OTROS ENSAYOS HISTÓRICOS Y LINGÜÍSTICOS RELACIONADOS CON LOS DOS ENSAYOS ANTERIORES.


OTROS ENSAYOS HISTÓRICOS Y LINGÜÍSTICOS RELACIONADOS CON LOS DOS ENSAYOS ANTERIORES.

I.-Las Crónicas pisanas del Liber Majolichinus: A).-Primera fuente histórica de Cataluña. B).- Códices conservados de dicho Liber. C)- Algunas disquisiciones sobre el “Liber Maiolichinus” y su supuesto conocimiento por los Condes de Barcelona. D).-Aparente silenciamiento de dichas crónicas en el condado barcelonés. E).-Preguntas a hacernos sobre la oportunidad del momento de la declaración sobre una futura Catalonia. F). Oportunidad del momento de la declaración de una futura Catalonia. G).-Malograda unión de la Corona de Aragón con los condados y Señoríos de la Occitania oriental, incluida la Provenza. H).-Resultado de esa aspiración territorial malograda de la Corona de Aragón. I).- Escasa valoración actual por los historiadores del citado Liber Majolichinus, como principal fuente histórica de la etimología de Cataluña.

A).-La primera fuente histórica escrita en que se cita a Cataluña en su primitiva forma de Catalaunia es en unas Crónicas pisanas escritas antes del año 1120, referentes a una Cruzada pisano-catalana contra el reino taifa de Mallorca en los años 1113 y 1114; dichas Crónicas están relatadas en un libro escrito en latín y conocido abreviadamente como el Liber Majorichinus, Majolichinus o Maiolichinus.
Es muy importante para la historia de Cataluña, o mejor dicho para sus antecedentes, ya que Cataluña todavía no existía en esa época, pero la aparición del corónimo presagiaba que estaba a punto de nacer, como efectivamente ocurrió unos cincuenta años más tarde, cuando Alfonso el Casto determinó las tierras que en un futuro serían llamadas Catalonia, una forma evolucionada de Catalaunia.
No sólo es importante históricamente el citado corónimo como el primer nombre de Cataluña, sino que por tal razón es en principio la etimología de su nombre actual, mientras no aparezca un étimo más antiguo con el mismo lexema “catalaun”, ya que una raíz distinta no es gramaticalmente posible para deducir Catalaunia.
B) .- Códices conservados: La primera vez que aparecieron los étimos “català y Catalunya”, aunque no bajo esas formas, sino en las originaria y  en latín (Catalaunia y catalaunicus), fue en las citadas crónicas pisanas, escritas entre los años 1115 y 1120 sobre una cruzada contra la piratería sarracena y contra el emir Mubasir de las islas orientales del Alandalus (al-jair al-sharqiya li-l-Andalus=islas Baleares), autorizada por el Papa Pascual y liderada por el arzobispo de Pisa Pedro II y por el Conde de Barcelona Ramón Berenguer III, quien, como jefe militar,  pactó con los pisanos la organización y planes para dicha Cruzada en “Portus Sancti Felicis Guixalensis” el 7/9/1114, asistiendo también al pacto el obispo de Gerona (Dicho puerto se refiere al de la actual localidad gerundense de San Feliu de Guixols.).
Se narran los hechos de dichas crónicas en el Liber maiolichinus de gestis pisanorum illustribus. (Libro mallorquín sobre las gestas importantes de los pisanos).
Dichas crónicas están escritas en un tosco y defectuoso latín medieval, si bien con brioso estilo, al parecer por un clérigo llamado Enricus Pisanus. Las crónicas se componen de 3521 hemistiquios de una o dos líneas.
El Liber, Maiolichinus fue escrito durante los años que siguieron a la guerra balear; probablemente entre 1115 y 1120; quizás en 1117, pero hasta el siglo XVII no lo dieron a conocer los estudiosos. Apareció en Italia y fue un erudito  eclesiástico,  Viviani,  quien  halló una copia  del  poema  y  la dio  a  conocer  a Ughelli,  quien,  a su  vez, la publicó en su Italia Sacra (X, págs. 127 y siguientes). Sucesivamente, el susodicho texto ughelliano fue recogido por Muratori en su libro “Rerum italicarum”.
