico ya se determinó que esa
etimología era Catalaunia.
Por
todo cuanto antecede, a partir de Catalaunia
se debe buscar el término etimológico o eslabón que la precede, y ese término
con toda probabilidad será el primer eslabón de la cadena etimológica de
Catalunya.
Evidentemente
si empezamos la investigación desde Catalaunia, se debe buscar, lógicamente en
principio, la etimología deseada dentro de la raíz catalaun-. El primer término anterior a Catalaunia que se encuentra
con la misma raíz es el sintagma adjetival “campi
catalaunici” que da nombre a una importantísima batalla, en la cual los
victoriosos reyes visigodos fueron laureados con el título de “catalaunicus”, adjetivo que algunos
condes catalanes emplearon también varios siglos después como gentilicio, probablemente
evocando la gloriosa remembranza de sus antecesores visigodos.
Por
lo que se puede considerar que el mencionado sintagma adjetival, o bien sus
adjetivos que lo definen catalaunicus o
catalaunus, pueden muy bien, cualquiera de los dos adjetivos, considerarse
como la etimología de Catalaunia, debiendo
preceder directamente a dicho corónimo en la cadena etimológica como antes
expusimos como condición lógica de dicha etimología,
sin poder llegar más lejos en el estudio etimológico, ya que nos llevaría al
pueblo catalaun de los catalauni que nada tienen que ver con los catalani
hispanici.
B).-Por
otra parte recordemos que para formar un coronimo a partir de un gentilicio,
debe estar este en plural para indicar que una colectividad de individuos
habita la tierra determinada por el corónimo. Luego a dicho gentilicio en
plural se le añade el sufijo (-a), que indica el nombre de esa tierra habitada
por un pueblo determinado por su gentilicio en plural, siendo el nombre de esa
tierra su corónimo. Ejemplo: de iberi>Iberi-a>Iberia.
La
anterior regla es de obligado cumplimiento en la morfología latina, y por tanto
se debe aplicar en el tramo latino inicial de las cadenas etimológicas, cuando
éstas se inician en el periodo, en el que todos los documentos se escribían en
latín medieval, lo cual ocurre en el caso que nos atañe, habida cuenta de que
el término inicial de la investigación heurística es el corónimo Catalaunia, con constancia escrita en el
Liber Majolichinus, de principios del
S.XII, aunque probablemente dicho corónimo sea mucho más antiguo, y por supuesto
el posible origen o etimología del mismo todavía más, seguramente de la época
en que estaba muy vigente el latín medieval y quizás sólo se hablaba en sermo
rusticus, y los romances neolatinos no se habían iniciado todavía.
En
el caso que nos concierne el primer término de la cadena etimológica hubiese debido
ser castellani, plural de castellanus
y el segundo castellania (=castellani-a),
que en principio podría dar lugar a Catelania, una variedad de los tres
corónimos que figuran en el Libre Majolichinus, pero por dos fundamentales
razones esa solución no es viable, por las razones que a continuación
explicamos, y una de ellas es que en catalán no se pierde la {s} delante de la
{t}.
Pero
para explicar la razón principal de la no viabilidad de dicha etimología, tenemos
previamente que explicar las cadenas etimológicas en las que se fundamenta la
misma.
En realidad la etimología presentada
emplea dos cadenas etimológicas, la primera para llegar al gentilicio
castellanus, con significado de señor del castillo, mediante la cadena:
castellum (castillo)>castella> (castillos)>castellanus, con raíz Castell- (recordemos que los gentilicios, endónimos o
exónimos, derivados de los corónimos se forman añadiendo el sufijo latino
(–anus) a la raíz del corónimo, castell en este caso, obteniendo castellanus); y
la segunda cadena presentada para llegar de castellanus a Catalunya, es la ya indicada
previamente como: castellanus>castlà> català >
Catalonia>Catalaunia> y >Catalunya.
Recordemos que los corónimos
deducidos de gentilicios plurales terminados en el sufijo –ani (plural de
-anus), donde a su vez esos gentilicios proceden de otro corónimo anterior,
entonces el segundo corónimo corresponde a un topónimo de rango inferior al
primero. (Vide ut supra: apartado nº LV, W, páginas 83 y 84, donde se ponen
varios ejemplos).
Citaremos resumidamente dos de ellos:
Si Roma era el corónimo de un Imperio, el gentilicio correspondiente en
plural era romani, y de ahí deduciríamos Romãnia
(Romani-a) que corresponde a la
antigua provincia romana de Dacia, poblada de romanos, pero Romãnia es un
corónimo de rango inferior a Roma, que era un imperio; el otro ejemplo sería:
si Castella es tierra de castillos, Castellanía es el territorio propio de
uno de los castillos de dicha Castella,
gobernado por un castellanus.
Ese segundo ejemplo se corresponde
con el mismo caso que estamos analizando para Cataluña como tierra de castillos. Con la
cadena etimológica: castellani> castellani-a > castellania, eliminando el
eslabón final de “Catelania”, por cambio ilógico en la morfología catalana,
como a continuación se expone. Por lo cual no podemos llegar a Catalunya con
esa cadena etimológica, y aun suponiendo que admitiésemos el citado eslabón
final, sólo llegaríamos a un topónimo imaginario de rango inferior al buscado.
Ello es
debido a que la cadena etimológica para justificar el origen etimológico de
Cataluña como “Tierra de Castillos”, partiendo de Castella
(>Castiella>Castilla), para llegar a Cataluña en la forma planteada: castellanus>castlà>català>Catalonia>Catalaunia>Catalunya, no sólo está cuajada de errores sino
que está artificiosamente manipulada para llegar a donde se quiere llegar, no a
donde objetivamente se debe llegar.
No sólo tiene errores conceptuales
como el empezar dicha cadena con un
gentilicio en singular derivado a su vez de un corónimo, para llegar a otro
corónimo, lo que equivale a decir que la etimología de Cataluña es Castilla,
para lo cual ni se respeta la cronología de los términos ni las leyes de los
procesos fonológicos. No podemos compartir esa etimología de
Cataluña con significado igual al de Castilla con una evolución etimológica tan
enrevesada del origen de Cataluña para llegar a tener una grafía tan diferente
a Castilla teniendo el mismo origen que ella.
Ya hemos
analizado los errores conceptuales y cronológicos del segundo tramo de la
mencionada cadena:
Català > Catalonia > Catalaunia > Catalunya, por intentar determinar un corónimo
desde un gentilicio en singular català (que a su vez
procede de castellanus), en lugar de determinarlo por un gentilicio en plural,
y por la indebida inversión cronológica de los términos Catalonia y Catalaunia, ya que Catalaunia debe
preceder a Catalonia, y por ser el primer término de la cadena “català” posterior a Catalunya.
C.-Errores fonológicos:
Independientemente de los anteriores
errores, no tienen explicación fonológica alguna los arbitrarios pasos de català a Catalonia, transformando una {à} muy abierta en
una {o} cerrada y recuperando la consonante nasal {n}, perdida previamente,
pero no en el S.XII, como correspondería al primer eslabón de la segunda cadena
etimológica, sino en el S.V, y cuando Catalunya tenía ya su forma actual (todo
ello es un contra sentido).
El paso
(cronológicamente cambiado) de Catalonia
a Catalaunia, y donde además fonemáticamente se transforma una {o}
cerrada en el diptongo /au/, contraviniendo una ley fonológica que nos dice lo
contrario, que el diptongo /au/ da lugar a una {o} cerrada, lo que hubiese
tenido lugar si no se hubiese invertido indebidamente los citados eslabones de
la cadena.
Campi Catalaunici” fue el que dio nombre a tan célebre e Para determinar además los
errores fonológicos de la citada cadena etimológica interesa
analizar el tramo: castellanus>castlà>català con las
modificaciones necesarias para llegar del primer término al último, y para ello
señalaremos con paréntesis los cambios efectuados en dicho primer término
ca(s)t(e)(l)la(n)-(us).
Para pasar de castellanus a *castla deberíamos pasar
previamente por castellà (S.XV), lo cual interesa soslayar porque esa
palabra significa castellano , a continuación debería venir *castelano
con una despalatización del fonema lateral palatal /ʎ/,
no usual, sino insólito en catalán, luego con apócope dela {o} se llegaría a *castelà, para derivar a
*castlà, con pérdida de una {e} neutra, fonema /Ə/,
llegando a un vocablo de difícil pronunciación en catalán y donde {st} no es
ningún dígrafo ni fonema catalán, en cambio sí lo es el dígrafo {ts}, fonema
africado sordo /ts/.
Se debe presuponer
que toda palabra precedida de asterisco, como *castlà ha existido o ha tenido
que existir en un determinado momento; *castlà puede derivar de “castellarius” (zona
donde ha existido un castillo), a través de castelar, con pérdida de {r}
(finales del S.XVI), y enmudecimiento de la e neutra /Ə/,
lo cual es posible en la lengua castellana, pero no en la catalana. Introducir
*castlá en la cadena etimológica es erróneo, ya que necesariamente debe de
proceder de castelar, pero no de castellá, con la despalatización del fonema /ʎ/
de castellarius.
Despalatización
posible en castellano pero no en catalán. Por ningún concepto puede derivar
*castlà de castellà, ni catlá de castlà (suponiendo que admitimos castlà).
Por razón doble
“castlà no puede figurar en una cadena etimológica presentada para llegar a
Catalunya, ni tampoco puede estarlo castellà (castellano), ya que de admitirlo
implicaría que castellà=català, (castellano=catalán), lo cual es absurdo,
porque entonces sería Catalunya=Castilla.
El error se hace
visible cuando desglosamos los pasos necesarios para llegar de castellanus a
català, que en la cadena presentada se eliden.
Dicha segunda parte de la etimología: castellanus> *castlà> català>
Catalonia >Catalaunia>Catalunya tiene
un eslabón etimológico *castlà, al cual no se puede llegar desde de
castellanus.
En un solo paso pierde el sufijo -us, una /e/ y despalatiza el dígrafo
{ll} lateral palatal de fonema /λ/, contrario a la norma del catalán de palatizar, no
sólo la /l/geminada, sino la /l/ sencilla, en sílaba inicial o intermedia
(vide: Larida> Lleida; liberare>llibrar y lliurar; castel.lum> castell; costa> costella;
mirare>miracle>mirall = espejo /mirador/milagro; especulum> espill;
cuniculum>conill; vetulus>vell; insula>illa; maniliare> manillar;
alium>all; oculus>ull; ampulla>ampolla/botella; milia > milla ;lanterna
> llanterna; mulier>muller; labrum>llavi; lancea>llanza; luna dies >
dilluns ; latro>lladre; largus>llarg {de largueza y largo}; flagellum>
flagell; lepus>llebre; lege>llei; locus> lloc;
sollicitare>sollicitar; auris> orella; pullus >poll;
luctatiu>lluita; lumen>llum; levis>lleu; longe>lluny; etc.). Es
palpable que el fonema lateral palatal /λ/ es mucho más frecuente en catalán que en castellano.
Y la despalatización no forma parte de un proceso fonológico catalán.
Es propio del catalán el
palatizar el fonema lateral /l/ transformándolo en el fonema lateral palatal /λ/, no al contrario despalatizar dicho fonema palatal /λ/, transformándolo en un fonema lateral alveolar /l/.
D).-Cambios fonológicos inexplicables.
El siguiente paso
es llegar desde castlà a català, perdiendo una {a} y recuperándola en otro
lugar, lo que es un cambio inexplicable,
como inexplicable también es la pérdida de la letra {s} delante de la letra
{t}, ya que contrariamente cuando un fonema fricativo /s/ es seguido de un
fonema oclusivo /t/, éste último se debilita y se pierde, y no al revés. Perder
la {s}, conservando la {t}, va en contra de la ley fonológica de que un fonema
oclusivo se pierde tras un fonema
fricativo.
La /s/ delante de /t/, no debe perderse, ya que no se pierde ni en la
lengua catalano-occitana ni en la castellana: castell/castillo y castellà/castellano.
Aunque existe la sola excepción de Catllar en el campo tarragonés, sin embargo
hemos encontrado una treintena de localidades catalanas, con el nombre de
Castell (aparte de los castillos aislados o que no dan nombre a una localidad).
Citamos algunos ejemplos: Castellar,
Castellà, Castelar, Castellás, Castellbisbal, Castellair, Castellvell,
Castellví, Castellvehí, Castigalen, Castellans, entre otros, la mayoría de
ellos de los siglos IX al XI y algunos de ellos de los siglos XII y XIII y XIV
y alguno posterior, observando que el apócope de la “r” vibrante final es del
S.XVI. La inusual excepción de Catllar confirma la regla y no la invalida, en
el sentido de que la /s/ delante de la /t/ no debe perderse. No se pierde en:
castanyer, castanyoles, costella, nostre, just, festa, gest, gesta, magisteri,
manifest, mastegot, mestís, mestrança, mistic, modest, mostra, estalviar,
estavellar, mustig, pastar, pesta, pista, posta, resta, restablir, sostre,
sastre, tastar ballesta, etc., y en ninguna palabra se pierde la{s} ante
{t}.
En francés la /s/ se pierde ante /t/, pero dicha pérdida se refleja
gráficamente mediante el acento circunflejo y fonemáticamente mediante una
obertura y alargamiento de la vocal con dicho acento: châtelain; por el
contrario en catalán la primera /a/ de català es corta y oscura, llamada {e}
neutra, de fonema /Ə/, en tanto que la segunda vocal /à/ con acento grave es
larga y abierta.
En ingles tampoco se pierde la {s} delante de {t} ni grafica ni
fonéticamente: castle>/kasƏl/, sin
embargo fonéticamente se pierde la oclusiva dental /t/, debido a que las
oclusivas detrás de las fricativas se debilitan o desaparecen, cuando forman
silaba, lo que no ocurre cuando la oclusiva precede a la fricativa, dando lugar
a fonemas africados, /dz/y /ts/.
El fonema lateral palatal /λ/
del grafema {ll}, el fonema
aproximante lateral alveolar velarizado /ɫ/ del grafema {l}, y la geminación de
fonema /l.l/ e igual grafema son tres especiales evoluciones fonológicas
catalanas de la /l/ lateral alveolar latina.
Hasta el primer tercio Siglo XX se conservo plenamente en Cataluña el fonema
/λ/, pero a partir de dicho momento debido al movimiento migratorio a
Cataluña de gentes de otras regiones que no sabían pronunciar dicho fonema y lo
pronunciaban como la semiconsonante conscriptiva del grafema {y} y fonema /j/ o alófono aproximante palatal /ʝ̞/, se ha perdido en muchas zonas catalanas la
conservación mayoritaria del citado fonema lateral palatal /λ/, siendo substituido por el fonema
conscriptivo o aproximante, palatal de la semiconsonante {y}. El proceso fonológico de dicho cambio fonemático se
denomina “yeismo” que con mayor detalle explicamos en un apéndice al final del
presente ensayo.
E).- Cadena etimológica artificiosa y recargada.
Invalidación de la misma
Por otra parte una cadena tan artificiosa y recargada, (diríamos: “recargolada”, en catalán) tuvo que
realizarse en un siglo o siglo y medio, poco tiempo para tan complicado tramo
de la cadena etimológica, y ello haciendo abstracción de todos los errores
considerados que por sí invalidan dicha etimología de Cataluña como tierra de
castillos.
En relación con la etimología de Cataluña de mayor aceptación, entre
los historiadores y etimologistas, de “tierra de castillos”, esa etimología
tiene el mismo significado que los cronistas árabes le dieron a Castilla
(Al-Quila). Según el historiador Sánchez
Albornoz (Historiador), en su libro titulado “El nombre de
Castilla”, dice que deriva de la palabra /al-Quila/, que traduce por “los
castillos”.
En árabe
“el castillo” > القلعة, transliterado
al-qala6a(t), donde /6/ es un fonema fricativo faringal sonoro,
propio del árabe, y “los castillos”> القلاع, transliterado al-qalā6 . Esa es
la forma como escriben y pronuncian “Los castillos” para referirse por
extensión a Castilla, sin embargo Sánchez Albornoz lo translitera
como Al-Quila. Nuestra transliteración se aproxima fonéticamente a Alcalā6,.El fonema
/q/ tiene un sonido gutural, y es un fonema oclusivo úvulo velar sordo,
parecido a la /k/ velar, pero gutural.
El árabe
también traduce directamente Castella por Qaštālat> قشتالة El singular castellum es un oppidum celtibero o ciudadela, puede proceder
de castrellum, diminutivo de castro, por influencia del latín en los principios
de la ocupación romana de Hispania. El condado de Castilla nació en el año 850,
en el S.IX, al igual que las primeras localidades catalanas citadas en relación
con Castell. Si bien la acepción de Castilla como Tierra
de Castillos es la más aceptada, no es unánimemente compartida.
Lo que no
entendemos es que la etimología más compartida de Cataluña sea tambien Tierra
de Castillos, puesto que hemos demostrado que es una etimología falsable.
Etimología de
Cataluña basada en los Campos Catalaunicos versus la etimología fundamentada en
Tierra de Castillos.
Nuestra
etimología en relación con la Batalla de Los Campos Catalaunicos es muy
sencilla y cumple con todos los cánones lingüísticos e históricos exigibles
para ser la etimología aceptada. Se puede o no estar de acuerdo con ella pero
no es falsable, lo que no se puede decir de las otras etimologías más
conocidas, siendo la etimología de Tierra de Castillos claramente falsable.
Se fundamenta
en la raíz catalaun- del gentilicio catalaunicus y del correspondiente corónimo Catalaunia, aparecidos en el Liber Majorichinus,
único documento histórico conocido sobre ambos étimos.
Catalunia es la
única etimología verificable de Catalunya, con la cadena etimológica:
Catalaunia (aprox. 1117) > Catalonia (1173) > Cataluñia (finales
S.XIII)> Catalunya (S.XIV o S. XV, cuando se adoptó el dígrafo {ny},
substituyendo al tilde)
El
gentilicio latino de catalanus evolucionó independiente del corónimo de
Catalonia, después de la nominación del mismo en 1173. Su evolución fue la
siguiente: catalaunus> catalanus> catalan>català; y en plural
catalauni> catalani> catalans.)
El lexema de Catalaunia es la raíz catalaun-,
del cual se deducen también sus gentilicios: catalaunus y catalaunicus,
añadiendo respectivamente a la raíz los sufijos (–us) e (–icus).
Para buscar una etimología con
significado hemos empleado un método heurístico, lógico e histórico, intentando
interpretar y comprender las decisiones de Alfonso el Casto y de los condes de
Barcelona respecto a los corónimos y gentilicios catalanes. La etimología
gótica de Cathalaunia o Cathalonia, aún siendo errónea es de clara inspiración
del Casal de Barcelona, que quiere imprimir un carácter de goticidad al
corónimo y a los correspondientes gentilicios, mediante el dígrafo {th}, al
igual que Gothia y ya empleado por Tácito para referirse a los godos.
Lingüísticamente los topónimos
Catalaunia y Catalaunum no son independientes, lo hemos evidenciado
estadísticamente, lo que nos indica que la etimología con significado de
Catalunya la tenemos que buscar precisamente dentro del lexema “catalaun”, familia de todos los vocablos
en relación con dicha raíz :el oppidum Catalaunum, el corónimo Catalaunia y
respectivos gentilicios, sin llegar al primer origen de “catavelaunum” que es privativo del pueblo galo-belga “catalaun” pero no de “los catalanes hispanos de Catalunya”.
Es significativo que algunos condes
de la Marca Hispanica se autodenominasen “catalaunicus”
al igual que los victoriosos reyes visigodos fueran laureados por su pueblo
con el mismo título, después de su victoria de los Campos Catalaunicos contra
Atila y los hunos.
El sintagma adjetival “importante batalla y concretamente el
adjetivo catalaunicus, o si se quiere catalaunus, que determinan el anterior
sintagma, tienen que ser el origen etimológico del corónimo Catalaunia, elegido
por los condes del casal de Barcelona.
Ese origen, vocablo del lexema
catalaun, es el único posible del citado corónimo, otro no lo hay, y de no
aceptarlo, Catalunya se quedaría sin origen etimológico con significado,
determinado heurísticamente, lo cual es un absurdo porque los condes de
Barcelona tuvieron que elegir un corónimo con significado, no al azar, y con
toda probabilidad de carácter épico. Es evidente que Catalunya tiene un propio
significado y no es difícil encontrarlo; lo que es seguro es que no puede
significar Tierra de Castillos, etimología cuya falsabilidad es evidente.
Cualquier otra etimología,
determinada heurísticamente, que no empiece por Catalaunia y sea ajena a la
raíz, tan bien definida, catalaun-
no podrá ser nunca cierta; y precisamente el método holístico, fundamentado en
la heurística, en la historia y en la lingüística es el único método que nos permite hallar, en
un pasado anterior a los siglos XI y XII, un significado probable del nombre de
Catalaunia, confirmado dicho nombre por Alfonso el Casto como Catalonia, en su
declaración sobre las tierras de su soberanía en el año 1173. a.D.
Nos tenemos que referir otra vez al
principio de la Navaja de Ockham para decir que la etimología más sencilla es
la que tiene más probabilidades de ser cierta, y esa etimología es la
fundamentada en el lexema catalaun-, que es la que nosotros
proponemos.
Uno de los principios del método
histórico nos dice que las hipótesis más detalladas, razonadas y explicadas son
las que tienen una mayor probabilidad de ser ciertas. Por dicha razón y por la
seguridad con que hemos expuesto nuestros argumentarios no nos hemos ahorrado
flecos, matices y énfasis, hasta la reiteración, en el intento de justificar la
etimología que defendemos como la única que puede ser cierta, y sin embargo es
la etimología más huérfana de apoyo y de difusión, y menos defendida por los
historiadores y etimologistas.