Existen diversas copias del poema balear, transcritas en diversos momentos, con más o menos variantes que se pueden atribuir a los amanuenses. Además del códice de Viviani, que no se ha vuelto a encontrar, se conocen otros tres códices, conocidos con las denominaciones de “rediano”, “británico” y ”roncionano”.
El rediano  o “laurenziano”,  aparentemente  de  Francesco  de  Redi,  se conserva en la  Biblioteca  Mediceo-Laurenziana  de  Florencia y habló por vez primera de él Davidsohn en las “Forschungen zur Alteren Geschichte von Florenz”- 1896. (La investigación sobre la historia antigua de Florencia-1896)
 El códice británico se halla en el Museo Británico de Londres, Hebert lo compró en 1836 y Ludwig Bethmann dio noticias de dicho códice en 1872.  
Tanto el texto rediano como el británico resultan casi idénticos al códice de Viviani, publicado antes por Ughelli, y después por Murati y Migne.
Calisse llegó a sostener, si no, con certeza absoluta pero sí con la máxima probabilidad, que el manuscrito o la copia que Viviani pasó a Ughelli era el mismo texto que el del códice rediano o laurenziano.
El códice roncionano o pisano fue el último en salir a la luz y conocerse públicamente. Pertenecía a una noble  familia pisana,  la  de  los  Rosselmini, de la cual uno  de  sus miembros lo cedió en 1950  al  canónigo  Raffaello  Roncioni.
Este  investigador  y  erudito canónigo parafraseó dicho codicilo  en  lengua  vulgar  para  enriquecer sus Historias­ Pisanas,  en  las  que  escribió  sobre dicho poema épico, atribuyendo la paternidad del mismo a Enrice, capellán  del  arzobispo  Pietro  Moriconi.
En  1844,  Bonoini, en  su  prefacio  a  la  obra  histórica  de  Roncioni dio noticia del códice pisano con sucinta y exacta descripción. Desde entonces, el poema pasó a ser propiedad de la familia Roncioni y tan sólo a comienzos de este siglo, tras un primer examen de Amari, Calisse lo estudió durante mucho tiempo, lo transcribió y lo publicó en 1904, para   el  “Istituto Storico Italiano”.
                          Nosotros respecto a los comentarios sobre ese libro nos hemos documentado en el estudio de Gino Benvenuti y en relación con el propio texto del Liber, Majolichinus, con el texto latino proporcionado por la Universidad de Pisa.
C.- Algunas disquisiciones sobre el “Liber Maiolichinus” y su supuesto conocimiento por los Condes de Barcelona: Una vez aparecidos los tres citados códices en Italia, fueron todos ellos estudiados por historiadores especialistas en diplomática y documentos antiguos, autenticándolos en relación con la época en que fue escrito dicho Liber.
Si las citadas crónicas pisanas terminaron de escribirse hacia 1117, Alfonso II dio a conocer el corónimo con la grafía de Catalonia unos 56 años más tarde de terminarse de escribir dichas crónicas, las que lógicamente debieron conocer su abuelo Ramón Berenguer III y su padre Ramón Berenguer IV, o quizás no las conociesen por algún motivo determinado, y pudiera ocurrir que los pisanos no tuvieran la atención de enviar una copia del códice original, lo cual sería muy extraño.
Ramón Berenguer III, lógicamente tuvo que conocer esas crónicas de las que era coprotagonista muy importante, y si bien el objetivo primordial de esas crónicas era el relatar las gestas importantes de los pisanos, dicho Conde tuvo un papel relevante en esa Cruzada, según el citado Liber, que no se puede soslayar.
Pudieran haberse divulgado esas crónicas en el condado barcelonés, pero al parecer ello no ocurrió o de ocurrir y haber llegado alguna copia al condado de Barcelona, esa quedó encerrada en algún sitio con cuatro candados y luego presumiblemente se perdió.  
En cualquier caso, al parecer, no debieron divulgarse dichas crónicas. Esas dudas que expresamos nos llevan de momento a una reflexión sin respuesta, ya que ni siquiera los cronistas catalanes las mencionan.
Sin embargo el conocimiento por los citados condes de los étimos catalanes que querían institucionalizar es incuestionable por indubitable.
Dichos étimos son los mismos que previamente se escribieron y aparecieron varias veces en las crónicas pisanas, y son el corónimo Catalaunia con dos variantes (Catalania y Catelania) más y los gentilicios catalaunicus y catalaniensis.