LVIII.-Resumen y Conclusiones
Para que el lector no soslaye algunos
argumentarios importantes anteriores, difícilmente desglosables, creyendo
encontrarlos en estas conclusiones, remitimos
al lector al apartado LV).-Nuestra
etimología de Catalunya versus otras etimologías. Razones para desechar otras
etimologías, y al apartado
precedente al actual LVII).-Análisis detallado de la etimología de
Cataluña como Tierra de Castillos, versus la etimología basada en Catalaunia
/Catalaunicus.
Ambos apartados hubiesen debido
incluirse en estas conclusiones, pero por ser muy extensos hemos preferido sólo
citarlos como una referencia de su importancia en nuestro general argumentario,
que en cualquier momento pueden consultarse.
En el primer apartado citado hemos considerado
los requisitos que creemos debe cumplir cualquier etimología de Catalunya sin
los cuales no se puede lograr ninguna etimología fiable. De ellos sólo
citaremos y resumiremos los más relevantes. Este apartado se complementa con un
segundo apartado en el cual se resaltan los errores conceptuales, asincrónicos
y fonológicos de la etimología más aceptada, muchos de ellos no habiéndose
podido incluir en el primer apartado por su atipicidad poco previsible.
Hemos determinado la necesidad de
partir de Catalaunia como el origen de una investigación heurística, dentro del
historicismo de Wilhelm Dilthey que considera que cualquier disciplina humana
debe considerarse en un contexto histórico. El historicismo consiste
en la tendencia a hacer de la historia la
ciencia fundamental para la interpretación de la realidad social.
Hemos aplicado el historicismo para
intentar interpretar y conocer el probable significado de dicho corónimo a
través de su entorno histórico cuando fue instituido, como única metodología posible
de una investigación, donde no existían documentos históricos que nos confirmasen
su etimología.
El método heurístico exige encontrar
en este caso, de referencia Catalaunia,
una relación con connotaciones significativas entre los condes de la
Marca Hispánica, que conservaron celosamente durante mucho tiempo la tradición
del citado nombre de Catalaunia, con otros personajes, población o
circunstancias relacionables.
La etimología con interpretación
restrictiva del corónimo termina en Catalaunia,
como territorio poblado por “catalauni“o
por los catalani hispani, pueblo
completamente diferente del catalaun, o de los catalauni
galli-belgae, pobladores de la Campania
galla, bajo todas las perspectivas, filogenética, diatópica y
asincrónica.
Cathalaunia es una variante del mismo
corónimo citado donde el dígrafo {th} expresa el deseo de los condes de la
Marca de mostrar su origen gótico y que no se les confunda en principio con los
“ifranj” o “franci”.
En el S. IX (año 850c) se escribieron
las primeras noticias sobre el Vettus
Oppidum Catalaunum, unos cuatro siglos después de haberse librado la
batalla de los campos cataláunicos a mitad del S.V en la antigua comarca de
dicho oppidum y que todavía conservaba su antiguo nombre.
No sabemos cuando pudieron enterarse
los visigodos de la existencia de esa antigua población galo-belga que había
ocupado otros cuatro siglos antes la mencionada comarca.
Creemos en un principio que no, pero
más tarde es posible, cuando Alfonso II declaró en 1173 la Tierra que sería
conocida en un futuro como Catalonia. Hubo un momento en que los condes del
casal de Barcelona debieron tener noticias del pueblo catalaun y de su vetusto
oppidum Catalaunum (Châlons sur Marne), a partir de la divulgación del anterior
citado escrito sobre dicho pueblo y su Oppidum. Divulgación probablemente
propiciada por los reyes franceses de los cuales los condes de la Marca
Hispánica eran feudatarios del rey francés, individualmente por cada condado.
El conocimiento por parte de los
visigodos de esas noticias pudieron también impulsarlos al deseo de
diferenciarse del pueblo catalaun, de los catalauni de la “Champagne” francesa,
que en su día habitaron el vetusto Oppidum Catalaunum, hoy Châlons, y sobre
todo a partir del momento en que los franceses publicaron y divulgaron el
citado libro sobre el citado antiguo Catalaunum y su población, olvidados desde
el S.II a.D., en que fueron plenamente romanizados y absorbidos en la población
galorromana.
Si intervinieron en la Batalla de los
Campos Cataláunicos, de lo que no hay noticia, tuvieron que hacerlo en las
legiones galorromanas bajo el mando de Aecio.
No se sabe cuando los reyes de la
Corona de Aragón tuvieron conocimiento de la existencia de mencionado libro,
pero podría ser significativo el hecho de que en el Liber Majorchinus,
terminado hacia 1117, figuran los étimos catalanes sin el dígrafo {th}, y sin
embargo a partir de la declaración de Cathalonia en 1173 se escriben dichos
étimos en latín con dicho dígrafo. (Cathalani por catalans).
Sabiendo que el dígrafo {th}
representa una notación de goticidad, y la ausencia del mismo puede
interpretarse como una referencia a los originarios étimos celtas, pero sólo en
relación con los “Campi Catalaunici” de la célebre batalla y no en relación con
el pueblo catalaun del que seguramente los primeros condes de la Marca no tuvieron
conocimiento.
Para dichos condes de la Marca Hispánica,
catalaunicus era probablemente
sinónimo de gothicus y catalaunus de gothus, de la misma forma que también probablemente dichos
adjetivos los emplearon los visigodos
sucesores de los reyes Teodorico I y
Turismundo, como sobrenombre o hipocorístico,
durante un cierto tiempo después de la batalla cataláunica, lo cual habrían podido recordar los mencionados
condes cuando no precisaban todavía “gotizar” los étimos de Catalaunia y
catalaunicus, mediante el dígrafo {th} porque no tenían todavía noticia del
pueblo celta cataláun y no precisaban reforzar su carácter de ascendencia goda.
Podemos suponer que posteriormente dichos
condes tuvieron noticia del desaparecido pueblo catalaun que dio nombre a la
comarca donde se libró la mencionada batalla y quisieron reforzar la goticidad
del gentilicio añadiéndole la marca citada de goticidad del dígrafo {th}.
Quizás por la equivocidad del étimo
Catalonia no quiso Alfonso el Casto explicar el significado del corónimo por él
elegido y declarado en el decreto de Tregua y Paz de 1173.
Las grafías del mismo corónimo
Catalaunia y Catalonia corresponden a dos variantes fonemáticas, probablemente
con la misma fonética, se fundamentan en las dos únicas fuentes históricas: El
pisano Liber Majolichinus que cita Catalaunia y otras variantes del citado Corónimo
y el Documento decretado de Paz y Tregua por Alfonso el Casto con la
Declaración de Catalonia como futuro nombre de las tierras de su Soberanía.
Ambas grafías del corónimo no pueden obviarse en la cadena etimológica de
Catalunya, en la que Catalaunia precede a Catalonia
Mientras no se encuentre el
significado etimológico cierto de Catalaunia, ese corónimo del S.XII es el
origen etimológico de Cataluña lo que los etimologistas poco lo reconocen
debidamente en su afán de encontrar su propia etimología,.
En cuanto a los citados condes hemos
encontrado su manifestado deseo de acreditar su estirpe goda y el empleo del
gentilicio adjetival de catalaunicus, común
con el laureado título otorgado por el pueblo visigodo a sus victoriosos reyes
en la batalla de los “campi catalaunici, sintagma
adjetival determinado por el adjetivo plural de catalaunicus; batalla ganada virtualmente por unos antecesores de
la población condal de origen visigodo, de cuya batalla tenía dicha población
gran remembranza, haciéndola orgullosa de la precitada estirpe goda.
El recuerdo de esa batalla debió
perdurar largo tiempo entre los visigodos, sobre todo después de su lamentable
derrota en Vouillé en el año 507 ante los francos, superando la batalla
cataláunica en el recuerdo al de la batalla de Adrianópolis en la que los
visigodos vencieron a las legiones romanas en el S.V.
El expresado deseo de unos condes de
la Marca Hispánica en evidenciar su ascendencia visigoda, al tiempo de
nominarse con el gentilicio de catalaunicus,
implica unas connotaciones relacionables con las connotaciones de los reyes
visigodos, vencedores de los hunos, junto a los francos y a los romanos, en la
Batalla de los Campos Cataláunicos, y laureados por su pueblo con el título de
catalaunicus. (Costumbre romana de premiar a los caudillos vencedores o
conquistadores. Cfr. Escipión el Africano, Escipión el Asiático y Bruto el
Galaico)
Dicho sintagma adjetival convirtió al
adjetivo catalaunicus, o al catalaunus, en un nuevo polisémico, en relación con
la citada batalla a la que dio nombre, que poco o nada tiene que ver con el
significado original del nombre de la comarca catalaún, cuyo pueblo fue poco
importante, rápidamente romanizado y pronto olvidado a partir del S.II, a.D. hasta
que el citado libro francés los saco del olvido en el S.IX, para luego
denominar a la mencionada batalla cataláunica como “Bataille de Châlons”.
(Siguiendo la tradición francesa de
explotar sus hechos y hazañas, Napoleón convirtió en Sitio Nacional, el
supuesto lugar de la Batalla y el supuesto Campo de La Cheppe, donde Atila, al
parecer, se refugió en previsión de su cantada derrota, que no llegó a
realizarse por no explotarse el éxito de la victoria debido al abandono del
campo de batalla por las tropas de la coalición liderada por Aecio, en la cual
se supone intervino también el rey de los francos Meroveo)
Debido a las connotaciones
encontradas entre algunos Condes de la Marca y los reyes visigodos, virtuales
vencedores de la batalla de los Campos Cataláunicos, cualquiera de los citados
adjetivos, catalaunicus o catalaunus,
pueden merecer el ser considerados, en principio y mientras no sean falsables,
como etimología de Cataluña.
Otra etimología no es posible de
encontrarla, al considerar que la etimología buscada debe encontrarse dentro de
la familia de palabras del lexema catalaun- , siempre que admitamos que Catalaunia y catalaunicus sean los
étimos más antiguos conocidos en relación con la etimología de Cataluña y que
se reconozca al Liber Majolichinus como una de las dos fuentes históricas en
que se funda la mencionada etimología.
Dicha familia de palabras de lexema o
raíz catalaun-
comprende no sólo a Catalaunia y a sus gentilicios catalaunus, catalaunicus, y
plurales catalauni y catalaunici, sino también al Oppidum Catalaunum del pueblo
catalaun y a sus gentilicios homónimos de los mencionados de Catalaunia, es
decir con el mismo significante y distinto significado.
El hecho de que Catalaunia y Catalaunum tienen la misma raíz, y no dos raíces
homónimas, es evidente e incuestionable, no obstante hemos evidenciado la
certeza práctica de este aserto, aplicando la inferencia estadística de Mc
Cullagh, y reforzándola con otro cálculo de probabilidades, por lo que se puede
afirmar que los mencionados topónimos tienen la misma raíz y no dos raíces
homónimas.
Cuando se libró la Batalla de los
Campos Cataláunicos, “Campi Catalaunici
Proelium”, en el año 451 d. d. C, dicho adjetivo en plural, Catalaunici, adjetivando a campi, campos
de batalla, y formando el sintagma adjetival campi catalaunici, tuvo un radical cambio semántico de significado,
por el cual adquirió la relevante connotación del nombre de esa importantísima
batalla, perdiendo el que tenía en relación con el poco conocido pueblo catalaun. Incluso hoy día el adjetivo catalaunicus, singular de catalaunici, y que determina el
mencionado sintagma, nos evoca esa
batalla y no al pueblo catalaun.
El adjetivo catalaunicus es un adjetivo polisémico cuyo empleo puede dar lugar
a equivocidad, aunque el determinado sentido semántico de su polisemia, en
relación con la citada batalla, pudo tener un carácter relevante durante una
época, haciendo empalidecer su otra acepción polisémica de comarca del pueblo
catalaun, incluso hasta haciéndola olvidar.
Hemos dicho que la etimología de Catalaunia había que encontrarla,
partiendo de su raíz catalaun- (buscarla fuera de dicha raíz, como hizo Paul
Aebischer con Montcada es absurdo, porque de dicho topónimo es imposible llegar
en un mundo latinizado a Catalaunia)
Pero si la buscada etimología había
que buscarla en esa raíz, debemos pararnos en la búsqueda en el sintagma
adjetival “campi catalauni” que dio
nombre a la célebre batalla librada contra los hunos, ya que de seguir en la
búsqueda lingüística, llegaríamos al pueblo de los “catalauni galli”, cuya etimología significa “los mejores en el
combate”, etimología no aplicable a los “catalauni
hispani” o “catalani”.
Los campos de batalla del Sena (Campi
Mauriaci) y del Marne (Campi Catalaunici) se convirtieron para los visigodos
después de esa batalla en gothi Campi o
campi Gotorum de sus razias en terreno franco, como se puede comprobar al
respecto en la Enciclopedia Larousse.
“Los campos cataláunicos” fueron
considerados como “campos góticos”, donde “campus” significaba en la Edad Media
campo de batalla que se distinguía de agrum (acus.) como tierra de cultivo, y
en donde los epítetos “catalaunici” y “gothici” se empleaban indistintamente.
Ese recuerdo de la ascendencia goda lo heredaron los condes de Barcelona
por lo menos hasta el S.XII en que unos condes, Ramón Berenguer III y Hug II
recibieron el apelativo de catalaunicus, evidenciando el deseo del
reconocimiento de su estirpe goda.
Creemos que la idea de nominar como
Catalaunia al conjunto de los condados de la Marca Hispánica, cuando fuese
posible, debió de empezar a gestarse ya con el conde Borrell, unos dos siglos
antes de la citada cruzada balear y de escribirse el Liber Majolichinus;
razones había para ello cuando dicho conde fue desamparado por el rey francés
al no prestarle ayuda cuando Almanzor invadió los condados franceses de la
Marca Hispanica, arrasó Barcelona y tuvo que refugiarse Borrell en la montaña
de Montserrat. Por otra parte le contrariaba que le tomasen por un “ifrany” los
moros o por “francus” en los reinos cristianos peninsulares y en Europa.
No está fehacientemente determinado
cuando se empezó a hablar oficiosamente en los condados de la Marca del
gentilicio catalaunicus y del
corónimo Catalaunia, obviamente
derivado dicho corónimo del citado adjetivo, relacionado con el hipocorístico catalaunicus de los reyes visigodos y
con el sintagma adjetival de campi
catalaunici. Pero con toda seguridad antes de su proclamación o uso oficial
y evidentemente cuando se inició la Cruzada balear en1113.
Para intentar averiguar la etimología
o significado de Catalunya basta con averiguar primero el significado de
Catalaunia que debe ocupar el primer lugar de la cadena etimológica, si es
que se puede descubrir, para quedar entonces Catalaunia en el segundo lugar de dicha cadena y luego
continuarla con Catalonia > Catalunia > y >Catalunya.
Los visigodos debieron creer que el
adjetivo catalaunicus se les aplicaba a ellos, y esa creencia la heredaron los
condes visigodos de la mencionada Marca, en donde el significante de dicho
adjetivo era catalaunicus y su
significado el lugar en donde se libró la famosa batalla o la batalla en sí
misma, determinada por el sintagma de campi catalaunici.
La remembranza del ya olvidado pueblo
galo catalaun y de su oppidum Catalaunum, una vez divulgada la noticia de su
existencia y llegado a oídos de los condes catalanes, tuvo que afectar al casal
del condado barcelonés, dado que Catalaunum tenía el mismo lexema que
Catalaunia y compartía los mismos gentilicios (homógrafos), lo que sin duda
debía sembrar inevitables equívocos.
Los condes de Barcelona debieron
percibir la equivocidad que dicha circunstancia suponía y la competencia en el
recuerdo histórico de tal importante batalla, capitalizado hasta un determinado
momento por los visigodos y por sus sucesores los condes de la Marca, y con
competencia francesa cuando se divulgó suficientemente la noticia de la
existencia del citado pueblo catalaun, y debido al más que probable intento
francés de capitalizar ese recuerdo histórico, ya que la mencionada batalla
tuvo lugar en un territorio que en el S.IX ya fue franca y antes del S.XI
francesa.
Los condes de Barcelona debieron
considerar la reminiscencia del pueblo catalaun, pero sin renunciar al corónimo
predeterminado de Catalaunia, probablemente elegido desde hacía mucho tiempo,
pero lo transformaron en Cathalonia, añadiendo la marca de goticidad del
dígrafo {th} y con el cambio del diptongo /au/ por una /o/ cerrada larga,
cambio propio de los romances de origen latino.
Además hicieron derivar
artificiosamente dicho corónimo de Göttenland, a través de Gothelaundia, para llegar
a Cathalonia como tierra de godos, mediante una etimología conocida como
popular, pero como debía estar auspiciada por el casal de Barcelona y llevada a
cabo por un monje, nosotros la rebautizamos como monacal, o quizás mejor como
gótica, por su motivación de reforzar la ascendencia goda de los condes
catalanes.
Como ya evidenciamos anteriormente no
pueden coexistir dos lexemas catalaun
independientes y por analogía o por corolario tampoco pueden existir dos
topónimos de Catalaunia (uno con
dígrafo y el otro sin dicha marca) no relacionados y que tengan la misma raíz catalaun, aunque a uno de ellos se le
marque con un dígito de goticidad.
Ambas variantes del mismo corónimo
derivan del significante catalaunicus
pero con la segunda variante se quiso indicar un nuevo cambio semántico. El
primer significado con la connotación de un campo de batalla cataláunico pasó a
adquirir un nuevo significado en donde cathalaunicus era además sinónimo de
gótico y por tanto campi cathalaunici sinónimo de campi gotici o Campi Gotorum,
al menos para los condes catalanes y siguiendo la tradición visigoda de asumir
dichos campos como góticos. (Cfr. Enciclopedia Larousse)
Catalaunia con
la etimología de catalaunicus con
connotación de un campo de batalla es un topónimo lógico. Cathalaunia obtenida
para llegar precisamente a ese corónimo de una forma forzada y artificiosa que
la consideramos un óxymoron, aunque como luego veremos quizás no lo fuera tanto
para los condes de Barcelona, que de una u otra querían llegar al mismo
corónimo de Catalaunia, con o sin dígrafo {th}, es decir con o sin marca de
goticidad.
En un análisis heurístico de estas
especiales características no podemos llegar a precisar que connotaciones quiso
Alfonso el Casto darle al corónimo elegido. Quizás quiso rizar el rizo
gotizando el corónimo con la marca gótica del dígrafo {th}, pero conservando el
significado que pudiera tener Catalaunia o Cathalonia en relación con la
batalla de los Campi Catalaunici, que
desde entonces serían sinónimo de Campi Gotici, como probablemente lo creyeron
siempre los visigodos y luego los condes catalanes; siendo ésta nuestra hipótesis,
que aún no siendo quizás del todo cierta es difícilmente falsable.
Tenemos la pista de que en el Liber
Majolichinus escrito durante el gobierno del conde Ramón Berenguer III, el
corónimo y gentilicios catalanes se escribieron sin la marca de goticidad, y
unos sesenta años más tarde, durante el reinado de Alfonso II, nieto del citado
conde, los primeros escritos sobre el mencionado corónimo ya se escribieron con
la marca de goticidad del dígito /th/.
Es muy posible que el citado rey
dudase entre el fundamento etimológico del corónimo elegido y por ello no dio
el significado del mismo cuando lo declaró como futuro nombre de sus actuales
tierras. Nosotros creemos que tuvo un lapsus de omisión, que pudo ser calculado,
al no explicar el significado del corónimo elegido y declarado.
Cuando en un principio se eligió el
corónimo de Catalaunia, muchos años antes, dicho corónimo derivaba del adjetivo
catalaunicus, previo a Catalaunia, con connotaciones en relación con la batalla
de los campos cataláunicos; otras connotaciones no pudo tener el citado
adjetivo, habida cuenta que ni Catalaunum ni los catalauni galli tuvieron
relación alguna con Catalaunia y los catalani hispani.
Por dicha razón ante las dudas que el
citado lapsus alfonsino pueda provocar, defendemos el adjetivo catalaunicus como el único origen
etimológico posible de Cataluña, entendiendo que tuvo que tener un preciso
significado, en relación con la citada batalla y que a dicho adjetivo catalaunicus se le quiso dar el
significado de gótico, significado que probablemente lo tuvo siempre para el
pueblo visigodo y que los casales condales reasumieron como propio.
Dado que los catalauni galli dieron
el nombre original al mencionado lugar de batalla, antes de librarse ésta y del
cambio semántico de significado del nombre inicial, se debe concluir que el
significante de la palabra catalaunicus
es celta y tiene una raíz o lexema catalaun- de origen céltico, al igual que
Catalaunia. Anteriormente
contrapusimos la Catalaunia céltica
versus la Catalaunia gótica. Respecto a la primera, céltica sólo en cuanto a su
significante; en cuanto a la segunda ya hemos visto que es un “óxymoron por su “contradictio
in terminis”, que excluye cualquier otra conclusión.
La conclusión obtenida puede ser
ilógica para nosotros, pero no para los visigodos ni para sus sucesores los
condes catalanes, si para ellos catalaunicus era sinónimo de gótico y no
conocían el origen de la raíz céltica de catalaun-, o hacían abstracción de ella. No
podía darse una contradicción “in términis” entre la vía gótica y la vía
céltica, porque la última no existía para ellos o no la consideraban.
Los visigodos se habían apropiado de
los términos catalaunicus y catalaunici, y supuestamente también de catalaunus
y catalauni, dando este último origen a Catalaunia que probablemente ya se
pronunciaba Catalonia de cuyo corónimo medieval se llega fácilmente a la
Catalunya actual.
Los condes de Barcelona también en un
principio creyeron esa asimilación de cathalaunus a gothus, o quizás a finales
del siglo XII, ya no tanto, pero no renunciaron al corónimo tanto tiempo
predeterminado y Alfonso el Casto lo sacó a la luz a finales del siglo XII. A
partir de entonces el correspondiente gentilicio catalaunus evolucionó independientemente del corónimo hasta català
y el gentilicio adjetival catalaunicus no ha evolucionado hasta nuestros días,
empleándose con carácter científico para dar nombre a las especies aborígenes botánicas
y de zoología de Cataluña.