Alfonso II sólo citó el corónimo Catalonia en su Decreto de Paz y Tregua, pero debido a la rigidez de la gramática latina, de cualquier étimo determinado se deducen los demás étimos relacionados. Por dicha razón decimos que Alfonso II validó los étimos catalanes aparecidos en las crónicas pisanas. 
En cualquier caso las crónicas eran pisanas y respondían a los intereses pisanos de combatir la piratería en el Mediterráneo occidental, de las que estos eran sus principales víctimas, y querían liberar a los presos cautivos de los sarracenos, y al mismo tiempo ensalzar las gestas relevantes de los pisanos.
 Narraban unos hechos en los que los condes catalanes y occitanos tenían un papel relevante que no podía obviar el escritor, y los presentaba como héroes; en cuanto a los étimos catalanes eran aspectos marginales en relación con el interés pisano, pero no para el catalán.
Era muy probable que el cronista se preguntase que gentilicio debía aplicarse a las tropas catalanas y occitanas, y si las podía llamar a todas “franci” o el conjunto de los condados de la Marca tenía un propio gentilicio común, o bien sólo se aplicaban los varios gentilicios condales. Podría preguntarse además si la Marca Hispánica tendría un propio corónimo, estando la mayoría de los condados reunidos bajo un solo cetro y observando su prácticamente independiente política con respecto al Rey de Francia.   
Sólo los condes de la Marca podían contestar a dicha pregunta, y antes que nadie Ramón Berenguer III, quien al parecer pudo decir que eran catalaunici como súbditos genéricos de todos los condados de la Marca hispánica, a cuyo conjunto de condados le dio el nombre de Catalaunia con el gentilicio de catalaunicus, apareciendo dichos términos en el citado Liber Majorichinus.                         
Vimos que en la grafía Catalonia, del Decreto de Paz y Tregua de Alfonso el Casto, el diptongo “au” se transformó en la vocal “o” y de esa grafía se dedujo el gentilicio “catalanus”, más eufónico que un supuesto *catalonus, en consonancia con el gentilicio adjetival catalaunicus. Catalanus, no citado en dicho Liber Majolichinus, se deriva de catalaunicus y se transformará primero en “catalán” y luego en “català”.
En la gestación o trama de dichos étimos tuvo forzosamente que existir una colaboración pisana con el Conde de Barcelona, cuyo cronista del “Liber Majolichinus” (una forma de escribirse) escribió sobre las gestas importantes de los pisanos y los héroes catalanes, probablemente en el 1117. En dicho año, el soberano del Condado de Barcelona era Ramón Berenguer III (1082- 1131), quien en el momento supuesto de publicarse la citada crónica tendría unos 35 años. El mencionado conde y el citado cronista debieron estar en contacto por lo menos unos dos años, el tiempo que duró la cruzada baleárica.
Intentamos explicar lo que aparentemente parece una contradicción consistente en que en el año de 1113, cuando comenzó la Cruzada balear, el cronista pisano ya conocía los citados étimos catalanes, cuando quienes, siendo condes catalanes, no reconocían todavía oficialmente esa condición de su catalanidad, pero tal oxímoron no debió de existir porque seguramente o al menos oficiosamente ya conocían dicha condición de su identidad.
No puede existir ninguna duda en cuanto a que los étimos en relación con Cataluña, gentilicios y corónimo, se los proporcionaron o facilitaron al amanuense o escritor de las crónicas pisanas, quienes todavía no se identificaban oficialmente con dichos étimos, pero sí deseaban que se perpetuasen en un futuro próximo. Nos referimos al conde Ramón Berenguer III a quien el amanuense lo citaba en el Liber como heroe catalaunicus.
D.- Aparente silenciamiento de dichas crónicas en el condado barcelonés.
Las crónicas pisanas narran las heroicidades de los condes “catalanes”, Ramón Berenguer III y Hug II de Ampurias y cita unos étimos catalanes, oficialmente inexistentes cuando se escribieron dichas crónicas.
Ni Ramón Berenguer III ni su hijo Ramón Berenguer IV, llegaron a morir reconociéndose oficialmente como catalanes, sólo el hijo del último Alfonso II llegó a citar unas tierras que en su día llegarían a formar parte de lo que en un futuro iba a conocerse como Cataluña, pero no explicó el por qué de esa futurible circunstancia y por qué tuvo que silenciar su supuesto y lógico conocimiento de las citadas crónicas. No queda tampoco constancia de haberlas citado ningún conde anterior.
Todo ello puede dar a entender que dichos Condes quisieron tratar con mucho sigilo la información que proporcionaron al amanuense de esas crónicas.
Al ocultarse, perderse o no haber llegado al Condado de Barcelona una supuesta copia del Códice original, no pudo haberse dado en el citado condado una difusión del mismo, o en caso de haber llegado una copia, su difusión tuvo que ser muy limitada, confidencial y con cierto halo mágico.
 En el caso improbable de que apareciese en Cataluña una copia del codicilo, los étimos catalanes del mismo serían exónimos y quedarían por tal razón autentificados por mostrar que no eran endónimos manipulados.
En Italia aparecieron tres copias seis siglos después de haberse escrito el códice original, que está tan prolijamente detallado que no ofrece duda su autenticidad. 
E.-Preguntas a hacernos sobre los “étimos” catalanes del códice pisano
Llegado a estas conclusiones, nos cabe a continuación preguntarnos:
1ª ¿Por qué existe ese halo de misterio sobre dichas crónicas pisanas que al parecer se perdieron u olvidaron en la época del Condado de Barcelona y también luego durante el largo periodo de la Corona de Aragón?  
2ª ¿Por qué la declaración del corónimo sobre Cataluña en 1177 se produjo tan tarde, de forma imprevista, al parecer, y de una forma poco formal, aprovechando un Decreto de Paz y Tregua, cuando ya se conocía probablemente el nombre de dicho corónimo uno o dos siglos antes de dicha declaración?
3º ¿Por qué aparecieron esos étimos precisamente en esa época y en esas crónicas?
4º ¿Por qué razón y por quien fueron elegidos esos étimos catalanes para transmitirlos a los pisanos en un momento determinado?
5ª: ¿Por qué no se ha explotado todavía adecuadamente hasta el presente esa información etimológica, que hubiese debido desplazar al olvido a todas las teorías sobre el origen de “Cataluña”, fundamentadas en la única fuente fiable histórica, que por otra parte no ha sido todavía debidamente valorada, pero tampoco cuestionada?
Respecto a la 1ª pregunta formulada ya hicimos algunas especulaciones sin respuesta, sobre el hecho de la posible falta de divulgación del Liber Majolichinus y/o pérdida del mismo, en el supuesto de que hubiese llegado una copia del códice al condado de Barcelona, lo que pudiera no haber ocurrido. La respuesta a la anterior pregunta está relacionada con la respuesta a la 5ª pregunta y la contestaremos más adelante para continuar preguntándonos el porqué de esa incomprensible poca valoración por parte de los historiadores de la única fuente escrita sobre el nombre del territorio que luego se llamaría Catalunya.
Las repuestas a las preguntas 2ª, 3ª y 4ª las contestaremos a continuación en un solo argumentario exponiendo una posible y probable hipótesis en relación con el temario de las preguntas.
Para resolver esas incógnitas se precisaría de una luz clarificadora que nos haga parar mientes en las dudas que nos dificulta ver la más probable realidad de lo que estamos exponiendo.
Esas dudas las dejamos escritas para el lector y continuamos con el argumentario de una posible hipótesis sobre el supuesto silenciamiento de dichas crónicas con sus étimos catalanes en los condados de la Marca Hispánica.
F).-Oportunidad del momento de la declaración sobre una futura Catalonia. Los condes de Barcelona debían actuar con mucha prudencia y reserva, en unos momentos en que ya pergeñaban su unión con el reino de Aragón, eran soberanos de condados, señoríos, plazas y castillos del Languedoc, y habían adquirido recientemente el condado de Provenza, mediante el matrimonio de Ramón Berenguer III con Dulce de Provenza.
El resto de Occitania, excepto Aquitania y Guyena, era un conjunto de estados feudatarios, incluído el condado de Tolosa, de Alfonso II, rey de Aragón y conde de Barcelona. Ese fue el momento culminante o estelar de la expansión de la Corona de Aragón en Occitania, zona de cultura galo-Hispánica pero en cualquier caso no galo-fráncica
En cuanto al extenso tiempo transcurrido desde la creación del citado corónimo hasta su declaración oficial en 1177 por Alfonso II, indica que probablemente los condes de Barcelona lo habían conservado y transmitido de un conde a otro reservadamente, sin divulgación alguna, quizás a partir de Borrell II.