Nuestras últimas hipótesis, en
relación con el sentido o significación que quiso darle al corónimo Alfonso el
Casto, por él elegido y declarado están fundamentadas en nuestros juicios
heurísticos siguiendo el método historicista, pero aún siendo muy probables no
son verificables. Sin embargo sí estamos seguros de que algún sentido tenía
para dicho rey y conde el corónimo por él declarado.
En cualquier metodología histórica
las hipótesis establecidas no pueden afirmarse como absolutamente ciertas solo
pueden establecerse con cierto grado de confianza o como máximo con una alta
probabilidad o evidencia de una certeza práctica, pero no absoluta, ya que
siempre nos puede faltar algún dato histórico desconocido.
El principio de falsabilidad del método
histórico de Popper nos permite, sin embargo, falsar una hipótesis errónea, por
estar basada en premisas o argumentos erróneos verificables.
Ese método lo hemos aplicado para
invalidar el proceso de la etimología gótica de Catalaunia y deducir que
procede de un término originario celta, y también para invalidar la etimología
de “Cataluña como tierra de castillos”, por los errores conceptuales,
cronológicos y numerosos errores fonológicos de su cadena etimológica, tal como
lo hemos indicado al principio de este Resumen y Conclusión, descritos en el apartado
LVII de este Ensayo, y al cual nos remitimos para no repetirlo y además por
ser difícilmente resumible si no se quiere perder información, o de resumirla
podríamos distorsionarla y llevar al lector a un error o a una mala
interpretación.
Hemos citado a catalaunicus o catalaunus como posibles etimologías de Catalaunia, sin embargo en sentido más
restrictivo afirmamos que la etimología está relacionada con los Campi Catalaunici Proelium, y
concretamente con el sintagma adjetival latino Campi Catalaunici, no sólo por tener el determinante del sintagma la
raíz catalaun-, sino por ser dicho
sintagma “Campos Cataláunicos” la única etimología posible dentro de los
términos posibles que incluyen la obligada raíz
catalaun-.
Si seguimos descendiendo
temporalmente en la cronología exclusivamente lingüística llegamos al pueblo
catalaun de los catalauni o catavelauni, cuyo significado celta es “el de los
mejores en el combate”, de aplicación impropia a los “catalauni Hispani o
catalani” es decir a los catalanes o catalans.
El método historicista fundamentado
en la heurística y aplicado también a la etimología lingüística heurística nos
ha permitido descubrir la verdadera etimología de Catalaunia, en donde la heurística nos ha permitido desechar los
términos improcedentes deducidos de una aplicación únicamente lingüística.
Además el anterior método nos ha
llevado a la misma solución etimológica que la aplicación historicista a los
hechos históricos concernidos en nuestro estudio, en relación con los Condes de
la Marca, sus antecesores los visigodos y la más célebre batalla de la
cristiandad.
Una vez afirmado lo anterior,
estimamos que pueden ser considerados como etimología de Cataluña, cualquiera
de los dos adjetivos, en singular, que determinan al sintagma adjetival campi
catalaunici, “catalaunicus o catalaunus”, el primero es el que figura en el
citado sintagma, y el otro de cuyo plural catalauni procede Catalauni-a, pero
siempre refiriéndonos a los Campos Cataláunicos.
Terminamos esta Conclusión con la
cadena etimológica para llegar a Catalunya.
La cadena etimológica es la
siguiente:
Catalaunicus<Catalaun>Catalaunia>Catalonia>Catalonya>Catalunya.
(Observemos que el
origen lo ponemos en la raíz catalaun-, con flecha a izquierda y
derecha; a la izquierda por la relación colateral con catalaunicus- del campo
de batalla-, y a la derecha con el corónimo; a su vez de la raíz se
derivan tambien los gentilicios catalanus y catalaunicus, y sus plurales
catalauni y catalaunici).
LIX.-Resolución de la problemática etimológica de Cataluña.
Creemos haber resuelto el problema de
la Etimología de Catalunya que nadie parece haber querido resolver. Puede ser
algo problemática dicha etimología pero no es de una hermeneusis imposible de
conocer. Una vez estudiado a fondo el tema, evidenciamos razonadamente lo que
de por sí ya es intuitivamente evidente, y no acertamos a comprender porque
nuestra etimología, que es la única que cumple con todos los requisitos
exigibles, históricos y lingüísticos, lo que ninguna de las otras etimologías
presentadas cumple, y sin embargo es la menos difundida y defendida, incomprensiblemente,
por historiadores y lingüistas, y si acaso
no ocurre así, lo es, por algún aficionado a la historia, a la etimología de
las palabras y a la lingüística, como nosotros, aunque con mucho menor estudio
y detalle que el nuestro.
Esa discordancia entre una etimología
evidente y los pocos que la defienden, y cuando la mayoría se obstina en unas
etimologías de Cataluña imposibles, nos ha llevado a estudiar la etimología que
presentamos como la más probable de todas ellas y difícil de falsar, contrastando
con todas las otras presentadas, evidentemente falsables.
Nos tenemos que referir otra vez al
principio de la Navaja de Ockham para decir que la etimología más sencilla es
la que tiene más probabilidades de ser cierta, y esa etimología es la fundamentada
en el lexema catalaun-, que es la que nosotros proponemos.
Uno de los principios del método
histórico nos dice que las hipótesis más detalladas, razonadas y explicadas son
las que tienen una mayor probabilidad de ser ciertas. Por dicha razón y por la
seguridad con que hemos expuesto nuestros argumentarios no nos hemos ahorrado
flecos, matices y énfasis, hasta la reiteración, en el intento de justificar la
etimología que defendemos como la única que puede ser cierta, y sin embargo es
la etimología más huérfana de apoyo y de difusión, y menos defendida por los
historiadores y etimologistas.
Como hemos indicado en el apartado
anterior LIX.- Resumen y Conclusión:
El método historicista fundamentado
en la heurística, y aplicado también a la etimología lingüística heurística,
nos ha permitido descubrir la verdadera etimología de Catalaunia, en donde la heurística nos ha permitido desechar los
términos improcedentes deducidos de una aplicación únicamente lingüística.
Además el anterior método nos ha
llevado a la misma solución etimológica que la aplicación historicista a los
hechos históricos concernidos en nuestro estudio, en relación con los Condes de
la Marca, sus antecesores los visigodos y la más célebre batalla de la
cristiandad.
Por cuyo motivo creemos que podemos
presentar y defender nuestra etimología razonada bajo la perspectiva del método
holístico: lingüístico, histórico e historicista, cuando ha sido necesario
interpretar heurísticamente unos hechos, o en ciertos casos suponerlos para dar
una necesaria lógica al contexto histórico, o bien rechazarlos por imposibles o
ilógicos.
En el “Onomasticon Cataloniae” de
Joan Coromines, se reconoce que el origen del gentilicio “català” es todavía
una incógnita y podía haber nacido de una deformación.
Si esa posible deformación se refiere
a la triple metátesis de cambiar erróneamente “lacetani” por cetalani> “catalani”, no la creemos posible por su
poca probabilidad de producirse por azar, y sobre todo por la forma no
debidamente documentada de como se produjo esa metátesis, de haberla
descubierto un erudito italiano y luego haber persistido el error en el Liber Majolichinus, escrito hacia el año
1117.
Los étimos aparecidos en el citado
Liber, entre ellos Catalaunicus y Catalaunia forzosamente debieron de facilitarse
al cronista del mencionado Liber Majolichinus por el Jefe militar de la cruzada
balear, Berenguer III, a la que se refiere el precitado Liber. Por otra parte
debemos suponer que dicho conde transmitió los referidos étimos a su hijo
Berenguer IV, quien a su vez lo hizo a su hijo Alfonso el Casto, rey de Aragón
y conde de Barcelona, quien proclamó a Catalonia como el futuro corónimo de las
tierras catalanas de su soberanía.
El cronista-amanuense de dicho Liber
sólo fue un mensajero de los étimos que le comunicó Ramón Berenguer III y no se
equivocó porque luego los declaró o empleó su nieto Alfonso el Casto quien
confirmó los étimos del citado Liber, luego no pudo existir por ningún concepto
el supuesto error de la triple metátesis.
La metátesis citada de muy difícil
ocurrencia no tiene ningún sentido porque Catalaunia procede del Casal de
Barcelona, y no de un invento o error del cronista-amanuense. Además en el
S.XII, ya nadie se acordaba de los lacetanos, y menos los pisanos.
Además esos étimos que llegaron a
Alfonso II procedían de una lejana tradición conservada en el casal de
Barcelona, para poderlos aplicar en el momento oportuno. No hubo ningún
apresuramiento en buscarlos a finales del siglo XII por parte del rey y conde
Alfonso el Casto.
Por lo que nos reafirmamos en nuestra
etimología que defendemos y queremos reivindicar por haber sido injustamente
denostada.
LX.-Epítome de Hipótesis y Corolarios.
Como remate final del presente Ensayo
confirmamos nuestras opiniones, establecemos hipótesis, no verificables pero
difícilmente falsables, y añadimos unos corolarios con los que evidenciamos de
una forma algorítmica, pero dentro de las limitaciones del método histórico,
las principales tesis defendidas en este trabajo. Las hipótesis se deducen del
contexto del apartado, sin embargo sólo indicamos como tales, los corónimos.
Si aceptamos que los corónimos
Catalunia y Catlonia son dos variantes fonemáticas del mismo corónimo,
pronunciado /katalonia/, que proceden respectivamente de dos fuentes escritas
distintas, el Liber Majolichinus escrito probablemente en el año 1117 y el documento del Decreto de Paz y Guerra de
Alfonso el Casto, del año 1173, y apareciendo en ambos documentos, también
respectivamente, como futuro nombre del territorio de la Marca Hispánica,
tendremos en principio que aceptar lo siguiente:
COROLARIO 1º EL corónimo
con grafía de Catalaunia es la más antigua etimología contrastada de Catalunya,
habitada por los ya llamados catalani, a finales del S.XII.
Nota: En el citado Liber aparecen el
coronimo y sus gentilicios como ya existentes, en tanto que en el documento
mencionado aparece Catalonia como futuro nombre de un territorio, que integraba
a la antigua Marca Hispánica-Catalunya Vella- y a dos nuevos territorios
reconquistados, que no se incluyeron en dicha Marca, los marquesados de Lérida
y Tortosa, que formaron el posterior Principado de Catalunya Nova. La futura
Catalunya estaría entonces formada por Catalunya Vella y Catalunya Nova.
En el Siglo XII Alfonso el Casto no
contempló en su declaración sobre Catalonia el origen o etimología completa de
las tierras que someramente determinó y deslindó, y que en un futuro se conocerían con el citado
corónimo Catalonia, pero con toda seguridad ese término tendría para él una
razón para elegirlo y un significado muy concreto, que es lo que nosotros
intentaremos vislumbrar mediante el método histórico-heurístico, a través de
una cerrada hermeneusis, pero no de imposible interpretación.