Su comunicación al amanuense pisano fue una excepción. Extraña que no se hayan celebrado debidamente por el pueblo las heroicidades de los condes de Barcelona y de Ampurias, pero ello hubiera exigido la divulgación del Liber Majolichinus, que como hemos dicho parece que no se divulgó, quizás porque no interesase el divulgarlo.
Probablemente se consideró oportuno el hacerlo durante el esplendoroso reinado de Alfonso II, en que se había logrado la mayor extensión territorial de la soberanía de la Corona aragonesa y todos los estados languedocianos y la Provenza, se consideraban feudatarios de dicho rey, en cuanto era también Conde de Barcelona.
Esa posición de soberanía de sus propios territorios, de Autoridad sobre sus feudos de toda la Occitania oriental y de alianza con la Occitania occidental, ocupada por los ingleses en guerra con los franceses, proporcionaba a Alfonso el Casto una fuerte posición política y militar frente a Francia.
Fortaleza política que le permitiría declarar que los condados de la antigua frontera o “marca franca” con la antigua Hispania, incluyendo el recién heredado Condado del Rosellón y los Marquesados de Lérida y Tortosa, arrebatados a los sarracenos por Ramón Berenguer IV, en un futuro se integrarían en un territorio que se llamaría Catalonia.
(Se conoció la citada frontera como Marca Hispánica cuando Petrus de Marca escribió en el S.XVII un libro en latín, llamado Marca Hispanica, encargado por Luis XIII para poder reivindicar a España en el Tratado de los Pirineos las comarcas de la Alta Cerdaña, Conflent, Alto Capcir, el Roselló y el Vallespir).         
 Para llegar a ese momento de la integración catalana, fue necesaria la concurrencia de unas oportunas circunstancias muy favorables a la Corona de Aragón y una previa política de alianzas y enlaces familiares entre el Condado de Barcelona, el Reino de Aragón y los señoríos, plazas y castillos del Languedoc y el condado de Provenza, éstos últimos pertenecientes o feudos del Conde de Barcelona; la Corona de Aragón recibió posteriormente la herencia del Condado del Roselló.
(No contaban para ese momento, de finales del S.XII y principio del S.XIII, los condados que se anexionaron a la corona de Aragón posteriormente como los condados del Pallars, Jussà y Sobirà, el condado de Ampurias y el condado de Urgell, último condado en unirse a la corona de Aragón.)
Ramón Berenguer III, el Grande, inició una política de enlaces y alianzas, Ramón Berenguer IV afianzó esa política uniendo el Condado de Barcelona al Reino de Aragón, y reconquistó los reinos taifas de Lérida y Tortosa.
Con su hijo Alfonso el Casto, primer monarca de la Corona de Aragón se alcanzó la máxima extensión catalano-aragonesa y cuando dicho monarca Alfonso II anunció el territorio que en un futuro sería Cataluña, dicha declaración fue muy bien recibida en todo el Languedoc. Y varias plazas y ciudades languedocianas manifestaron su deseo de ser catalanas y unidas al mencionado territorio que iba desde Salses a Lérida y Tortosa.
Probablemente durante el reinado de Alfonso II y después de la anexión del Rosellón a la Corona de Aragón, se consideró el momento oportuno para determinar el territorio que un día sería llamado Catalonia, sin precisar cuando, y así efectivamente el mencionado rey hizo su prudente declaración sobre una futurible Catalonia.
Todos los condados de la franca “Marca Hispánica” siguieron siendo, durante todo el S. XII y principios del S. XIII, formalmente feudatarios de los reyes de Francia, a cuyo derecho feudal no habían renunciado, aunque prácticamente dichos condados eran políticamente independientes.
Y siendo dichos condados, personal e individualmente feudatarios del rey de Francia, no podían los condes de Barcelona alterar el estatus o el nombre de dichos condados o del conjunto de los mismos sin autorización del rey de Francia, ni tampoco fundar marquesados o principados, sin violar el derecho feudal y canónico que habían heredado los reyes franceses del Sacro Imperio Romano Germánico y luego de los reyes francos.
Esa circunstancia del derecho feudal aconsejaba actuar con prudencia a los condes de Barcelona, y luego a los reyes de la Corona de Aragón, respecto a la estructura política y jurídica de la franca Marca hispánica , respecto a modificarla o a cambiarla de nombre.
Gothia fue desde su fundación una unidad política y administrativa, primero un marquesado, gobernada por margraves francos y luego un ducado con el franco duque Bernardo de Gothia, cuya misión, encargada por Ludovico Pío, fue contener el poderío de Berenguer de Tolosa, conde de Barcelona, Gerona, Ampurias y Tolosa, y consejero de Pipino I de Aquitania.
Al contrario de Gothia, la Marca hispánica no fue fundada como una unidad política y administrativa y sus condados eran feudatarios directos del rey francés o a través de un mandatario del rey, como el duque de Gothia para limitar su poderío, es decir dicha Marca hispánica nació desvertebrada y sin conexión política entre sus condados.
Sin embargo todos esos condados, a través del tiempo, mediante alianzas familiares o vasallajes, acabaron reunidos la mayoría bajo el solio soberano del Conde de Barcelona o bajo su órbita feudataria.
En cualquier caso se puede pensar que los condes de Barcelona procurasen evitar contrariar o soliviantar a los reyes de Francia mediante acciones innecesarias, acudiendo a veces a subterfugios, como cuando Ramón Berenguer IV conquistó las tierras andalusíes de Lérida y Tortuixa como Princeps d’Aragón, y fundó los marquesados de Lérida y Tortosa, asignándolos al reino de Aragón, evitando así enfeudarlos al rey de Francia.
En el S.XII Francia se encontraba muy debilitada por la guerra contra los ingleses y contra el Imperio germánico, además al separarse el Rey Luis VII de Leonor de Aquitania, Duquesa de Aquitania y Guyena, y condesa de Gascuña, y casarse dicha ex reina consorte de Francia con Enrique II Plantagênet, rey de Inglaterra, duque de Normandía, conde de Anjou, conde de Maine, conde de Nantes y señor de Irlanda, pasó a ser reina consorte de Inglaterra, uniendo sus posesiones al reino de Inglaterra.
Con dicha última unión las posesiones del Rey Enrique II de Inglaterra en Francia eran ocho veces mayores que las posesiones realmente en poder de Luis VII; Enrique Plantagênet era vasallo del rey francés, en cuanto se refiere a sus posesiones francesas, lo que por otra parte no le impedía luchar contra el rey francés, pero en otros aspectos procuraba cumplir con las formalidades feudales.
Además Luis VII no sólo estaba acosado por enemigos del exterior sino también contestado por el feudo del poderoso Duque de Borgoña, en tanto que los feudos del mediodía francés se habían desligado, de hecho, de su vasallaje al rey capeto, al igual que los condados de la Marca lo habían hecho antes, y se encontraban como feudatarios de hecho bajo la órbita y protección de la Corona de Aragón.
Respecto al vasallaje de los condes de la Corona de Aragón, en cuanto eran también condes de los condados de la franca Marca hispánica, eran formalmente feudatarios de los reyes capetos y su posicionamiento en relación a los mismos era similar al de los reyes ingleses respecto a los reyes franceses.       
Enrique II, Plantagênet, rey angevino de Inglaterra y duque consorte de Aquitania, por su matrimonio con Leonor de Aquitania, era el padrino y aliado de Alfonso II.
La posición de Alfonso II en Occitania era muy fuerte, acrecentada además por ser ahijado de Enrique Plantagênet, enfrentado a los franceses, sin embargo ya se cernía sobre esa zona occitana, durante su reinado, la amenaza de la herejía albigense, de imprevisibles resultados.
A Alfonso el Casto, al igual que sus inmediatos antecesores, había que tildarlo de prudente y sabio en la construcción de una gran Occitania, labor llevada a cabo por todos ellos, y ya sólo cabía que sus sucesores llevasen a buen término y afianzasen tan magna empresa. Había llegado el momento oportuno de acometer la empresa de desligar esa gran Occitania de ser feudataria de los reyes franceses.