En el S.XV Pere Tomic escribió una
etimología, ya de Catalunya, muy interesante pero poco verosímil, y hasta el
S.XIX no se retomó ese tema, apareciendo luego muchas etimologías pero ninguna
satisfactoria, entre ellas la que nosotros defendemos, probablemente no
fundamentada convenientemente en su tiempo, y muy pronto cuestionada por los
principales etimologistas de la época.
Actualmente la investigación sobre
esa etimología está en “standby”, siendo la etimología más aceptada, incluso
por la Generalidad, la de “Tierra de Castillos”, etimología que nosotros
falsamos por fundamentarse la misma en numerosos errores. En tanto que por
otros la etimología más probable es la fundamentada en el pueblo de los
Lacetani /Laketani/ que luego también refutaremos.
Incluso la propia Generalidad ha manifestado
la posibilidad de que nunca llegue a conocerse dicha etimología, lo que
nosotros no compartimos, razón que nos ha servido de acicate para realizar esta
investigación.
Si admitimos que Catalaunia dio
origen al nombre final de Cataluña con el significado restrictivo de territorio
habitado por los “catalani”, y queremos sin embargo conocer además el
significado etimológico de dicho término, debemos partir en la correspondiente
investigación de la raíz del mencionado vocablo, que es “catalaun”, y que se
deduce del corónimo Catalaunia menos sus sufijos: (i + a).
Esa raíz, que es la misma que la del
gentilicio adjetival “catalaunicus”, citado en el Liber Majolichinus, la
tenemos que comparar con otra raíz o vocablo anterior, que nos permita
establecer connotaciones, relaciones y concomitancias entre los condes de la Marca
y sus antecesores visigodos, lo que nos lleva en principio a pensar en dicha etnia
o en alguna circunstancia relacionada con ella.
Es muy probable que el nombre de Catalaunia
que apareció ya escrito a principios del S.XII y no fue oficial hasta el S.XIII
como Cathalonia, tuviese su origen en siglos anteriores en el Condado de
Barcelona, cuando los Condes de la Marca ya no eran francos y eran todos de
origen visigodo, debiendo sentir la necesidad de dar un nombre al conjunto de
los condados de la Marca Hispánica, lo cual no podían hacer de momento porque
dicha Marca no era unidad administrativa y cada condado dependía feudataria y
directamente de los reyes francos y luego de los reyes de Francia.
Es probable que desde principios del
S.IX y no más tarde del S.X en que se
empezó a barruntar el nombre de Catalaunia como futuro nombre predeterminado del
territorio del conjunto de los condados de la Marca, para aplicarlo cuando
fuese oportuno, y empezó a aplicarse oficiosamente a finales del S.XII por Alfonso
el Casto. Hasta entonces supuestamente se conservó y transmitió por tradición
ese corónimo entre los sucesivos condes de Barcelona, si bien ya a finales del
S.XI y principios del S.XII, los condes, Ramón Berenguer III de Barcelona y Hug
II de Ampurias, se autotitulaban o usaban el sobrenombre de “catalaunicus” como
gentilicio propio (vide el Liber Majolichinus).
Buscando un vocablo de épocas
anteriores que se relacionase con la raíz “catalaun” de Catalaunia no tardamos
mucho en observar que dicha raíz era compartida con la raíz del oppidum “Catalaunum”
del pueblo “catalaun” o de los “catalauni”, pueblo galo-belga asentado desde el
S.IV, antes de Cristo en las orillas del río Matrona (actual Marne) y que a
finales del S.I d.C ya estuvo totalmente romanizado, formando parte del pueblo
galorromano.
El nombre de Catalaunia, declarado finalmente
como Catalonia por Alfonso el Casto, fue un nombre supuestamente creado en el
casal de Barcelona, cuyos condes marcaban la batuta a los demás condados de la
Marca, y que tuvieron que inspirarse para su creación en
algún detalle, circunstancia, momento o situación real anterior y luego
transmitido por tradición, pero al ser creado dicho nombre, su posible
inspiración no es necesariamente
etimológica y sólo podemos intuirla de una forma subjetiva,
atribuible al creador del citado corónimo y compatible con la realidad de su inspiración.
Esta consideración de subjetividad debe tenerse en cuenta para buscar una
posible etimología con significado, necesariamente con carácter restrictivo.
Tal como estaban socialmente
organizados los condados de la Marca, sólo sus condes y la aristocracia de la
misma, de ascendencia visigoda, tuvo que ser la única clase social que pudo ser
tenida en cuenta para la elección del corónimo de su territorio y de sus
gentilicios. Lógicamente el creador de los etnónimos “Catalaunia” y
“catalaunicus”, que figuran en el Liber Majorchinus, debió fundamentarlos, como
luego veremos, en los visigodos o en algún hecho o circunstancia en relación
con ellos.
Los catalani hispanici no tenían
ninguna relación con los catalauni galli-belgae. No tenían ninguna relación
filogenética, sus etnias eran diferentes; eran pueblos diacrónicos, que
poblaron sus respectivos territorios, distanciados en más de un milenio en el
tiempo, y ni siquiera fueron los catalauni coetáneos con los visigodos, cuando
aquellos hicieron razias contra los
francos, en las tierras que en su tiempo
fueron suyas (de los catalauni), pero que desde hacía ya siglos fueron ocupadas
por los romanos y luego por los francos; y por otra parte los catalani y los
catalauni fueron diatópicos en cuanto a sus territorios, distanciados en más de mil
kilómetros.
Sin embargo, a pesar del
distanciamiento genético, en el tiempo y en los territorios de ambos pueblos,
el oppidum Catalaunum de los catalauni galli y el corónimo de los catalauni
gothici, o hispanici (catalani), tenían ambos topónimos una raíz homógrafa “catalaun”,
pero con significados forzosamente distintos.
No sólo compartieron dichos pueblos un
homógrafo como lexema, sino también los mismos gentilicios homógrafos, con
significado diferente, lo cual es un absurdo por lo que hay que buscar la razón
de dicha incongruencia.
Nos encontramos con el idéntico
lexema y la misma familia de palabras en el pueblo celta “catalaun” con la
única diferencia que su topónimo es una ciudad fortificada, la del oppidum
“Catalaunum” y para los “comites catalani” (condes catalanes) es el corónimo de
su tierra, que querían que fuese Catalaunia. (Marca Hispánica o Catalaunia
vetula); si bien cuando Alfonso el Casto hizo su declaración sobre Catalonia,
ya se incluyeron ambas “Catalaunie, Vetula et Nova”, es decir la Catalunya
Vella y la Catalunya Nova.
Por lo que respecta a Catalaunia su
topónimo y gentilicios pertenecen a la misma familia de palabras por tener la
misma raíz o lexema “catalaun” lo que, independientemente de la dicotomía de
ese lexema, obliga a buscar la etimología de Catalaunia a partir del mismo o
raíz, ya que incurriríamos en error si buscásemos su etimología en otro lexema.
Por inferencia estadística hemos
evidenciado que no pueden coexistir dos lexemas octolíteros homógrafos
independientes con diferente significado, lo cual además es obvio. Luego todos
esos étimos tienen una raíz común, y no dos raíces independientes, forzosamente
con dos polisémicos de la raíz común con diferente significado para evitar una
incongruencia.
El gentilicio adjetival catalaunicus
se empleó originariamente para determinar la comarca donde en su día se
estableció el pueblo catalaun y su plural catalaunici formando el sintagma
adjetival campi catalaunici se empleó desde el S.IV a.de C. al S. II d. de Cristo
para designar los campos de dicha comarca.
El día 20 de junio de 451 (unos
cuatro siglos después de ser romanizado el pueblo catalaun e integrado en el
conjunto galorromano) se libró en dicho paraje cataláunico la más importante
batalla de la cristiandad, en donde Atila, con los hunos y otros aliados, fue derrotado
por el Magister romano Aetius con sus fuerzas y con otras fuerzas aliadas. Especialmente
importante y decisiva en la victoria de dicha batalla fue la contribución y la
actuación de los visigodos que propiciaron una victoria que no fue debidamente
explotada por razones ajenas a los mismos.
El sintagma “campi catalauni”
determinó el nombre de esa famosa batalla, “Campi Catalaunici Proelium”, en
latín y en español Batalla de los Campos Cataláunicos, y Bataille de Châlons, en francés.
Por tan relevante hecho el mencionado
sintagma sólo se conoció desde entonces como el nombre de dicha famosa batalla,
y el adjetivo “catalaunici y su singular catalaunicus, asociados ambos a dicho
sintagma, pasaron a tener un significado nuevo y diferente, convirtiéndose en
unos polisémicos del mismo homógrafo catalaunicus/catalaunici.
Esos polisémicos de catalaunus/catalaunici
son los únicos gentilicios compatibles posibles con Catalaunia y sus propios
gentilicios.
COROLARIO 2º.-Una posible etimología
de Catalunya, con significado, debe forzosamente derivarse del lexema “catalaun”,
siempre que hayamos admitido previamente el Corolario 1º. Cualquier otra
etimología fundamentada en un lexema distinto es obviamente falsa.
COROLARIO.- 3º Los únicos gentilicios
adjetivales compatibles con el corónimo de Catalaunia y con sus gentilicios son
los del polisémico del lexema “catalaun” derivado del sintagma “campi
catalaunici” que da nombre a la famosa Batalla de los Campos Cataláunicos. Por
lo que la etimología de Catalunya estaría posiblemente relacionada con el
sintagma “Campos Catalaunicos”
COROLARIO.-4º Los únicos gentilicios
posibles con los etnónimos de Catalunia son los que les son compatibles, en el
sentido de que la posibilidad de una relación compatible indica la probabilidad
de su certeza.
COROLARIO.-5º Los grados elementales
de probabilidad que se puedan establecer sobre dichos étimos como “muy probables,
probables o poco probables son sólo hipótesis fundamentadas en indicios
evidentes, pero no contrastables.
Hay indicios que manifiestan la
voluntad de los condes de la Marca en reafirmar su estirpe visigoda y el deseo
de no ser confundidos con los francos. Existe la concomitancia evidenciada, en
algunos condes, el de Barcelona y el de Ampurias, de emplear el gentilicio de “catalaunicus”
para los condes de dicha Marca, circunstancia relacionable con el hecho de que
los reyes visigodos Teodorico I y Turismundo recibieron de su pueblo el
laureado sobrenombre de “catalaunicus”, el primero de ellos con carácter póstumo,
después de su victoria en la citada Batalla de los Campos Cataláunicos.
Hay indicios de que la etimología de
Cathalaunia, fundamentada en Gothelandia/ Gothelaundia, fue propiciada por los
mismos condes que querían ser considerados catalanes de estirpe goda, y dar
nombre a su tierra, una vez desaparecido el Marquesado de Gothia, como unidad
administrativa a principios del S.X. La
marca de Gothicidad del bilítero {th}, era propia de los gothi (godos)
Marquesado regido por duques y
aplicado a la Septimania hasta el año 843 y por poco tiempo a la Marca
Hispánica, luego llamada Catalunya Velha. El último Duque de Gothia lo ostentó
el conde de Barcelona Borrell II, a principios del S. X (Era duque por regir
varios condados de dicha Marca).
Como hipótesis nuestra, el nombre de
Catalaunia como tierra de catalani se gestó en la época del conde Borrell, si
bien no apareció escrito hasta dos siglos después en el Liber Majolichinus,
empleándose oficiosamente, y no se divulgó hasta el año 1173como Catalonia,
empleándose oficialmente en asuntos internos y no alcanzó la plena oficialidad,
con arreglo a derecho, hasta firmarse el Tratado de Corbeil en el año 1258; poco
después ya se llamó Cataluniya, nombre precedente del de Catalunya.
La celebración del milenario de Catalunya- (988/1988-,
fundamentada en el quebranto del vasallaje de Borrell II, Comes et Marchio
Barchirionensis et Dux Gothiae al Rex Francorum et Romanorum, Hugo
Capeto, fue indudablemente una conmemoración más bien política que histórica,
ya que Borrell II se refugió en Montserrat y quien defendió la amurallada
Barcelona fue el vizconde Udalardus, a quien los moros de Almanzor apresaron, y
por otra parte luego siguieron los condes de la Marca dependiendo,
eclesiásticamente, de la sede archiepiscopal de Narbona, si bien Borrell II
consiguió del Papa el Obispado de Vich.
Desde hacía tiempo los lazos feudales, con el Imperio
carolingio y luego con la Corona los capetos, se habían debilitado, ya
empezaron a debilitarse desde el mítico
Wifredo el Velloso, conde de Barcelona, Gerona, Cerdaña y Urgel. En los
primitivos Usatges (Usatica), Ramón Berenguer el Viejo es citado como Vetus Comes Raymundus Berengarii
Marchio Barchinonensis atque subjugator Hispaniae.
Dicha efemérides del milenario de Cataluña es simbólica y de
oportunidad, ya que dicho milenario podría celebrarse con mayor motivo el año
2173 con la declaración del nombre de Catalonia por Alfonso el Casto, o quizás
en 2258 cuando al firmarse el tratado de Corbeil se desvinculó Cataluña de la
Corona francesa.
No obstante a pesar de la incertidumbre del momento en que se
creó el nombre de Catalaunia, creemos que por su lexema latinizado “catalaun” y
por el adjetivo gentilicio “catalaunicus” del que procede Catalaunia, dicho corónimo
virtual, por no poderse aplicar a los condados de la Marca Hispánica, se
transmitió celosa y oralmente de conde a conde en el casal de Barcelona hasta
el momento en que fuese oportuno aplicarlo. Apareció escrito por primera vez
hacia el año 1117 en el Liber Majolichinus y su formación corresponde a la
morfología latina de Catalauni-a como
tierra de catalauni, gentilicio substantivo plural que los visigodos y luego
sus sucesores, los condes de la Marca, interpretaron como una variedad de los
“gothi” y en relación con la batalla de los “campi catalaunici”
Dicho corónimo pudo crearse desde la época de Wifredo el
Velloso hasta la época de Borrell II. Por el claro desacato de Borrell II a
Hugo Capeto, intuimos que pudo crearse el citado corónimo por dicho conde, pero
pudo ser antes.
Si bien hemos dicho que para el nombre del corónimo elegido
sólo contaba la etnia visigoda, esa aseveración debemos matizarla y moderarla,
en el sentido de que cualquier nombre elegido como futuro nombre de las tierras
condales de una Marca (frontera), que
formalmente era todavía francesa, no podía aplicarse cuando se creó el nuevo corónimo de Catalauni-a, inexistente
antes de su creación, y fue precisamente su creador Alfonso el Casto quien
oficialmente primero lo aplicó a finales de siglo, si bien en la forma de Catalaunia
o Catelania oficiosamente se aplico por lo menos desde principio de siglo y
probablemente mucho antes.
Forzosamente se hubo de haber considerado previamente antes
de la elección del corónimo las etnias, gentes o gentilidades de los súbditos
de los condados, es decir de los pueblo que regían dichos condes y que
integraban la población de todo el territorio condal, ya unido.
Las civitas y los pagos prevalecieron sobre las etnias y sus
gentes de origen hispanorromano, mozárabe, mudéjar y judío, por supuesto
dominadas todas esas etnias por una aristocracia de ascendencia visigoda, pero
que no podía dejar de tener en cuenta a toda su abigarrada población.
No podían recrear el nombre de la antigua Gothia, porque la
población de la Marca Hispánica ya no era en su mayoría goda. Los visigodos
refugiados en Occitania y en Provenza, fundaron Gothia cuando la Septimania se
libró del yugo musulmán, pero quienes retornaron a los territorios de la Marca
hispánica se reencontraron con toda la población hispanorromana y judía que no
había huido a las zonas trasmontanas pirenaicas, y por lo tanto la población de
dicha Marca ya no era mayoritariamente visigoda, si bien la aristocracia goda
fue la clase dirigente de sus condados.
No obstante los Condes de Barcelona, salvaguardas con celo de
la tradición de su ascendencia goda, no renunciaron a su aspiración que el
corónimo elegido reflejase de alguna forma dicha estirpe visigoda, y en la
creencia de Catalaunia, en relación, con los Campos Cataláunicos, era un corónimo
que los citados condes interpretaban como tierra de “catalauni”, o de
·”catalani”, eligiendo dicho corónimo, creyeron cumplido su deseo de goticidad
en el corónimo.
El hecho de fundamentar el origen de
Catalaunia en Gothelaundia dio lugar a que los futuros condes catalanes
asociaran o interpretaran los “Campi Cathalaunici” como “Campi Gotorum”, y
quizás en un principio no tuvieron noticia del pueblo galo-belga de los
catalauni, ya que en sus razias contra los francos en las comarcas de los ríos
Sena y Marne, ya habían desaparecido de esas zonas los pueblos parisii y
catalauni.
Por las anteriores circunstancias los
mismos condes catalanes llegaron a creerse que el gentilicio catalaunus o
catalán tenía su origen en los godos, creencia que se tuvo que transmitir por
tradición oral de unos a otros condes.
Es posible que hasta el S.X o S.XI tuvieran
dichos conde imprecisas noticias de un antiguo pueblo galo-belga “catalaun”,
desaparecido ya unos mil años antes de la citada época, y ni siquiera Julio
Cesar los citó en su campaña de Las Galias. Dicho pueblo, habitante del”Vettus
oppidum Catalaunum” fue recordado en un libro del año 850 escrito probablemente
por un galorromano.
Debemos suponer que en el S.XII las
noticias sobre el extinto pueblo galo debieron ser más precisas, divulgadas por
los franceses en las que el oppidum
Catalaunum pasó a llamarse Châlons y la célebre batalla contra Atila la
denominaron Batalla de Châlons, y no Bataille des Champs Catalauniques, lo que
seguramente hace suponer que por chauvinismo los franceses quisieron destacar
el lugar y la gloria de dicha batalla como algo concerniente principalmente a
Francia, sin tener en cuenta que en el año en que se libro dicha batalla no
existían ni Châlons ni Francia.
En cualquier caso los condes
catalanes aplicaron a finales del S.XII el corónimo y los gentilicios predeterminados,
en sus nuevas variantes de Cathalonia y cathalani, con la marca de goticidad
{th}. Lo que debe considerarse como una creación voluntaria de dichos etnónimos,
y por tanto sin etimología propia, y además por otra parte el anterior
gentilicio de catalaunus/catalauni se tuvo que abandonar por los catalani
hispanici, por equívoco, al conocerse mejor la existencia de una antigua etnia
desaparecida cuya gentilidad era la originaria del citado gentilicio.
No obstante Cathalonia procede
lingüísticamente de Catalaunia y también fundada en la creencia de los condes
catalanes de ascendencia visigoda de que Catalaunia significaba tierra de godos.
(Gothi-a y también Gothelandia>
Gothelaunia> Cathalaunia> Cathalonia)
Cathalonia procede de Catalaunia y cathalani
de Catalania, otra variante, que al igual que Catelania, procede de Catalaunia;
y todas esas variantes de los etnónimos catalanes supuestamente se justifican
por el gentilicio adjetival catalaunicus, en relación con el sintagma campus
catalaunicus, único gentilicio compatible posible para dar un significado etimológico
posible a los citados etnónimos. En la complicada etimología de Cataluña, su
origen etimológico debe de interpretarse más bien como el único término que
explica su significado que como um verdadero origen.
En realidad la etimología original de
Catalaunia fue Catalauni-a, pero al
conocerse ya con evidencia por los condes catalanes la existencia del pueblo
galo catalaun, fue necesario modificar el citado corónimo y sus gentilicios
para evitar equívocos. Nosotros debemos interpretar la modificación del
corónimo original y de su gentilicio como una nueva creación de los mismos, quedando
sin etimología dicho corónimo y sus correspondientes gentilicios, ya que
Catalaunia es un término celta que no cuadra con tener una etimología de origen
godo.
Esa es nuestra interpretación, pero
no supuestamente la que le dieron los futuros condes catalanes que quisieron confirmar
su goticidad con su deseada catalanidad, en la creencia de que siendo
“catalanes” afirmaban su origen godo. Con tal firme creencia no consideraron o
no quisieron considerar la posibilidad de una Cataluña céltica, y en todo caso
para evitar equívocos modificaron algo sus
etnónimos realzando la goticidad de los mismos y conservando su anterior
etimología, que a su vez procedía de los “Campi Catalaunici”, que los visigodos
los consideraban como propios, es decir como “Campi gothorum”.
Dicha creencia de los visigodos la
heredaron probablemente sus sucesores de la Gothia y también los condes de la
Marca Hispánica de ascendencia visigoda.
El conocimiento por los condes
catalanes del pueblo catalaun y de sus propios gentilicios obligó supuestamente
al conde de Barcelona Alfonso el Casto a crear el nuevo corónimo
“Cathalonia” con su nuevo gentilicio de cathalanus, cambios que hizo sin
renunciar a una Catalaunia gótica predeterminada como origen del nuevo corónimo,
cuya tierra estaba poblada por unos supuestos cathalani de origen godo, y conservando
casi intacto su nombre, marcando sólo la diferencia de los nuevos etnónimos con
el digito {th} de goticidad. Además derivó cathalanus de Catalania en lugar de
hacerlo de Catalonia, rompiendo las rígidas reglas de la morfología latina,
conservadas en los precedentes siglos anteriores.
Supuestamente el anterior razonamiento es el
que probablemente, ex –ante de la declaración de Catalonia se plantearon los
futuros catalanes, en tanto que el nuestro, planteando la imposibilidad de una
etimología de Catalaunia céltica y a la vez gótica, decantándonos por la primera
se ha realizado más de ocho siglos ex –post.