 G).-La malograda unión de la Corona de Aragón con los condados y señoríos occitanos. Desgraciadamente esas expectativas de la gran Corona de Aragón se truncaron debido a los problemas políticos y religiosos ocasionados por la herejía albigense extendida por todo el Languedoc que llevó a una guerra abierta entre Simón de Montfort, jefe de los cruzados, nombrado por el Papa Urbano II, y Pedro II de Aragón, hijo de Alfonso el Casto, quien se vio obligado a acudir en defensa del Conde Raimundo de Tolosa, feudatario suyo, en Muret en cuyo lugar fue vencido en el año 1213 por el anglo francés al servicio de Francia y jefe de los cruzados Simón de Montfort. 
La derrota de Pedro II en la Batalla de Muret llevó al traste las ambiciones de la citada Corona de crear un estado hispano-occitano.
Finalmente las tierras languedocianas y provenzales, mediante alianzas familiares con miembros de la Casa capeta entraron en el ámbito francés para últimamente incorporarse al reino de Francia por el tratado de Corbeil en 1253.
En ese momento reinaba en Francia Felipe Augusto, uno de los monarcas más admirados y estudiados de la Francia medieval, no sólo en razón a su largo reinado, sino también por sus importantes victorias militares y, sobre todo, por el desarrollo de los proyectos llevados a cabo para asegurar el poder real frente a los grandes señores feudales, que antes orbitaban en la Corona de Aragón. Ni siquiera participó en la Cruzada albigense, se encontraba luchando contra Juan sin Tierra y contra el Emperador Otón del Imperio Germánico, a quienes venció. Todo el Languedoc y la Provenza le fueron servidos luego en bandeja al rey francés Felipe Augusto.
H).-Resultados finales. Una vez rotos los lazos feudatarios de Cataluña con Francia en el tratado de Corbeil, Jaime I de Aragón, fundó el germen de un futuro Principado de Cataluña, y transfirió los citados marquesados de Lérida y Tortosa al nuevo principado catalán. Inició las expansiones, peninsular y Mediterránea, conquistando el reino taifa de Mallorca y el de Valencia, ocupando la parte norte del Reino de Murcia (prov. de la actual Alicante), llegando a conquistar la plaza de Caravaca, cedida a Castilla por el Tratado de Almizra. Selló la alianza con su suegro Alfonso X, el Sabio, de Castilla.
Como contrapartida de la derrota de Muret y la paz de Corbeil, el Rosellón y los condados cismontanos de la antigua Marca hispánica, dejaron de ser feudatarios del rey de Francia, bajo el amparo de la Corona de Aragón y de su Rey y Conde Jaime I.
Posteriormente la Corona de Aragón se expandió con Jaime I por las Baleares y el reino de Valencia y con Pedro III, el Grande, por Nápoles, Cerdeña, Sicilia y ducado de Neopatria en Grecia.
I).- Incomprensible poca valoración por parte de los historiadores de la única fuente escrita sobre la etimología de Catalunya. Este tema ya lo tratamos y discutimos en el primer ensayo sobre la Etimología del coronimo de Cataluña. Entendemos que el Liber Majolichinus no se ha analizado debidamente ni tampoco traducido al catalán.
En cuanto a sus deducidos étimos Catelania (Catalaunia) y catelani (catalauni), no asumimos la teoría de Corominas que procedan respectivamente de Laketania y laketani, mediante una doble metátesis, silábica y vocálica de dichos étimos ibéricos; ni tampoco asumimos que el citado Liber se haya podido escribir o reescribir varios siglos después del tiempo de la Cruzada baleárica con el error de las dobles metátesis mencionadas, y que luego una persona culta, cuyo nombre no se cita, haya apreciado esas metátesis y las haya comunicado a alguien que se desconoce. Demasiadas supuestas coincidencias que hacen que esa supuesta teoría sea posible, pero en términos de probabilidad muy improbable.
Tampoco asumimos la moderna etimología, por improbable, de que Cataluña proceda de Castelania, es decir tierra de castillos, procedente del supuesto fráncico *castelani que en francés seria châtelain.
Sería muy difícil probar que Catalaunia, o Catalonia, que llevan directamente a Catalunia y a Catalunya, procedan de Castelania, donde se añade una “s” que luego desaparece.
El lexema de la familia de palabras de la etimología “Catalaunia” de Catalunya es “catalaun”; y de la misma Catalunia o Cataluña su lexema es “catalun”, de donde, en latín “cataluni” significaría catalanes y “Catalunia”> Cataluña, tierra de catalanes. En cuyos lexemas no aparece ninguna “s”, la cual debe considerarse etimológicamente espuria. 

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