EL hacer un análisis actual de hechos
pasados sin situarnos en su época y en la forma de pensar la gente de dicha
época puede llevarnos a deformar los citados hechos y si intentamos meternos en
la piel y en el pensamiento de esa gente podemos también mal interpretarlos
Si supuestamente afirmamos que los
etnónimos creados, por Alfonso el Casto, a semejanza de los anteriores, tienen significantes sin significados y que no tuvieron etimología o perdieron la que tuvieron
por no ser cierta, probablemente no incurrimos en error, pero tampoco hemos
dicho toda la verdad si no añadimos que los visigodos y luego sus sucesores los
condes de la Marca tenían sus creencias y actuaban de acuerdo con ellas, y
tuvieron etimología sus etnónimos, aunque mucho más tarde descubrimos que no
podían ser ciertas. Sin embargo todavía hay gente que defiende la etimología
visigoda de Catalunya, en tanto que para nosotros esa etimología es un
óxymoron.
COROLARIO 6º.-Debemos admitir la
existencia real de un lexema dicotómico anacrónico y polisémico “catalaun-“,
aplicado a dos etnias diferentes, la celta con el lexema originario, aplicado al
pueblo de los catalauni, y la goda con un lexema polisémico del originario,
aplicado a los catalani de Catalaunia y en relación con la batalla de los campi
catalaunici. Debemos aceptar que esta tesis es la única que razonadamente puede
explicar la mencionada dicotomía del lexema citado.
La Etimología que defendemos puede, quizás, incluir
inexactitudes e incluso errores, pero de todas las etimologías es la única
posible y muy difícil de falsarse epistemológicamente, aplicando el principio
de falsabilidad o racionalismo crítico del método falsacionista de Karl Popper,
aplicado en este caso a los métodos históricos y lingüísticos.Si efectivamente
nuestra teoría, como muchas veces hemos reconocido, no puede ser verificada, al
igual que ninguna otra puede serlo, sí afirmamos que es muy difícilmente
refutable y la única hipótesis posible entre todas las realizadas, excepto las
que fundamentalmente coinciden con la nuestra.
COROLARIO 7º.- Partiendo de
Catalaunia, o del lexema “catalaun” es posible descubrir el significado de ese
término pero no se llega de forma inequívoca a la etimología o significado de
Catalunya, pero si no partimos del citado lexema citado es imposible llegar a
descubrir dicho significado.
El supuesto del error del escritor
del Liber Majolichinus al haber escrito catalani en lugar de Laketani, debido a
una triple metátesis, y que no fue corregido pese a haberlo descubierto
previamente una persona culta, es un error imposible por razones de peso.
En primer lugar el hecho de
producirse una triple metátesis es muy poco probable; en segundo lugar dicho “Liber”
no menciona en ningún momento a los catalani directamente, deducibles, en todo
caso, del corónimo que se cita en el mismo como Catalania, y los gentilicios
que cita, referidos a Ramón Berenguer, son “Dux Catalanensis y catalaunicus
heros”; en tercer lugar ese supuesto error tuvo que producirse antes del año
1125, año en que fue corregido el citado libro, siendo muy extraño el hecho de
que un error detectado y no corregido en el S.XII, se recuerde y cite
imprecisamente en el S. XX, además en aquel siglo no era muy probable el que alguien se acordarse en Pisa de los lacetani
para descubrir un improbable error.
Pero la razón fundamental para
rechazar la posibilidad de haberse producido el citado error se basa en la lógica
de que el origen de los etnónimos cataláunicos tuvo lugar en los futuros
casales catalanes, proporcionados por Ramón Berenguer III, jefe militar de la
Cruzada Balear, al amanuense pisano, escritor del citado Liber Majolichinus, y
no al revés, proporcionado por el pisano al conde catalán, intitulado por el
mismo como Dux catalaniensis.
Unos sesenta años más tarde el conde
de Barcelona y rey de Aragón, Alfonso el Casto, nieto de Ramón Berenguer III,
declaró lo que en su día se llamaría como Catalonia/Catalania. Y por supuesto
no la confundió con Laketania. A veces los deseos de un país laketano desbordan
los límites de la razón.
COROLARIO.-8º Si
planteásemos la hipótesis de que Alfonso el Casto tuvo un lapsus, al declarar
Catelania en lugar de Laketania, evidenciaríamos una hipótesis absurda, por lo
tanto la anterior hipótesis, de un lapsus producido en el origen de la
información, en este caso en el Liber Majolichinus y en la segunda decena del
S.XII, se fundamenta en una suposición errónea, y por tanto falsable.
Respecto a
las etimologías defendidas por otros autores sobre la etimología de Catalunya,
estimamos que son además falsables: en cierto sentido la gótica porque el
corónimo no puede tener simultáneamente un origen godo y otro celta, debiendo
prevalecer el segundo sobre el primero por ser más antiguo y más probable; la
de Paul Aebischer fundamentada en Montcada, hipótesis insostenible; por
supuesto rechazamos la de Otger Cataló por fantasiosa; y de forma muy
fundamentada hemos podido falsar el origen de Catalunya como tierra de
castillos, la etimología más consensuada.
Lingüísticamente
son compatibles con la etimología de Catalaunia, la etimología
Goth-Alani>gothalani> cothalan> catalani, y del gentilicio plural se
llega a Catalania, variante de Catalaunia que figura en el Liber Majolichinus;
asimismo es lingüísticamente compatible katelanoi/kastelanoi>catelani /castelani
que darían lugar al corónimo de Catelania, que también figura en el citado
Liber.
Ambas etimologías, Catalania y
Catelania, respectivamente de raíces catalan- y catelan tienen una raíz próxima
a catalaun. De la raíz catalan-proceden catalanus y catalani, variantes
evolucionadas de catalaunus y catalauni.
Si bien dichas etimologías son
lingüísticamente compatibles con Catalaunia, deberían pasar también por los
tamices históricos y heurísticos, entre ellos la posibilidad de que esa
información hubiese podido llegar a los casales condales catalanes cuyos condes
tenían la patente de la conservación por tradición del corónimo Catalaunia y
del momento de su divulgación. Además cualquier etimología debemos suponer que
debiera ser compatible con la idiosincrasia de los mencionados condes. Creemos
que ninguna de ambas etimologías cumple con esas condiciones, por cuya razón no
profundizamos más en su estudio.
LXI Colofón:
Como colofón a este ensayo nos
plateamos una inquietud que nos deja perplejos motivada por el hecho de que en
la página de la Generalidad se diga que a mediados del S.XII se empieza a
utilizar el nombre de Cataluña, sin citar las fuente históricas en que se
fundamenta ese aserto, que precisamente son el Liber Majolichinus de 1117,
donde por primera vez se cita el corónimo de Catalaunia y sus variantes
Catalania y Catelania, y el documento de Paz y tregua decretado en 1173 por
Alfonso el Casto, donde aparece dicho corónimo como Catalonia, a partir de cuyo
corónimo se llega a la actual Catalunya que ya figura en el “Llibre dels Feyts”
de Jaime I en el S.XIII.
Toda vez que en las citadas fuentes
históricas figura Catalaunia como el nombre más antiguo de Catalunya debemos
entender que dicho nombre es en principio su etimología
Pero lo que nos produce asombro y nos
deja más perplejo es la afirmación que en el mismo párrafo de la citada página
se puede leer que el nombre de Cataluña es de etimología incierta, aunque
probablemente derivado de Tierra de Castillos.
Incomprensiblemente no se mencionan
ni las citadas fuentes históricas ni las historias de Ferrán Soldevila o de
Ferran Valls Taberner en las que figuran los primeros nombres de Cataluña.
Si falsásemos las dos únicas fuentes
históricas del origen de Cataluña y menospreciásemos sus mencionadas historias,
entonces nuestro trabajo quedaría invalidado. Pero que sepamos no se ha
producido ninguna de esas falsaciones por lo cual presentamos al público este
opúsculo, aunque sin embargo debemos manifestar nuestra extrañeza ante el
posicionamiento de la Generalitat de Catalunya en este apasionante tema.
La historia es una disciplina
fascinante por ser la historia de la humanidad con sus miserias y sus
grandezas, pero entraña no sólo un estudio objetivo histórico sobre la
veracidad objetiva de sus hechos sino que además debe entrañar una
interpretación heurística que razone y dé significado a la historia
El presente ensayo ha exigido una
buena dosis de imaginación para interpretar los hechos históricos y
lingüísticos, profundamente enraizados, y luego sometidos a una razonable
crítica para finalmente exponer las hipótesis más probables pero en ningún caso
verificables. Sin embargo tenemos conciencia de haber encontrado suficientes
indicios y vestigios para fundamentar unas razonadas hipótesis.
Dentro de la lógicamente subjetiva interpretación
de los hechos históricos y de las relaciones lingüísticas, hemos puesto el máximo
empeño en ser objetivos, huyendo de influencias políticas que pueden
tergiversar los hechos históricos y lingüísticos; creemos que lo hemos
conseguido
Pedimos disculpas por los posibles
errores o lapsus en los que hayamos podido incurrir, y en todo caso si no hemos
llegado a explicar alguna hipótesis con el detalle y precisión que hubiésemos
querido.
LXII.- Traducción de la Portada
Quaerite
veritatem et illa inveniet, igitur veritas filia temporis est et praetereā veritatis simplex oratio est.
Buscad la verdad y la encontrareis,
pues la verdad es hija del tiempo, y además la exposición oral de la verdad es
sencilla. (Traducción literal).
Otras traducciones libres: Buscad la
verdad y la encontrareis, pues su lenguaje es muy sencillo y sólo es cuestión de
tiempo el encontrarla, o dicho de otra forma: La hipótesis cuya explicación es
la más sencilla tiene la mayor probabilidad de ser la verdadera y la más
contrastable y fácil de determinar.
Frases que podríamos completar
diciendo: La explicación más sencilla, mejor explicada y con más detalle, es
decir aquella cuyo lenguaje es breve, conciso y preciso, es la que respecto a
otras explicaciones tiene la mayor probabilidad de ser la verdadera.
Con el tiempo se puede, si se busca,
alcanzar la verdad, y por otra parte el tiempo rectifica el error y la hace
resplandecer, a no ser que un ciego guíe a otro ciego, pues entonces ambos
caerán en la poza del error y pueden perseverar con contumacia en él, aunque
finalmente la verdad suele resplandecer.
La anterior composición de máximas
latinas nos recuerda el principio de la Navaja de Ockham, varias veces
reiterada en este Ensayo, por el cual la hipótesis más sencilla es la más
probable y por tanto la más probable de ser contrastada en el decurso del
tiempo, precisamente por ser la más sencilla.
Para dicha composición nos hemos inspirado
en las siguientes máximas latinas:
Qaerite et invenietis= Buscad y encontrareis
(la verdad). (Evangelistas San Mateo y San Lucas).
Veritatis simplex oratio est=La
exposición oral de la verdad es sencilla. Sentencia de Eurípides (Seneca).
Veritas filia temporis=La verdad es
hija del tiempo, o también se podría traducir libremente por “El tiempo es el
Padre de la Verdad porque el error no puede persistir largo tiempo.”. (Noctes
Atticae, de Aulus Gellius).

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